Reflexiones, Textos para orar

La familia de Jesús

Para Jesús su familia es algo más que la biológica, que la familia de sangre. Como pone en el diccionario, familia también es el conjunto de personas que comparten alguna condición, opinión o tendencia. Y por aquí va el concepto de familia de Jesús, pues nos dice que: El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre (Mc 3, 35). Los que «tengamos la tendencia» a reflejar el Amor de Dios en nuestra vida cotidiana formamos parte de su familia.

Para mí es una alegría poder formar parte de ella y a la vez un compromiso que, no lo hago porque me lo ordene, no lo hago como medio para formar parte de ella, sino que ese amor de Dios recibido, me impulsa a compartirlo, a «contagiarlo», formando a la vez parte de esa familia universal, que no tiene fronteras, pero que se concreta en mi comunidad, en mi parroquia, y en mi caso, también en mi congregación. Ese amor de Dios le comparto en mi contacto personal con la gente con la que me relaciono y también en proyectos comunitarios: encuentros de la Palabra, ayudas por medio de Cáritas, de Pastoral Social… Él se hace presente entre nosotros y nos anima a hacer su voluntad libremente y por amor.

Gracias, Señor, por hacerme parte de tu familia.

Reflexiones, Textos para orar

La locura de seguirte

En las dos frases de hoy (Mc 3, 20-21), hay dos reacciones muy diferentes: la gente que le seguía a Jesús, que le quería escuchar, que no le dejaban ni comer; y la que le pensaba que estaba fuera de sí, o sea, que estaba «loco». ¡Encima esta última era su propia familia!

En realidad es que Jesús rompió bastante el modo de pensar, de interpretar leyes de su época. Y a causa de eso ¡en menudo lío se había metido! No sé si le consideraban fuera de sí por lo que decía y hacía… o por las consecuencias que podía acarrear en su vida y en la de su familia.

De repente me ha venido un recuerdo y es que, cuando decidí dar el paso de responder a mi llamada entrando en la congregación, hubo amigos no creyentes que respetaron desde un principio mi decisión. Pero hubo algunos amigos de la parroquia donde crecí, que me preguntaron por qué iba a una Congregación; me dijeron que era una locura, que podía ser una gran cristiana formando una familia y comprometiéndome a favor de los pobres por medio de Cáritas. Y es cierto; no lo puedo negar, podía tomar esa opción pero… eso no me terminaba por llenar. Escuchar a Jesús -a veces en la hora de comer, con conversaciones y testimonios de otras personas- me motivó a ser «discípula Hija de la Cruz», me motivó a ser para algunos una «loca». ¡Lo confirmo!

Como dice una canción: «Señor, yo quiero ser un loco, pero mi locura serás tú. Yo quiero ser la hoz que corte ese trigo, para convertirlo en alimento de amor.»

¿Has sentido la locura de seguirle? ¿De qué modo?

Reflexiones, Textos para orar

Acudir y reconocerle

Con este mundo tecnológico que tenemos, los mensajes llegan en cuestión de segundos a la otra punta del mundo, lo mismo que los transportes son muchos más rápidos que hace unos siglos y ante una necesidad o algo importante, se comparte o se viaja con mucha más facilidad.

Antiguamente las cosas que eran importantes para la gente, también se extendían, pero la motivación me imagino que tenía que ser bien fuerte por las distancias y dificultades de aquella época.

En Mc 3, 7-12, además de seguir a Jesús gente de Galilea, nombra también diferentes lugares de donde procedían otras personas que iban a verle. ¿Qué noticias le llegaron de Jesús para moverles de tan diferentes lugares? Y después: ¿qué verían en él para reconocerle Hijo de Dios?

Estas preguntas me llevan a otras personales y es que ¿cuál fue el motivo por el que fui a la parroquia o a algún encuentro que me marcó en mi camino de fe? ¿Qué vi, palpé, sentí, experimenté para reconocerle Hijo de Dios?

Personalmente fui a la parroquia para tener amigos, pues había una sala donde hablábamos y jugábamos. La acogida, el respeto y el amor palpado me cuestionó, me hizo ver la vida diferente, crecer en la fe y reconocer la presencia del Hijo de Dios en mi vida, reconocer su presencia.

Y tú ¿recuerdas cuál fue tu motivo? ¿Qué te ayudó a reconocerle?

Reflexiones, Textos para orar

El sábado y el hombre

La Ley del sábado en un principio era para descansar un día, -como Dios lo hizo según está escrito en el Génesis- y dedicárselo a Él. Esa ley que originalmente era un medio de humanización, terminó siendo un fin con muchas cosas prohibidas, y algunas afectaban a cosas esenciales para la vida como cocinar o arrancar semillas -como es en este caso- para poder comer, para quitar el hambre.

