Reflexiones, Textos para orar

La gracia de la fe

Ante la petición de los apóstoles – dicha en imperativo – «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5), me llama la atención la respuesta de Jesús.

Él va de la «obediencia del milagro», de algo extraordinario que afecta a algo externo y ocurre por la fe, a la actitud de cómo vivir la vida gracias a la fe. Ayuda a ver «pequeños milagros», donde para otras personas sólo son casualidades. Da momentos de paz en medio del dolor; esperanza, en el sufrimiento; la gracia de hacer de lo cotidiano algo extraordinario; aliento y sentido a la vida.

La verdadera fe lleva al servicio desde el verdadero amor, el de darnos sin esperar nada a cambio. Que hace vivir como «siervos inútiles», como siervos que hacemos lo que sentimos que debemos hacer, pero un deber que nos sale desde dentro, desde nuestra fe, desde nuestra llamada como gente cristiana, de orar con la Palabra y de ver la realidad por la cual Dios también habla y compromete.

No es algo que se impone ni se compra, sino que es una gracia, que no sé si somos del todo conscientes de eso.

Gracias Señor, por la fe que das, la fe que orienta y da sentido a cada día. A veces te pediría como los apóstoles, que me aumentases la fe, pero sé que en los peores momentos de mi vida has estado tú presente de diferentes maneras. ¡Lo reconozco! Entonces, ¿qué más pedirte? Que me ayudes a alimentar y mantener la fe.

Textos para orar

Señor, Padre Misericordioso

Leyendo oraciones de otros momentos que sigo viviendo hoy:

Señor, sé que tú me miras con cariño, aunque yo esté todavía lejos.

Se te mueven tus entrañas al ver mi ropa rota… al verme rota por dentro.

Corres hacia mí para que yo llegue lo antes posible a tu encuentro y quitarme un peso de encima. Porque muchas veces, los últimos pasos para llegar a estar contigo son los que más me pesan, aunque haya preparado alguna frase para pedirte perdón y romper el silencio frío que había tenido contigo.

Más tú sin esperar a que te diga nada, me abrazas y me besas reflejando tu amor, haciéndome palpitar el corazón bien fuerte, llenándome de alegría y de esperanza.

Gracias, Señor, por impedirme hablar en este momento, por dejarme abrazarte, por sentir tu misericordia, tu paz, tu amor… desde dentro.

Textos para orar

Necesito esa invitación

Señor, contigo necesito esa invitación, ese encuentro,
pero reconozco que en momentos
yo misma lo rechazo, invitando a los demás,
-que también es necesario-
y olvidando que preciso de una mesa,
con poca y sencilla variedad de comida
pero con un intenso encuentro, de tú a tú,
bien directo…
pues ese es el mejor alimento.

Necesito esa invitación para reconocer mi pobreza
y la gracia que a la vez es, al crear dependencia,
comunidad, corresponsabilidad,
amistad pura que alimenta.

Necesito esa invitación porque soy lisiada.
Ante las dificultades, el miedo me paraliza,
mis manos se “congelan”,
y necesito calor que me anime,
que me mueva.

Necesito esa invitación para aliviar mi cojera,
mis tropezones y caídas de algunos días,
que me paran o me hacen caminar
con excesiva cautela.

Necesito esa invitación para quitar mi ceguera
cuando me niego a ver esperanza,
amor, vida… a pesar de la guerra…
Tanta gente humilde que comparte lo que tiene
sin condiciones y hasta con miseria.
También hay gente compasiva,
por favor, que no me olvide de ella.

Señor, que sepa invitar y ser invitada,
escuchar y ser escuchada,
y todo sin condiciones,
desde tu amor, desde tu gracia.

Reflexiones, Textos para orar

Invítame

El texto de Mt 20, 1-16 nos habla de jornaleros., y me llama la atención que sólo los primeros son los que se fueron a trabajar sabiendo lo que iban a cobrar… y los que reclamaron cobrar más de lo acordado, siendo conscientes del trabajo duro de la viña a pleno sol. Los demás -no sólo los últimos, sino también los del medio día y media tarde- trabajaron con la confianza de cobrar lo debido o, sin saber ni si iba a ser así pues, a los últimos sólo les dijo que fueran; no les comentó nada del salario.

En este caso, es verdad que Dios es protagonista por su generosidad y su justicia, que no es como la nuestra. Lo que admiro también es la confianza de los trabajadores. ¿Lo debido para el dueño iba a ser lo debido que creían ellos? Lo cierto es que no preguntaron y se confiaron.

Me vienen a la mente «trabajos» que en realidad son compromisos en la parroquia o en otros proyectos que, en realidad no voy por conseguir un salario, sino que lo hago voluntariamente. A pesar de eso, puedo colaborar con una segunda intención un poco inconsciente o escondida, que me haga actuar en momentos exigiendo reconocimiento, mérito, poder… por llevar más tiempo ayudando o por algún otro motivo.

Pero lo que verdaderamente me debe impulsar al trabajo en su viña, es que me dará lo que necesite y Él es el que mejor sabe lo que necesito. Además siento que no es trabajar para conseguir un «salario», para conseguir algo, sino trabajar en lo que Él quiere y ve necesario, es trabajar con Él, confiando en Él. A veces el trabajo será duro, a pleno sol todo el día y otras será leve, la última hora del día. Mas es estar atenta y disponible cada día para responder su llamada.

