Reflexiones, Textos para orar

¡Hombres de poca fe!

Jesús, nos dices: «¡Hombres de poca fe!»… Y es cierto.

Somos hombres y mujeres de poca fe.

Pero tenemos la suficiente para ser conscientes de tu presencia en nuestra vida, a pesar de tener a veces la sensación de que estás dormido… ¡Pero estás!

Sentimos tu presencia, tu compañía, aunque en algunos momentos no oigamos ninguna de tus palabras… ¡Pero estás!

Y sabemos que en nuestros momentos de dudas, de dificultades, de problemas fuertes en la comunidad, en la parroquia, en la Iglesia, en la barca de la que formamos parte… tú también estás, para serenar el mar y poder llegar al final, con calma, a nuestro destino.

Reflexiones, Textos para orar

Señor, no soy digna…

Señor, no soy digna de que entres en mi casa, en mi vida, dentro de mí… pero tú has entrado y me has dado la fe que me mueve, que orienta mi vida.

Señor, no me siento digna de ningún diálogo contigo… pero tú has dialogado conmigo en un clima sereno y has hecho que todos mis sentidos estén atentos a tu Palabra.

Señor, no me creo digna de que confíes en mí, en mi constancia… pero tú has confiado y me has dado una misión.

Gracias, Señor, por hacerme digna.

Reflexiones, Textos para orar

Nunca os he conocido

Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les diré: «Nunca os he conocido».

(Mt 7, 22-23)

Me venían a la mente diferentes compromisos y – lo mismo que la gente del Evangelio – me extrañaba que no los reconociese Jesús. Pero luego me di cuenta de una cosa: es importante lo que hagamos, pero también “desde dónde” lo hagamos.

Si nos comprometemos desde sentirnos superiores, o desde un activismos – a veces excesivo – sin una motivación fuerte interior, sin una oración desde dentro que nos alimente, nos llame e impulse a un compromiso a favor de los demás… ante el primer cansancio o bache de la vida por diversas circunstancias, dejamos de realizarlo, nos centramos en nosotros mismos y nos olvidamos de los demás.

En cambio, si vivimos nuestros compromisos a favor de los demás desde la la compasión, si somos catequista o evangelizamos desde el servicio, como uno o una más del Pueblo de Dios, e impulsados interiormente por la oración, por la Palabra, habrá momentos en la vida que – por diferentes causas – igual debemos hacer un “paréntesis”, una parada o comprometernos sólo desde la oración y no como fue habitualmente… ¡Pero nuestra casa no será destruida!

¡Cuando deje de caer la lluvia y los vientos se calmen, volveremos al compromiso con energía, amor, esperanza…!

Reflexiones

Felices…

Felices los humildes, porque son “grandes de corazón”.

Felices los que tienen serenidad con la gente, capacidad de escucha, como la tiene el Señor.

Felices los que tienen sentimientos por ellos mismos y por los demás, porque una vida sin sentimientos es una vida fría, sin sentido.

Felices los que luchan por la justicia, con los medios que tengan a su alcance, a pesar de que sean pocos.

Felices los misericordiosos, los que perdonan, porque saben reconocer con más facilidad, la misericordia que tiene el Señor con todos.

Felices los que todo lo que hacen, lo hacen de corazón, con sinceridad, con empatía.

Felices los que hacen todo lo posible por crear un mundo de paz, que no es solo la ausencia de la guerra

Felices los que, tienen que padecer dificultades y, a veces, hasta peligros, por ser fieles al amor de Dios, porque el Espíritu que siempre está con ellos, les dará la fuerza, esperanza y alegría suficientes para superar los sufrimientos.