Reflexiones, Textos para orar

Soy yo

«Soy yo, no temáis».

Eso es lo importante -para mí- de este texto.

La noche cerrada… soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. El panorama no era muy bueno… y Jesús se aparece, Jesús se hace presente y nos dice estas palabras para calmarnos.

Y -saliéndome un poco de Jn 6, 16-21 – me llama la atención la insistencia de Jesús en decirnos: no temáis, pues varias veces está escrita en el Evangelio.

En parte, me hace sentirme comprendida. Si insiste tanto es porque sabe qué es sentir temor y que nos puede llegar a paralizar. En cambio, la confianza puesta en Él, nos serena poco a poco, a pesar de ser «de noche».

Gracias, Señor, por aparecer en momentos oportunos, en momentos de oscuridad y agitación, en los momentos que necesitamos tu calma, tu paz, tu presencia de diferentes modos.

Reflexiones, Textos para orar

Creer o no creer

Al leer y releer el Evangelio, mis ojos se paraban en esta frase: «El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él» (Jn 3, 36). Y es que, me parece como muy fuerte. Porque, si creo en un Dios que es Amor, en un Padre Misericordioso… ¿cómo puedo decir que Dios tiene ira?

Toda ira de cualquier persona, crea temor a las que están en su entorno. Aquí habla de «la ira de Dios» pero en realidad, si no cree en Dios ni en su Hijo, no le puede «pesar» la ira de Él, ni le puede crear temor. ¿Cómo va a temer a alguien en quien no cree que exista?

Al poco de leerlo recordé a un señor que no creía en Dios. Tenía más de setenta años y prefería estar achacado o bien deteriorado, que morirse. Al no tener fe, temía a la muerte porque -según él- se le terminaría todo. Su mujer, en cambio, iba casi todos los días a la parroquia, para participar en la Eucaristía.

Lo que de verdad pesa a gente que no cree en el Hijo, es ese temor a su muerte y a que cree que después se termina todo. No niego el dolor que supone esa separación cuando fallece algún ser querido, ni esa incertidumbre y miedo a lo desconocido, cuando toca dar ese paso. Miedo, como tantas otras veces en la vida, cuando tenemos que aventurarnos a algo nuevo, es un miedo temporal, es un miedo muy diferente a ese temor a la muerte.

Gracias, Señor, por la fe y por por cómo nos ayuda a afrontar y superar diferentes momentos de la vida, entre ellos, la muerte, como paso a la vida eterna.

Reflexiones, Textos para orar

Nacer de nuevo

«Tenéis que nacer de nuevo» (Jn 3, 7).

Eso nos dice Jesús. Y esto me trae una pregunta: ¿qué es nacer de nuevo?

Observando a Nicodemo, nacer de nuevo sería dejarme llevar por el soplo del Espíritu, confirmando mi fe en Jesús y no andando de noche para que no me vean, no escondiéndola.

Hay gente, como yo, que no esconde su fe pero ¿se deja -me dejo- llevar por el soplo del Espíritu? En mi caso, el hecho de ser religiosa y de haber respondido a una llamada con un carisma concreto, no quiere decir que no siga teniendo que dejarme llevar por Él, pues hay mucho modos de llevar a cabo la misión, de vivirla.

La pareja que se siente llamada al matrimonio, tampoco tiene su camino terminado, pues hay que seguir tomando decisiones.

Y así, cualquier persona cristiana, en la opción que haya hecho en su vida, respondiendo a su vocación, no lo tiene todo hecho. Sería necesario un renacer para vivir esa opción libremente y dejándose llevar por el Espíritu.

Reconozco que en momentos me encierro en lo que me siento segura y no me «suelto» a responder su llamada con otro tipo de compromisos que pueden ser soplo del Espíritu.

Perdóname, Señor, por las veces que voy a buscarte como Nicodemo, escondida, de noche, con miedo y ayúdame a renacer con el soplo del Espíritu, para poder responderte libremente.

Reflexiones, Textos para orar

La experiencia de la fe

Me llama la atención que en siete versículos (Mc 16, 9-15) aparezca el verbo creer tres veces, y las tres en negativo.

Primero cuando María Magdalena les dice a los Once que Jesús estaba vivo y que lo había visto, pero ellos no la creyeron. Y pienso: era una mujer y en aquella época, cuando necesitaban testigos, tenían que ser dos y hombres. Aunque los Once, los seguidores de Jesús tendrían que ser algo diferentes, ¿no? Porque Jesús las integró en el grupo de seguidores. Como pone: ella fue a anunciárselo a sus COMPAÑEROS.

En medio de esta interrogante, sigo el texto y pone que se apareció a dos de ellos, o sea, dos hombres… y tampoco los creyeron. Aquí ya no es ni por ser hombre o mujer, ni por el número de personas pues, siguieron sin creerles.

Por último, se les apareció Jesús a ellos y les regañó porque no habían creído a quienes lo habían visto.

Y es que, cuando alguien te comparte su fe, te puede crear una inquietud y al final puedes creértelo pero… en un momento fuerte de dolor, de desolación, de tristeza ¿sigues manteniendo esa fe?

