Reflexiones, Textos para orar

El sábado y el hombre

La Ley del sábado en un principio era para descansar un día, -como Dios lo hizo según está escrito en el Génesis- y dedicárselo a Él. Esa ley que originalmente era un medio de humanización, terminó siendo un fin con muchas cosas prohibidas, y algunas afectaban a cosas esenciales para la vida como cocinar o arrancar semillas -como es en este caso- para poder comer, para quitar el hambre.

O como dice Jesús: ¿no actuó David de un modo similar? ¡Él hasta se apropió de comida que solo era para los sacerdotes! Y confirma: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 23-28).

Volviendo al hoy, a nuestra vida de parroquia me hago una pregunta pues: ¿no hemos podido caer en ese mismo fallo? ¿Hay algo que en un tiempo comenzamos a hacer como medio y ha terminado como un fin, como algo que se debe de hacer obligatoriamente? ¿Hemos llegado a deshumanizarnos?

Creo que es un buen momento para reflexionar para volver a vivir el verdadero sentido del sábado.

Textos para orar

¿Qué buscáis? ¿Qué buscas?

Cuando comenzaba la adolescencia, yo buscaba un grupo de amigos. Por medio de ellos fui a tu casa y… me quedé dentro.

En ese contacto no hubo discursos, sino acogida, amor, encuentro.

Ha pasado tiempo… años, décadas, pero tu pregunta ¿qué buscáis? me retumba; la sigo sintiendo.

Aunque ahora tengo la respuesta: te busco a ti cada momento.

Te busco en la capilla, en medio del silencio, sintiendo tu presencia, hablándome por dentro.

Te busco en la gente que viene pidiendo ayuda, acogida, ternura, dignidad… y en la que es generosa, en la que refleja tu amor con su actitud, con sus gestos.

En el paisaje, en el viento… y hasta en medio del ruido, a veces te encuentro.

¿Qué buscas? A ti te busco, Señor, y te siento a veces con más dificultad, otras con menos, pero sabiendo que tú me invitas cada día, cada momento al encuentro.

Reflexiones, Textos para orar

Sanos y enfermos

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Eso dice Jesús ¡y tiene toda la razón! pero… a la vez me viene a la mente una realidad. Hay gente sana que va al médico al menor síntoma normal para la gente que tenemos cierta edad. También ocurre lo contrario: personas con problemas de salud que no va al médico. Así que,creo que el primer paso es reconocer la necesidad que tengo y atreverme a acercarme, atreverme a ir.

En el texto Mc 2, 13-17, ocurre lo mismo: para ir donde Jesús, no sólo hay que ser pecador, sino reconocerlo.

Todos tenemos algo «débil», un punto flaco, un defecto que a veces nos lleva a un acto no adecuado pero, ¿nos lo reconocemos?, ¿me lo reconozco yo misma? Si no lo quiero reconocer, no siento la necesidad de tener encuentros con Jesús. Y en caso contrario, si lo reconozco voy a escucharle, a estar con él, para sentirme perdonada y acogida como soy, con mis capacidades y defectos.

También puede ser que al ir a escucharle -por curiosidad- sienta su misericordia y eso me haga reconocer mis fallos.

¿En qué situación estoy en este momento? ¿Estoy sentada en la mesa con Él?

Reflexiones, Textos para orar

El leproso, el etiquetado

Hoy he leído el texto de Mc 1, 40, donde pone que un leproso se acerca a Jesús. Me he fijado que no dice el nombre de la persona, sino la enfermedad, la etiqueta que le han puesto. Y es que actualmente es algo que se sigue viviendo.

Algunas personas te etiquetan por tener alguna enfermedad o deficiencia, por ser homosexual, fea, tonta, inútil… según sus criterios.

La verdad que eso duele y hasta a veces hace que camines mirando al suelo, para no ver la cara de las personas que se ríen de ti, que te humillan, que se distancian por esa etiqueta.

Lo bueno que algunos tienen el coraje de ir donde personas que se compadecen de tu situación y no se alejan, sino todo lo contrario, extienden su mano y te tocan; te integran con el «rito», celebración, acto, encuentro informal adecuado del lugar.

