Reflexiones, Textos para orar

¿Quién eres tú?

«¿Quién eres tú?» (Jn 8, 25).

Lo cierto es que, muchas veces ante esta pregunta respondemos con nuestra profesión, con nuestro trabajo, con lo que hacemos y, posiblemente, añadimos nuestras cualidades, gustos, etc.

La otra opción es decir el nombre o/y hija o hijo de… y ¿cómo explicar que es -soy si responde el mismo Jesús- Hijo del Padre o sea de Dios, en un ambiente en el que esto es nuevo? Y trayéndolo a la actualidad: ¿cómo explicas o explico a gente adulta que nunca a escuchado hablar de Jesús, que Él es Hijo de Dios?

Yo ni sé cómo decirlo ante gente adulta que ya ha escuchado hablar de Él, pero que no llega a creerlo y es que, la fe en momentos siento que no es explicable -por lo menos, no todo-. Hay ciertas cosas que para mí son inexplicables; hay que vivirlas. ¿Cómo expresar lo que se siente cuando una persona está enamorada, cuando se siente atraída por algo o alguien, cuando ama a alguien? ¿No se tiene en momentos la sensación de no poderlo expresar, de quedarse muy limitada a la hora de poner palabras a los sentimientos, a las sensaciones, a la experiencia? Por lo menos a mí me ocurre eso.

De todos modos, en medio de esas limitaciones, algunos se animan a participar, la Palabra va penetrando y el encuentro personal con Él hace que la fe crezca, hace que terminen creyendo. Como el mismo Evangelio dice: muchos creyeron en él (Jn 20, 30).

Gracias, Señor, por tus Palabras, por los encuentros contigo y por haberme dado el don de la fe -a pesar de lo difícil que es expresarlo- pues gracias a ella, mi vida tiene sentido.