Textos para orar

¡Cuántas veces me dices…!

¡Cuántas veces me dices:
«Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa»!

Cada vez que me paralizo
al no aceptarme como soy,
al no aceptar mi «imperfección»,
mi fragilidad,
mi condición humana…
Cada vez que las dificultades me superan,
y me cuesta reconocerlo
o no me dejo ayudar…
En momentos que
ni yo misma sé ponerlos nombre…
ahí vas Tú de modos muy diferentes
me haces llegar a mí
tu amor, tu confianza,
tu misericordia…

Eso me anima a levantarme
llevando mi camilla,
mi historia, mi modo de ser,
reconociendo mi debilidad,
mi capacidad,
los gestos de amor compartido.

Y me dices que me vaya a mi casa.
¿A dónde tengo que ir?
¿Cuál es mi casa?
Donde estén los pequeños y los pobres,
los pobres de hoy,
con las diferentes pobrezas…

¡Cuántas veces me lo recuerdas, Señor!
Con tu ayuda quiero llevar a casa tu Palabra.

Textos para orar

Te seguiré

Señor,
me dices cada día: «sígueme»;
y quiero responderte, quiero seguirte.
Pero en momentos, reconozco que me paro.
Cansancio, pereza, miedo…
Tú mejor que nadie sabes los motivos,
y también avisaste que no iba a ser fácil.
A pesar de todo, me sigues pidiendo que te siga.

Que te siga: no con poder,
sino con servicio;
no con grandiosidades,
sino con la vida cotidiana,
con la relación con la gente,
con el trabajo de cada día,
con la acogida,
con la escucha,
con las ayudas pequeñas pero necesarias.

Como humana que soy,
en momentos busco excusas
para desentenderme de ciertos compromisos.
Pero con tu paciencia infinita
me insistes y me esperas.

Después de seguirte un tiempo,
después de caminar con la comunidad,
-reconociendo los días que estado parada-
sigo teniendo una respuesta:
«te seguiré adondequiera que vayas»,
te seguiré con tu presencia, con tu gracia.

Textos para orar

Tú sabes que te quiero

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me amas como soy.
El amor que recibí y sigo recibiendo de Ti,
penetró y sigue penetrando en mi vida.
¡No lo puedo -ni lo quiero- evitar!
Y así… ¿cómo no quererte?
¡En este amor recíproco
que no tiene ni explicaciones!
¡En ese amor recíproco que me ganas!

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me conoces por fuera y por dentro
más que yo misma…
Me transmites confianza.
Tengo un impulso que me mueve…
me acerca hacia Ti…
Me guías, me orientas dándome libertad
si seguir o no tu enseñanza.

Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero.
Eres quien da sentido a mi vida.
El encuentro contigo es el comienzo del día.
Mi compromiso en cada jornada es hacer viva tu Palabra.
Y por la noche te doy las gracias porque, sin Ti no soy nada,
pues Tú eres mi aliento, mi fuerza, mi esperanza.

Te sigo, Señor,
quiero responder a tu llamada,
con tropezones y caídas,
pero siempre con tu presencia
que me ayuda a retomar tu camino.

Textos para orar

Jesús en la Cruz

La verdad que verte en la Cruz me cuesta.
Ver tu cuerpo ensangrentado,
colgado en una altura que me supera
con dificultad de ver tu rostro
y lo poco que veo, expresa dolor…

Me cuesta mirarte fijamente…
Una vida entregada a los demás
que termina siendo abandonada,
que nadie tuvo el coraje de defenderte y que,
seguramente, si hubiera estado yo allí presente
habría reaccionado igual,
me habría escapado.

Tu rostro está dolorido.
Me siento culpable… me siento culpable e impotente.

A la vez, me vienen personas a mi mente:
las perseguidas por hacer el bien…
las que sufren la violencia, la guerra…
las maltratadas, abusadas, humilladas…
las que carecen de alimento para seguir viviendo…
y tantas que hay crucificadas y están abandonadas,
sin gente que les ayude.

Reconozco que la distancia física y el no saberlo
me puede justificar que no las auxilie pero…
¿cómo actuaría yo en diferentes situaciones delante de ellas?

Vuelvo a mirarte y te veo con más nitidez
Me pones una mirada de misericordia
y me impulsas a seguir amando
a pesar de mi fragilidad.

Gracias, Jesús, por tu amor sin límite.