Mi oración hoy es la canción Invítanos de Ain Karem:

SEÑOR, SAL AL CAMINO
E INVÍTANOS, DE NUEVO,
A TRABAJAR EN TU VIÑA.
NO IMPORTA A QUÉ HORA,
NO IMPORTA A QUÉ PRECIO,
NUESTRA PAGA ERES TÚ Y TU REINO.

Reflexiones, Textos para orar

El alegre Reino

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo». (Mt 13, 44)

No sé si hay mucha explicación… para mí, no.

Lo que me lleva a cabo esta frase es recordarme y hacerme más consciente de esa alegría interior al ir creando y viviendo el Reino de los Cielos, el Reino del Amor de Dios y de todo lo que implica, dentro de mis posibilidades.

Eso no quiere decir que en momentos no haya dificultades, no haya tristeza. Pero la esperanza y la alegría por vivir y crear ese Reino que Dios quiere entre nosotros supera todo lo demás.

Concluyo con una canción bien alegre de Pablo Martinez que dice:
Y si amamos el Reino de Dios se hace más grande.
Y si amamos el Reino por todos lados se expande.
Y si amamos el Reino de Dios ya está aquí.

Textos para orar

Salmo 71 actualizado

Señor,
los fallos, las tendencias de nuestros padres… las nuestras
en momentos nos las queremos recordar,
se nos hacen pesadas y nos dificultan ver tu compasión,
pues estamos agotados.
En realidad, somos nosotros mismos
los que no nos aceptamos, ni perdonamos,
los que no queremos mirarnos al espejo
y vernos con claridad, con nitidez nuestro rostro, nuestro ser.

Socórrenos, Dios salvador nuestro,
líbranos de esta ceguera -en momentos pesada-
y con tu gracia, ayúdanos a ser sinceros
con nosotros mismos y con los demás;
ayúdanos a abrirnos por dentro
y así sentir tu misericordia.

Por eso, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación,
con alegría… desde dentro,
al recordar cada día
el amor, el perdón, la resurrección…

Textos para orar

Señor, enséñame a orar

Señor, enséñame a orar.
A orar desde dentro
la oración que nos enseñaste,
consciente de lo que digo,
consciente de a qué me implica.

Reconozco que en momentos
es pura memoria,
es fría de sentimientos…
y eso no es orar.

Enséñame también a orar
poniendo mis propias palabras
con total sinceridad
-sin caer en la estética-.

A orar en medio del silencio,
sin vocabulario,
sin intento alguno de expresarme,
solo estando ante ti.

Hay otras veces que ese encuentro
es pura confusión,
incertidumbre, desolación…
descentrada de tu Palabra,
con ruido que me zarandea
y el minuto se hace eternidad.

Ahí, con más intensidad
deseo centrarme en tu oración
frase por frase,
llevándola a mi historia
a la presencia de tu Reino,
de tu Pan, de tu Perdón.
¡Aunque me cuesta!

Señor, enséñame a orar
especialmente esos días revueltos,
no deseados.
O mejor dicho,
enséñame a aceptar la oración inquieta
como la vida misma,
pues el encuentro contigo
y la situación vivida en el día
son inseparables.

Por eso insisto:
Señor, enséñame a orar.

Textos para orar

Como el sarmiento a la vid

En Europa, hoy sábado el texto del evangelio de hoy es Jn 15, 1-8, que tiene esa imagen de la vid y del sarmiento, y que con insistencia nos explica la dependencia que tenemos con Dios: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.»

Sin Jesús, sin Dios, que nos dá un sentido a la vida, sin ese alimento que nos da cada día, nuestra vida no tendría fruto pues, a las personas no nos llena sólo la acción, el hacer. Y quien nos motiva, quien nos mueve cada día es Dios.

Como dice la canción de Maite Losada:
Sin Ti no puedo amar
siento el vacío y la soledad.
Quiero esta junto a Ti
como el sarmiento a la vid.

Reflexiones, Textos para orar

Sentada junto a tus pies

Hoy comienzo con el final del evangelio del día: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (Lc 10, 41-42).

Jesús dice que una sola cosa es necesaria y que María ha cogido la parte mejor, no la cosa necesaria en su totalidad, sino la parte -una parte- mejor de esa cosa.

Entonces vuelvo al comienzo donde dice que María «sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra». O sea, escuchar su palabra con esa actitud de prestarle una atención total, queriendo que todos los sentidos vayan hacia él, esa es la parte mejor pero no la única. Porque esa palabra, si de verdad es bien escuchada, mueve por dentro y lleva a servir, a hacer servicio motivado como resultado del encuentro, y así no terminar como Marta, que se siente sola y pide ayuda.

La ausencia de la Palabra, puede hacer que los compromisos no sean desde el servicio, sino desde la actividad sin una motivación profunda, que en momentos termina en un activismo llevándonos al final a un cansancio sin sentido.

En medio de este cansancio, me fijo en su modo de pedir ayuda: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».En realidad, este modo de pedir ayuda es casi imponiendo que la ayuden. Entonces ¿quién escucharía atenta a Jesús si su hermana María se centra en ayudarla?

Y también me pregunto: ante una necesidad que tengamos ¿Jesús se va a sentir indiferente, no le va a importar nada que no nos encontremos bien? ¿O es que nos centramos en algunas cosas de tal manera que, nos olvidamos de la oración, del encuentro, de la escucha de la palabra que nos ayuda a vivirlo con más serenidad, con más calma, con la motivación necesaria?

Señor, deseo estar como María, sentada junto a tus pies escuchando tu palabra, para después ponerme a servir con paz, alegría, serenidad, coraje, esperanza…