Después de esta experiencia, después de sentirte acogida por alguien-aunque siga habiendo gente que te excluya-, ya no es lo mismo. Ya te atreves a mirar a la gente a la cara, hablarles, no quedarte callada de tu experiencia como persona acogida, aceptada, amada.

Gracias, Jesús, por amarme tal y como soy.

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Jesús libera

El Evangelio de Marcos (1, 21-28) habla de un hombre que tenía un espíritu inmundo y ese hombre, esa persona, podemos ser cualquiera de nosotros, puedo ser yo misma.

Cuando una persona actúa o enfoca su vida de un modo extraño a nuestra cultura, a veces la consideramos loca. Otras veces esa locura o espíritu inmundo es consecuencia de las dificultades que esté viviendo por diferentes motivos y del contexto, que no le ayuda nada, sino todo lo contrario. Por ejemplo: la gente que es humillada, discriminada, por padecer alguna enfermedad, ser gordo, extranjera, etc.

A la situación vivida por esta persona, le puedes sumar el hecho de reconocer a Jesús como «el Santo de Dios» y a la vez tenerle miedo, creer que va a acabar con ella misma, con su vida, porque depende mucho de la imagen que tenga de Dios; depende que su imagen sea de «Dios Castigador» -o derivados desde esa línea-, o de «Dios Misericordioso», «Dios Amor»…

Si alguien vive un momento fuerte, y tiene la experiencia del «contacto», del encuentro con Jesús, le rompe el esquema, la idea errónea que tenía le sale y después le transforma, le libera.

¿Te sientes identificado o identificada con alguna parte de esta experiencia? ¿Has vivido en algún momento algo similar?

Reflexiones, Textos para orar

Mi bautismo, tu bautismo

La vida pública de Jesús comienza poco después del bautizo (Mc 1, 9-11) y en el Evangelio de Marcos, unos versículos antes hay una frase de Juan Bautista: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias».

Con el vocabulario y gesto de su tiempo entiendo que su liderazgo -con todos los seguidores que tuvo- lo vivió desde la humildad, desde el servicio.

Hay gente que después de haber tenido una «alta» responsabilidad, le cuesta volver a «bajar», le cuesta pasar desapercibida, como una más del equipo de trabajo. Pero Juan Bautista supo hacerlo; en su época y su contexto fue un gran ejemplo.

Pocos versículos después aparece Jesús y cuando fue bautizado se oyó la voz que dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

A las Hijas de la Cruz, casi automáticamente nos viene a la mente la frase de la Fundadora: «Tomo en serio el compromiso de mi bautismo». El bautizo se vive cada día, no es una celebración aislada, en un día concreto de mi vida, que sólo queda en fotografías.

Otra cosa es discernir cómo vivir ese compromiso.

Esto me impulsa a renovar ese bautismo que recibí, comprometiéndome a vivir cada día con un espíritu evangélico de amor, de sencillez, de servicio.

Y tú: ¿cómo lo harías? ¿A qué te llama ese compromiso bautismal?

Reflexiones, Textos para orar

Dios es amor (1Jn 4, 8)

A veces, cuando veo a la gente del barrio donde vivo, me viene la memoria de un encuentro bíblico que tuve hace ya unos años en otro lugar.

No recuerdo exactamente qué texto estábamos reflexionando. Lo que sí tengo claro es que hablaba del amor.

Una de las personas decía que a los cristianos se nos distingue por el amor. Y es cierto o, por lo menos, se nos debería ver contagiar el amor a toda la gente con la que nos relacionamos. Pero yo me preguntaba: ¿no hay gente que se considera atea, agnóstica o que ni se cuestiona la existencia de Dios, pero que de verdad su vida es un reflejo del amor de Dios?

En la Capilla donde estoy ahora, gente de la parroquia comenzó a hacer una olla popular para compartir la comida con gente carente del barrio y, si ha funcionado esa olla tanto tiempo, ha sido gracias a otras personas que ni se cuestionan la fe, pero que ven importante ayudar a la gente que no tiene cubierta sus necesidades básicas. En otros lugares esta misma ayuda se ha hecho, con la iniciativa de gente que no es de Iglesia.

