Reflexiones, Textos para orar

¡Señor Mío y Dios Mío!

En momentos me siento identificada a los discípulos, ante situaciones en las que me «encierro» a causa del miedo al qué dirán, qué pensarán… y tantos otros «qués» que reconozco que no tienen sentido, pues lo único que consigo es dañarme a mí misma, paralizarme, no realizarme como persona, como mujer, como cristiana.

También ocurre que Jesús quiere romper las fronteras, y quiere seguir entrando en mi vida de modos diversos, que no lo puedo-ni quiero- evitar, a pesar que suele ser cuando más cuesta reconocerle. Pero al final, cuando soy consciente de ese encuentro, siento su paz y me impulsa a salir, que es lo contrario de encerrarme; a ser libre, a vivir el proyecto por el que yo opté, mi compromiso cristiano; a vivir este envío desde mi ser allá donde esté, donde estoy.

Al final, Él es el que gana. Y en medio de los momentos de bajones, de desánimo, de dudas… a pesar de todo, me uno a las palabras de Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!» (Jn 20, 28)