Reflexiones

Comprensión de la Palabra

Cuando leo el texto de Mt 13, 1-23, puedo caer en la tentación de no reflexionar qué me quiere decir, porque ya está la explicación. También puedo pensar un poco en mi compromiso que estoy haciendo – mucho más si es de tipo catequético – y ver si he sembrado algo en buen terreno o, como solemos decir, nosotros sembramos y otras recogerán nuestra cosecha, para no obsesionarnos con el fruto que saldrá de nuestro esfuerzo, sino realizarlo desinteresadamente. Pero esta vez la he visto desde otro ángulo. No sólo sembramos nosotros, sino que también somos sembramos y lo seremos siempre.

Al estar unos días de retiro orando, lecturas que había leído bastantes veces, no calaron tanto dentro de mí, como me ha ocurrido en este momento y es que, depende como esté la tierra – en este caso yo – y el clima meteorológico – situación social, lo que estoy viviendo con mi entorno – la cosecha dará su fruto.

En momentos hay cosas que, por mucho que las oigamos, no nos dicen nada, no nos interesan y como solemos expresar: nos entran por un oído y nos salen por el otro.

Otras veces lo que oímos nos parece importante, lo memorizamos pero, ante tantas otras palabras que escuchamos, según pasa el tiempo se nos olvida y queda en nada.

También solemos usar la palabra “digerir”, cuando profundizamos la Palabra y la queremos hacer nuestra. Mas como en toda digestión, ante situaciones complicadas sino la hemos “digerido bien”, sino la hemos comprendido adecuadamente, el proceso se nos hace pesado y terminamos “vomitándolo”, no termina de penetrar en nuestro organismo, en nuestra vida.

Pero hay momentos que la Palabra va al corazón y le hace palpitar adecuadamente hasta en momentos adversos. Esa sí que da fruto en mi vida, porque me mueve, me da vida, me moviliza en mi totalidad hasta en plena dificultad.

Que el Señor me ayude a crecer en la escucha profunda, para que cada vez su Palabra llegue a mi corazón y al de muchas otras personas que le quieren escuchar atentamente.

Reflexiones, Textos para orar

¡Hombres de poca fe!

Jesús, nos dices: «¡Hombres de poca fe!»… Y es cierto.

Somos hombres y mujeres de poca fe.

Pero tenemos la suficiente para ser conscientes de tu presencia en nuestra vida, a pesar de tener a veces la sensación de que estás dormido… ¡Pero estás!

Sentimos tu presencia, tu compañía, aunque en algunos momentos no oigamos ninguna de tus palabras… ¡Pero estás!

Y sabemos que en nuestros momentos de dudas, de dificultades, de problemas fuertes en la comunidad, en la parroquia, en la Iglesia, en la barca de la que formamos parte… tú también estás, para serenar el mar y poder llegar al final, con calma, a nuestro destino.

Reflexiones, Textos para orar

Señor, no soy digna…

Señor, no soy digna de que entres en mi casa, en mi vida, dentro de mí… pero tú has entrado y me has dado la fe que me mueve, que orienta mi vida.

Señor, no me siento digna de ningún diálogo contigo… pero tú has dialogado conmigo en un clima sereno y has hecho que todos mis sentidos estén atentos a tu Palabra.

Señor, no me creo digna de que confíes en mí, en mi constancia… pero tú has confiado y me has dado una misión.

Gracias, Señor, por hacerme digna.

Reflexiones, Textos para orar

Nunca os he conocido

Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les diré: «Nunca os he conocido».

(Mt 7, 22-23)

Me venían a la mente diferentes compromisos y – lo mismo que la gente del Evangelio – me extrañaba que no los reconociese Jesús. Pero luego me di cuenta de una cosa: es importante lo que hagamos, pero también “desde dónde” lo hagamos.

Si nos comprometemos desde sentirnos superiores, o desde un activismos – a veces excesivo – sin una motivación fuerte interior, sin una oración desde dentro que nos alimente, nos llame e impulse a un compromiso a favor de los demás… ante el primer cansancio o bache de la vida por diversas circunstancias, dejamos de realizarlo, nos centramos en nosotros mismos y nos olvidamos de los demás.

En cambio, si vivimos nuestros compromisos a favor de los demás desde la la compasión, si somos catequista o evangelizamos desde el servicio, como uno o una más del Pueblo de Dios, e impulsados interiormente por la oración, por la Palabra, habrá momentos en la vida que – por diferentes causas – igual debemos hacer un “paréntesis”, una parada o comprometernos sólo desde la oración y no como fue habitualmente… ¡Pero nuestra casa no será destruida!