Textos para orar

Dejarlo y seguirte

(Mc 10, 28)

Señor,
lo he dejado todo y te he seguido.
He dejado mi familia
y he conseguido otra más grande,
más universal,
más diversa pero unida ante una misma llamada.
Ahora tengo una familia
en la que estamos reunidas y reunidos en tu nombre,
y en medio nuestro estás Tú.

Lo he dejado todo y te he seguido,
porque a pesar de las dificultades,
de los momentos «bajos»,
del miedo por diferentes motivos…
a pesar de todo, hay algo que me tira,
me impulsa, me lleva a seguirte.
Esas preguntas que me llaman,
esa Palabra que me empuja,
esa certeza de que Tú me acompañas
y nos acompañas a toda esta gran familia en el camino.

Lo he dejado todo, Señor, y te he seguido,
porque tu amor es mi aliento,
porque Tú eres mi sentido.
Gracias por llamarme a ir contigo.

Textos para orar

El Espíritu del Señor está en mí

(Lc 4, 18-19)

El Espíritu del Señor está sobre mí
-o mejor dicho está en mí-.
Me ha enviado a compartir la Buena Noticia
allá donde esté y, de modo especial,
a los «pequeños y los pobres» de hoy,
a la gente enferma,
la necesitada no sólo materialmente,
sino también de escucha, de cariño… de amor,
a la gente que vive la soledad, el abandono,
la humillación por diferentes causas.

El Espíritu no está sólo en mí,
sino en todo ser humano.
Por ese motivo, me dejo evangelizar
por la gente a la que soy enviada.
Me evangelizan con su confianza,
con las preguntas que me hacen directa o indirectamente
al conocer su realidad,
con sus conversaciones y reflexiones…
Esa relación me hace vivir desde la profundidad
-que es lo contrario que la superficialidad-
y me cuestiona cuando me desvío de este camino.

Textos para orar

Me levanto

«Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.» (Mc 2, 11)

Me dices que me levante…
cada vez que me dejo llevar por el miedo, la pereza, el cansancio…
aveces hasta llegando a justificarme para seguir tumbada,
para no superar esos momentos que me paralizan.
Pero al final, tu Palabra me cuestiona, me inquieta,
me mueve por dentro
y me impulsa a levantarme cogiendo la camilla.

Mi camilla que,
siendo el lugar donde me he «paralizado»,
puede ser también mi lugar de descanso que,
estando el tiempo necesario – ni más ni menos –
es saludable.
Mi camilla donde he vivido pesadillas y sueños,
tensión y descanso sano.
Mi camilla donde sé que voy a volver a estar de modos diferentes
pero, sin olvidar que me voy a seguir levantando,
-a veces con la necesidad de Tu ayuda-
y voy a seguir cogiéndola para ir a mi casa.

¿Y cuál es mi casa?
Mi casa es donde estás Tú,
donde los pequeños y los pobres:
donde hay gente enferma, deficiente,
marginada, humillada;
que sufre soledad;
que necesita ser escuchada, acogida, amada.

Así que, tras tus palabra ¿qué hacer?
Sólo me viene una respuesta:
levantarme,
coger bien la camilla -aunque no sé si inmediatamente-
y salir para ir a mi casa, a vista de todos.

Textos para orar

Quieres y puedes… quiero y puedo

Jesús,
sé que quieres y puedes limpiarme…
de mis momentos vencidos por la pereza,
de egoísmo, de desazón…
De los días pesimistas
en los que me pesa la tristeza;
De los días de angustia,
de miedo, de soledad…

Sé que quieres y puedes limpiarme.
Sólo me tengo que acercar a Ti
y sin decirte yo nada,
me extiendes tu mano, me tocas
y me dices: «Quiero, quedas limpia».

Tu compasión recibida me impulsa a moverme,
a caminar de nuevo
pregonando tu Palabra como quiero y puedo:
«contagiando» tu amor a los demás.

Textos para orar

Te busco y Te veo

(Jn 1, 35-42)

Todos los días inconscientemente busco algo,
y cuando estoy atenta,
reconozco que te buscó a Ti.

Sé que vives en toda la creación,
en todos los lugares, en toda la gente…
Otra cosa es que te sepa reconocer.

Ayúdame a verte con más claridad,
a ser más consciente de los encuentros,
-por sencillos que sean-
para contagiar con espontaneidad,
la experiencia del diálogo
-que puede ser en silencio-
vivido contigo.