O como dice Jesús: ¿no actuó David de un modo similar? ¡Él hasta se apropió de comida que solo era para los sacerdotes! Y confirma: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 23-28).

Volviendo al hoy, a nuestra vida de parroquia me hago una pregunta pues: ¿no hemos podido caer en ese mismo fallo? ¿Hay algo que en un tiempo comenzamos a hacer como medio y ha terminado como un fin, como algo que se debe de hacer obligatoriamente? ¿Hemos llegado a deshumanizarnos?

Creo que es un buen momento para reflexionar para volver a vivir el verdadero sentido del sábado.

Reflexiones, Textos para orar

Sanos y enfermos

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Eso dice Jesús ¡y tiene toda la razón! pero… a la vez me viene a la mente una realidad. Hay gente sana que va al médico al menor síntoma normal para la gente que tenemos cierta edad. También ocurre lo contrario: personas con problemas de salud que no va al médico. Así que,creo que el primer paso es reconocer la necesidad que tengo y atreverme a acercarme, atreverme a ir.

En el texto Mc 2, 13-17, ocurre lo mismo: para ir donde Jesús, no sólo hay que ser pecador, sino reconocerlo.

Todos tenemos algo «débil», un punto flaco, un defecto que a veces nos lleva a un acto no adecuado pero, ¿nos lo reconocemos?, ¿me lo reconozco yo misma? Si no lo quiero reconocer, no siento la necesidad de tener encuentros con Jesús. Y en caso contrario, si lo reconozco voy a escucharle, a estar con él, para sentirme perdonada y acogida como soy, con mis capacidades y defectos.

También puede ser que al ir a escucharle -por curiosidad- sienta su misericordia y eso me haga reconocer mis fallos.

¿En qué situación estoy en este momento? ¿Estoy sentada en la mesa con Él?

Reflexiones, Textos para orar

El leproso, el etiquetado

Hoy he leído el texto de Mc 1, 40, donde pone que un leproso se acerca a Jesús. Me he fijado que no dice el nombre de la persona, sino la enfermedad, la etiqueta que le han puesto. Y es que actualmente es algo que se sigue viviendo.

Algunas personas te etiquetan por tener alguna enfermedad o deficiencia, por ser homosexual, fea, tonta, inútil… según sus criterios.

La verdad que eso duele y hasta a veces hace que camines mirando al suelo, para no ver la cara de las personas que se ríen de ti, que te humillan, que se distancian por esa etiqueta.

Lo bueno que algunos tienen el coraje de ir donde personas que se compadecen de tu situación y no se alejan, sino todo lo contrario, extienden su mano y te tocan; te integran con el «rito», celebración, acto, encuentro informal adecuado del lugar.

Después de esta experiencia, después de sentirte acogida por alguien-aunque siga habiendo gente que te excluya-, ya no es lo mismo. Ya te atreves a mirar a la gente a la cara, hablarles, no quedarte callada de tu experiencia como persona acogida, aceptada, amada.

Gracias, Jesús, por amarme tal y como soy.

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Mi bautismo, tu bautismo

La vida pública de Jesús comienza poco después del bautizo (Mc 1, 9-11) y en el Evangelio de Marcos, unos versículos antes hay una frase de Juan Bautista: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias».

Con el vocabulario y gesto de su tiempo entiendo que su liderazgo -con todos los seguidores que tuvo- lo vivió desde la humildad, desde el servicio.

Hay gente que después de haber tenido una «alta» responsabilidad, le cuesta volver a «bajar», le cuesta pasar desapercibida, como una más del equipo de trabajo. Pero Juan Bautista supo hacerlo; en su época y su contexto fue un gran ejemplo.

Pocos versículos después aparece Jesús y cuando fue bautizado se oyó la voz que dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

A las Hijas de la Cruz, casi automáticamente nos viene a la mente la frase de la Fundadora: «Tomo en serio el compromiso de mi bautismo». El bautizo se vive cada día, no es una celebración aislada, en un día concreto de mi vida, que sólo queda en fotografías.

Otra cosa es discernir cómo vivir ese compromiso.

Esto me impulsa a renovar ese bautismo que recibí, comprometiéndome a vivir cada día con un espíritu evangélico de amor, de sencillez, de servicio.

Y tú: ¿cómo lo harías? ¿A qué te llama ese compromiso bautismal?

Reflexiones, Textos para orar

Dios es amor (1Jn 4, 8)

A veces, cuando veo a la gente del barrio donde vivo, me viene la memoria de un encuentro bíblico que tuve hace ya unos años en otro lugar.