¡Cuando deje de caer la lluvia y los vientos se calmen, volveremos al compromiso con energía, amor, esperanza…!

Reflexiones

Felices…

Felices los humildes, porque son “grandes de corazón”.

Felices los que tienen serenidad con la gente, capacidad de escucha, como la tiene el Señor.

Felices los que tienen sentimientos por ellos mismos y por los demás, porque una vida sin sentimientos es una vida fría, sin sentido.

Felices los que luchan por la justicia, con los medios que tengan a su alcance, a pesar de que sean pocos.

Felices los misericordiosos, los que perdonan, porque saben reconocer con más facilidad, la misericordia que tiene el Señor con todos.

Felices los que todo lo que hacen, lo hacen de corazón, con sinceridad, con empatía.

Felices los que hacen todo lo posible por crear un mundo de paz, que no es solo la ausencia de la guerra

Felices los que, tienen que padecer dificultades y, a veces, hasta peligros, por ser fieles al amor de Dios, porque el Espíritu que siempre está con ellos, les dará la fuerza, esperanza y alegría suficientes para superar los sufrimientos.

Reflexiones

El silencio de María

Hoy no tenemos Palabra para orar ni reflexionar. Pero sí tenemos la “imagen” del silencio de María.

¡Lo que tuvo que sufrir viendo morir a su hijo de ese modo!

¿Por qué? ¿Qué ha hecho para que le humillen de este modo, para que le quiten la vida de esta manera?

La única respuesta que encuentro yo es: reflejar el amor del Padre.

Nada justifica lo que tuvo que vivir. ¡Pero fue así! Y al final de su vida, él era consciente del riesgo que tenía. Pero él quiso sentirse “libre” compartiendo el Amor del Padre con dichos y hechos, y no sentirse “encadenado”, viendo sufrir a la gente y no hacer nada.

En medio de este silencio me vienen muchas preguntas pero, al final, me centro en una: ¿cuál es mi respuesta: hacerme “libre” como Jesús o “encadenarme”?

Deseo que este silencio me ayude a darla una respuesta con cosas concretas.

Reflexiones, Textos para orar

Tu misericordia

Aprovechemos este tiempo para ser más conscientes de la misericordia de Dios. Misericordia que se refleja en la confianza pues, a pesar de saber que tenemos fallos, debilidades, confía en cada uno de nosotros.

Sintamos su misericordia; esa misericordia que nos transforma por dentro y nos anima a seguir viviendo nuestro compromiso con alegría, a pesar de las dificultades.

Reflexiones

Domingo de Ramos — Hijas de la Cruz América Latina

Todos los años, el domingo antes de Pascua, los cristianos católicos celebramos el Domingo de Ramos, recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Montado en un burro, Jesús entró en Jerusalén y una gran multitud «salió a su encuentro con ramas de palmeras exclamando:¡Hosanna! Bienaventurado el que viene en el nombre del Señor, el […]

Domingo de Ramos — Hijas de la Cruz América Latina
Reflexiones, Textos para orar

El que quiera seguirme…

El Evangelio de hoy dice:

«El que quiera seguirme, niéguese así mismo, cargue con su cruz y me siga».

Y es que, Él nos llama, pero somos libres de darle cada uno una respuesta. «El que quiera» le seguirá.

Me recuerda el día de mi compromiso como Hija de la Cruz. Como era yo la única que lo celebraba ese día, elegí un texto evangélico que fue también esta negación pero según el evangelio de Lucas, pues está escrito:

«El que quiera seguirme, niéguese así mismo, cargue con su cruz cada día y me siga.»

A veces cada día tenemos pequeñas cruces que nos dificultan seguirle, aunque no sólo están en los que queremos seguir a Jesús.

Después de dieciseis años -y algún mes más- que celebré este compromiso; después de este tiempo con alegría, dificultad, fuerza, debilidad, cansancio, esperanza… quiero seguir respondiendo libremente a su llamada.

Como está escrito en el comentario de Julio Colomer Casanova, sj:

Lo que a los ojos del mundo parece «pérdida» es ganancia: es da sentido a una vida, y empezar a gozar ya aquí de la vida del reino, que corresponde a lo más hondo del ser humano, que está hecho desde y para el amor.