Textos para orar

Te veo y te reconozco

Como el endemoniado de Gerasa,
te veo de lejos y te reconozco,
por eso me echo a correr,
para acercarme rápidamente a Ti,
me postro… pero no te grito…

No me vienen palabras,
sino emociones… lágrimas,
al reconocer que…
Tú me quitas los prejuicios que me aíslan,
que Tú me acoges y me amas como soy.

Eso me impulsa, me mueve por dentro,
a compartir como puedo
la gracia de tu presencia en mí,
la gracia que me das y me libera desde dentro.

Gracias, por darme la oportunidad de tu encuentro.

Reflexiones

Reconocer a Jesús

Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo?…» (Mc 5, 5-6)

Ahí está la clave: en reconocer a Jesús.

A pesar de «rechazarle» -o por lo menos esa impresión da-, al haberlo reconocido no se aleja, sino lo contrario, se echó a correr acercándose a Jesús y se postró ante él.

Cuando le reconoce con nombre y «apellido» -Jesús, Hijo de Dios altísimo- le atrae, a pesar de querer alejarse de él. Y en ese el encuentro se serena; esa experiencia «de tú a tú» le da un sentido a su vida, una misión: se siente impulsado y Jesús le dice que comparta lo que ha vivido, a la gente de su casa, a los suyos.

Al reconocer a Jesús, atrae, me atrae… como a tantas otras personas. ¡Es algo inevitable! Y eso también tiene sus consecuencias… Tiene una misión inevitable; tiene un impulso y atracción a compartir esta fe a la gente de los alrededores… o de las distancias. ¡Es imposible callarlo!

Y tú ¿reconoces a Jesús? ¿Has tenido un «encuentro», una experiencia con él? ¿Cómo compartes esta fe?

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Aupada y amada por Ti

Tú, que eres el Pastor,
cuando estoy perdida,
cuando el miedo me paraliza,
cuando me siento desorientada,
cuando el pecado me debilita…
me buscas y vienes a mi encuentro.

Al verte yo con tus brazos abiertos,
me dejo aupar por Ti,
pongo mis brazos alrededor de tu cuello
y recuesto mi cabeza en tu hombro.

Acercas tu boca a mi oído
y me dices: “te quiero “, “te amo”.

Me emociono y… casi sin voz
te respondo: “yo también”.

Por dentro, siento el eco de tus palabras.
Ante esto ¿qué decir?
¡No puedo decirte nada!
Sólo abrazarte con intensidad
al sentirme, por Ti, amada.

Textos para orar

Te busco a Ti

Señor,
quiero estar unos días con tu compañía,
en tu casa, donde vives.
Quiero ver tu habitación
donde reflejas tu humildad,
y donde me acerco a tu intimidad
para ir a la mía
y así, de tú a tú,
tener un encuentro contigo.

Quiero ir y verte, encontrarte y sentirte…
y como Andrés, convencerme
-en mi caso cada vez más-
que tú eres Cristo.

Cada día me ves, te cruzas en mi camino
y me preguntas qué busco,
qué sentido quiero dar a mi jornada,
a dónde quiero ir y por qué,
con quién quiero estar,
cómo vivo los imprevistos.

Y ahora, Señor,
mi respuesta es que te busco a ti,
y quiero estar unos días contigo,
dialogar, escucharte y escucharme,
palabras y también silencios.

Gracias por llamarme a tu encuentro.

Reflexiones, Textos para orar

Meteos bien en la cabeza

El capítulo anterior a la pasión y muerte de Jesús en el evangelio de Lucas asusta. Y si nos ponemos a mirar la realidad, -ahora que la tecnología rompe muchas fronteras y distancias físicas, y en cuestión de minutos sabemos lo que ha ocurrido en la otra punta del mundo- los asesinatos, la guerra… tristemente son temas de las noticias diarias.

En medio de esta realidad bastante -aunque no toda- violenta, nadie sabemos cómo vamos a terminar.

Es cierto que lo que menos pienso es en morir a causa de la violencia, y tampoco me veo secuestrada ni nada parecido pero, sí que es verdad que los insultos por el hecho de ser religiosa, en algunos lugares es más fácil oírlos. Y ante una situación así ¿cuál sería o será mi reacción? Yo, que si tengo que compartir un comentario a un grupo de personas, por ejemplo en una Celebración de la Palabra, le tengo que preparar, escribir y, más que compartirlo mentalmente, leerlo por lo menos ciertos párrafos… viviendo todo esto con bastante tensión.

Después de esta pregunta sin respuesta, me viene esta frase de Jesús: «METEOS BIEN EN LA CABEZA que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.» (Lc 21, 14-15)

Gracias, Señor, por ayudarme a crecer la paz y la confianza especialmente en los momentos adversos. Y también méteme bien en mi cabeza que ante diversas situaciones me pondrás las palabras, el silencio, los gestos y tantos otros medios con los cuales nos comunicamos.

Reflexiones, Textos para orar

Bienaventuranzas de hoy

La verdad que las Bienaventuranzas tanto de la Palabra, como las que hemos podido ir actualizando para nuestra vida actual, son para orar poco a poco.

Por este motivo, voy a ir compartiendo esta semana, unas que escribí hace tiempo, pero que para mí, siguen siendo adecuadas a mi día a día.

Hoy comienzo con:

Felices los humildes, porque son «grandes de corazón».

Felices los que tienen serenidad con la gente, capacidad de escucha, como la tiene el Señor.