«Siento compasión de tanta gente» (Mc 8,2). ¡Esa es la clave de Jesús!
La compasión te abre los ojos ante la realidad: «llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino».

La compasión no te paraliza a pesar de las dificultades –«¿de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?»– sino que te cuestiona y te mueve a ayudar en lo que puedas, aunque sea poco –«¿Cuántos panes tenéis?»… «Siete»-.
La compasión, o sea, la pasión con, la pasión por los demás compartida, multiplica. Multiplica tanto que de «siete panes» que había terminaron sobrando «siete canastas».
Os comparto un hecho bien concreto y actual pues, en 2020, en un barrio pobre de un pueblo de Argentina, a causa del covid 19 muchos se quedaron sin trabajo, pues vivían recogiendo cartones, chatarra, etc. y durante varios meses solo estuvo abierto lo elemental. Ante esta realidad, hubo gente se movilizó y con lo poco que aportaba alimentos quien estaba mejor, tiempo pidiendo en tiendas de alimentación, haciendo la comida y con diferentes grupos que se crearon, durante varios meses se compartió la comida tres días por semana y una merienda, aproximadamente para 110 personas.
Gracias, Señor, por enseñarnos a compadecernos por los demás, por enseñarnos a multiplicar el pan por medio de la compasión.