Personalmente, esto me lleva a pensar varias cosas. Lo primero es que no debemos caer en creernos los mejores del mundo; hay mucha gente con un corazón generoso. Esto mismo me lleva a que, en esos corazones generosos, también está el de Dios -aunque no sea de modo «oficial»- y ellos mismos nos pueden enseñar el Evangelio del Amor, que es el reflejo de Dios, pues Dios es Amor.

Después de traer a la memoria este recuerdo, me viene un único deseo: ser un instrumento humilde y sencillo que comparta el amor de Dios.

Reflexiones, Textos para orar

El encuentro con Jesús

Jesús se encuentra con Felipe (Jn 1, 43-51) y aquí no hay discursos ni explicaciones, sino que solo le dice: «Sígueme».

Después de tener la experiencia, intenta compartir a Natanael su fe, su certeza. Pero -como refleja este texto- muchas veces las palabras quedan cortas, no pueden convencer ni expresar todo lo que se siente, lo que se cree. Y Felipe, sin intentar darle más explicaciones le dice: «Ven y verás».

Y es que es cierto. Yo muchas veces digo que nuestro idioma, a pesar de la riqueza de cantidad de palabras para expresar lo que queremos, muchas veces se queda corto.

Hay experiencias que son inexpresables; que hay que vivirlas para comprenderlas. Y entre ellas, en muchas situaciones está la fe.

¿Cómo puedes convencer a alguien que cuando están reunidas dos o tres personas en nombre de Jesús, él está en medio? ¡Algunos hasta se te ríen a la cara!

La invitación al encuentro, en muchos momentos, es la mejor predicación. Y si se anima y tiene la gracia de vivir un encuentro con Jesús, ya nadie le tendrá que convencer de nada, sino que responderá como Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Gracias, Señor, por decirme: «Sígueme». Gracias, por cada encuentro que vivo contigo.

Reflexiones, Textos para orar

Acción de gracias… como Ana

En el Evangelio de Lucas se nombra a una profetisa llamada Ana.

Sin centrarme en la palabra de profetisa, siendo mujer, me centro en la acción de gracias que ella daba a ese niño, que daba a Jesús. Y viniendo a mi vida, me viene también a mí una acción de gracias:

Gracias, Señor, por las personas que han formado y forman parte de mi vida, que como Ana, contagian la fe con sus palabras y su testimonio.

Gracias, por haberte encarnado, haberte hecho niño, haber vivido todo ese proceso de dependencia, de crecimiento en todos los sentidos, de discernimiento, de alegría y de tristeza, de esperanza y de angustia… Me siento comprendida por ti en cualquier momento que esté viviendo, especialmente en situaciones de dificultad.

¡Gracias, Señor, por estar con nosotros!

Reflexiones, Textos para orar

Genealogía “imperfecta”

Todos tenemos una genealogía, somos el fruto de nuestros padres, que ellos fueron de nuestros abuelos… bisabuelos… etc.

Para los judíos era muy importante esa genealogía, esas raíces con su historia. Y resulta que la de Jesús, “no es perfecta”. Nombran a cuatro mujeres -raro en aquella época- que o eran “pecadoras”, o extranjeras o no tuvieron su hijo dentro de una relación ” limpia”, como con Tamar o la mujer de Urías,  llamada Betsabé. 

Pero, a pesar de esa “imperfección” y hasta podemos decir que gracias a ella, Jesús llegó a nosotros. 

En seguida me pongo a pensar en mí, en mi genealogía. Soy fruto de una genealogía que ha luchado por la vida y ha transmitido lo que era importante para ella. 

A la vez, reconozco mi propia imperfección, mis defectos, mis fallos… Pero Dios me quiere tal y cómo soy; confía en mí tal y cómo soy; me encomienda una misión que puedo realizarla, vivirla, tal y como soy…

Gracias, Señor, por confiar en la gente “mal vista” o “no adecuada” desde nuestro criterio, no desde el tuyo. Gracias por confiar en cada uno de nosotros.