Esa fe la sigues teniendo por haber tenido una experiencia con Él, un encuentro. La fe no tiene que quedar sólo en la cabeza, en un saber, sino que tiene que llegar a ser un «sentimiento», un sentido, tiene que llegar «adentro».

Gracias, Señor, por haber podido experimentar tu presencia en diferentes momentos, tanto de alegría como de tristeza. Gracias, por hacerte presente en mi vida.

Reflexiones, Textos para orar

Estaba desnudo

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua (Jn 21, 7).

Esa escena me ha venido en la oración y me viene al comienzo de la actividad.

Pedro, que delante de sus amigos y compañeros no tiene apuro en estar desnudo… pero al reconocer que Jesús le ve así, se ató la túnica y se echó al agua. ¿Por qué?

Es verdad que en momentos reaccionamos casi sin pensar, de modo mecánico. Pero a la vez me pregunto: ¿tenía vergüenza de enseñar Pedro su cuerpo?

Su respuesta no la sé, y puede que su reacción no tuviese nada que ver con este pensamiento que me ha venido, pero me he hecho reflexionar pues: ¿tengo vergüenza de enseñar mi cuerpo por fuera y por dentro? O como hay cosas que me cuestan reconocer y asumir, ¿no cubro «mi cuerpo», no me cubro para no enseñar lo que me cuesta aceptarme a mí misma?

Jesús sabe cómo soy, sabe cómo somos y nos ama… y me ama.

Gracias, Señor, por quererme tal y como soy. Ayúdame a aceptarme para ser más sincera conmigo misma, contigo y con los demás.

Mensajes del Papa

Derechos fundamentales – El Video del Papa

Defender los derechos humanos fundamentales puede significar, en muchas partes del mundo, un riesgo. No sólo en regímenes dictatoriales, sino también en algunas democracias que pasan por una crisis. Hace falta coraje, como dice Francisco para “oponerse activamente a la pobreza, la desigualdad, a la falta de trabajo, de tierra, de vivienda, de derechos sociales y laborales”. El Papa nos invita este mes a apoyar a los que asumen las consecuencias de defender los derechos fundamentales allá donde no es fácil “para que vean que su sacrificio y su trabajo dé fruto abundante”. No los dejemos solos. Reza y comparte estas palabras del Papa para que estos valientes se sientan acompañados en su labor.

“Para defender los derechos humanos fundamentales hace falta coraje y determinación.

Me refiero a oponerse activamente a la pobreza, la desigualdad, a la falta de trabajo, de tierra, de vivienda, de derechos sociales y laborales.

Piensen que muchas veces los derechos humanos fundamentales no son iguales para todos. Hay gente de primera, de segunda, de tercera y de descarte.

No. Tienen que ser iguales para todos.

Y en algunos lugares defender la dignidad de las personas puede significar ir a prisión, incluso sin juicio. O puede significar la calumnia.

Cada ser humano tiene derecho, tiene derecho a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país.

Recemos para que aquellos que arriesgan sus vidas luchando por los derechos fundamentales en dictaduras, en regímenes autoritarios e incluso en democracias en crisis para que vean que su sacrificio y su trabajo dé fruto abundante.”

Reflexiones, Textos para orar

Paz a vosotros

«Paz a vosotros». (Lc 24, 36)

Esas fueron las primeras palabras que dijo Jesús a estas personas y que nos lo sigue diciendo a nosotros.

Esa paz que a veces, cuando se siente, te viene a la mente que estás loca, que es una sensación que te has creado tú. Surgen dudas en nuestro corazón.

Pero luego hay algo que nos dice dentro de nosotros que es Él «en persona», que es un encuentro intenso con Él que nos alegra y a la vez nos deja atónitos durante un tiempo.

Es un momento de lucha entre la duda y la certeza, pero con paz.

Es algo que no tiene palabras para poderlo expresar en su totalidad.

Gracias, Señor, por hacerte presente dentro de nosotros con tu paz, que nos alegra, nos impulsa y nos mueve a proclamar tu Palabra. Gracias por habernos hecho testigos.

Reflexiones, Textos para orar

¿Por qué lloras?

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Esa pregunta se la hicieron dos veces a María la Magdalena en Jn 20, 11-18.

Lo cierto es que a veces hay motivos para llorar, que nos ciegan a ver la esperanza.

En medio de esa tristeza, María tuvo dificultad en reconocer a Jesús.

Aquí la tristeza era la muerte del mismo Jesús -y creo que también el modo, la violencia, la humillación-. Pero hay muchas otras situaciones que crean tristeza, angustia. En esos momentos a veces es difícil llegar a vivir un clima de oración, a sentir su presencia. En cambio, podemos verle en la amiga, en el hermano… en tantas otras personas que se hacen presentes, que nos escuchan, que son el Jesús confundido por el hortelano.

Nos gustaría retenerle, para asegurarnos esa comprensión, esa paz en medio del dolor, como nos gustaría retener a esas personas hasta salir del «duelo» por miedo a esa soledad, pero esa experiencia nos hace seguir sintiendo su presencia al compartirla con otras personas.

Gracias, Señor, por hacerte presente de modos diferentes en los momentos de dolor, de angustia, de tristeza. Gracias por tu presencia en nuestra vida.