No recuerdo exactamente qué texto estábamos reflexionando. Lo que sí tengo claro es que hablaba del amor.

Una de las personas decía que a los cristianos se nos distingue por el amor. Y es cierto o, por lo menos, se nos debería ver contagiar el amor a toda la gente con la que nos relacionamos. Pero yo me preguntaba: ¿no hay gente que se considera atea, agnóstica o que ni se cuestiona la existencia de Dios, pero que de verdad su vida es un reflejo del amor de Dios?

En la Capilla donde estoy ahora, gente de la parroquia comenzó a hacer una olla popular para compartir la comida con gente carente del barrio y, si ha funcionado esa olla tanto tiempo, ha sido gracias a otras personas que ni se cuestionan la fe, pero que ven importante ayudar a la gente que no tiene cubierta sus necesidades básicas. En otros lugares esta misma ayuda se ha hecho, con la iniciativa de gente que no es de Iglesia.

Personalmente, esto me lleva a pensar varias cosas. Lo primero es que no debemos caer en creernos los mejores del mundo; hay mucha gente con un corazón generoso. Esto mismo me lleva a que, en esos corazones generosos, también está el de Dios -aunque no sea de modo «oficial»- y ellos mismos nos pueden enseñar el Evangelio del Amor, que es el reflejo de Dios, pues Dios es Amor.

Después de traer a la memoria este recuerdo, me viene un único deseo: ser un instrumento humilde y sencillo que comparta el amor de Dios.

Reflexiones

Los Reyes Magos

Llega el día de los Reyes Magos y me trae el recuerdo de cuando era pequeña e iba a abrir los regalos, que siempre estaban con una tarjeta que ponía: «De parte del Rey Baltasar, para Amaia» y seguido el año.

Sí. La abuela sabía cuál era el Rey preferido de cada uno de nosotros.

No recuerdo si decíamos lo que nos gustaría. Lo que tengo claro es que nunca les enviamos ninguna carta -como en algunos sitios se hace ahora- para que supiesen lo que queríamos que nos regalasen.

¿A caso Jesús les pudo decir lo que él quería? ¿Una criatura que todavía no sabe ni hablar, como nosotros mismos cuando éramos bien pequeños?

A él le superon regalar lo que iba a necesitar en su vida.

Oro, que es el regalo típico que se obsequia a los reyes… y lo fue a su manera: Rey servidor, pues no vino a ser servido sino a servir.

Incienso, que se usaba en ordenanzas del sacerdocio.

Y la mirra, para cuando fuese embalsamado, pues iba a morir.

Es ciero que esos regalos fueron para «útiles» para su vida y… nosotros pensamos más para este año. Así que, en mi petición voy a hacer una modificación.

Voy a poner una hoja en blanco y voy a confiar al Rey Baltasar, que me envíe lo que crea conveniente para ayudarme a vivir este año con profundidad, con sentido y a superar las dificultades. La verdad, que no se lo pongo nada fácil pero, con el Niño Jesús acertaron y, lo mismo que cuando era pequeña tenía la confianza en que me iba a regalar algo que me iba a gustar, ahora le pongo esta otra confianza.

Así que, estoy esperando la respuesta de mi Rey preferido. Puede que sea también una hoja en blanco, que se vaya rellenando según van pasando los días. Pero esa hoja con su frase y su fecha, están llenas de la ilusión que todo ser humano le ayuda para vivir.

Reflexiones, Textos para orar

El encuentro con Jesús

Jesús se encuentra con Felipe (Jn 1, 43-51) y aquí no hay discursos ni explicaciones, sino que solo le dice: «Sígueme».

Después de tener la experiencia, intenta compartir a Natanael su fe, su certeza. Pero -como refleja este texto- muchas veces las palabras quedan cortas, no pueden convencer ni expresar todo lo que se siente, lo que se cree. Y Felipe, sin intentar darle más explicaciones le dice: «Ven y verás».

Y es que es cierto. Yo muchas veces digo que nuestro idioma, a pesar de la riqueza de cantidad de palabras para expresar lo que queremos, muchas veces se queda corto.

Hay experiencias que son inexpresables; que hay que vivirlas para comprenderlas. Y entre ellas, en muchas situaciones está la fe.

¿Cómo puedes convencer a alguien que cuando están reunidas dos o tres personas en nombre de Jesús, él está en medio? ¡Algunos hasta se te ríen a la cara!

La invitación al encuentro, en muchos momentos, es la mejor predicación. Y si se anima y tiene la gracia de vivir un encuentro con Jesús, ya nadie le tendrá que convencer de nada, sino que responderá como Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Gracias, Señor, por decirme: «Sígueme». Gracias, por cada encuentro que vivo contigo.