Reflexiones, Textos para orar

La autoridad, el servicio, el amor

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. (Mc 9, 34)

Sí, ellos callaban… porque sabían que ese pensamiento no era adecuado, que Jesús no quiere poder, sino servicio, no quiere jefes impositores, sino animadores servidores. Jesús nos revela que la autoridad es servicio y que el servicio es signo de amor.

Como ejemplo de servicio tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo de acoger al niño.

Sé que en aquella época y cultura, los pequeños eran no tenían valor, hasta que no cumplían los doce años, no les tenían en cuenta. Pero hoy no me he centrado en eso, sino que me ha venido la realidad actual, lo experimentado por tanta gente.

Me viene la imagen del niño, que atrae a la gente con su mirada, con su espontaneidad… y a pesar de no conocerlo, casi todos tenemos ganas de saludarle. Con la mirada muchas veces nos comunicamos con él. No hay problemas de idiomas. Su sonrisa o tristeza, nos alegran o entristecen.

A la vez, es limitado, depende todavía de gente para crecer físicamente y en sabiduría, para crecer en todos sus sentidos. Esos primeros años van a marcar mucho su futuro.

Cuando vemos a un niño indefenso, el corazón se nos ablanda, queremos ayudarle, queremos servirle. Los niños nos tocan el corazón y esos sentimientos nos tienen que llevar a la acogida, a compartirles cariño, a ayudarles en sus necesidades desde nuestras posibilidades.

Señor, ayúdame a evadirme de esos pensamientos de poder cuando me vengan y acrecentar el servicio desde el amor.

Reflexiones, Textos para orar

La semilla

Me veo como esa semilla (Lc 8, 15), que cae en tierra buena y que, como dice en la explicación, dan fruto perseverando.

Y a la vez, me vuelvo a cuestionar. Creo que puedo decir que eso es lo que domina pero, debo reconocer que en momentos no le presto la atención suficiente a la Palabra o, a pesar de ser algo importante para mí, sólo se ha quedado en ese momento de oración en la capilla, sin llevarla a la práctica, a mi vida personal, sin «aterrizarla» en la vida cotidiana, sin regarla para hacerla vida.

Otras veces la Palabra me ha animado a un compromiso concreto pero, ante la primera dificultad, lo he querido dejar. Entonces ¿he vivido ese compromiso como respuesta a la Palabra o como una satisfacción personal? Es cierto que en momentos, con el cansancio, con los problemas que a veces me desbordan, puede venir el deseo de «tirar la toalla» pero, también es cierto que no debería ser ya en la primera leve dificultad.

Algunos días, los tengo tan ocupados, que no le doy espacio a la Palabra. Es cierto que son días puntuales pero, ¿no debo tener cuidado para que con tantos afanes, no se me ahogue y no madure la Palabra?

La Palabra para mí es ese momento de encuentro con Dios, pues Él me habla por medio de ella. Es ese tiempo al comienzo del día, como el desayuno que revitaliza y da fuerza para comenzar la jornada; es ese diálogo fraterno -a veces simplemente la mirada- que alienta y orienta la vida.

Gracias, Señor, por alimentarme con tu Palabra, que me ilumina, me enseña, me orienta y, te pido que me ayudes a saberla escuchar cada día, para que dé fruto la semilla, para que dé fruto yo.

Textos para orar

Te quiero acompañar

Jesús, te quiero acompañar en tu camino,
desde mi ser de mujer, de cristiana, de consagrada.

Quiero ayudarte en lo que pueda pues,
aunque mi servicio sea sencillo, sigue siendo necesario,
sigue siendo un modo de predicar la Buena Nueva.

Pero en momentos
tengo la sensación que paralizo tu camino,
con mi ritmo más lento,
con mis caídas y recuperaciones.

En esos momentos me viene la pregunta
de si soy ayuda o estorbo.

Con el tiempo me he dado cuenta
de que sigo siendo valiosa para ti,
sigues queriendo que te acompañe en el camino.

Gracias por confiar en mí,
gracias por confiar en la sencillez de mi vida.

Textos para orar

Dímelo, Maestro

Dímelo, Maestro:
sé que tienes algo para decirme
a tu manera, con tu pedagogía, con cariño.

Sé que tienes algo para decirme…
cuando te ruego tener un encuentro conmigo
pero no digo palabras de acogida en tu llegada,
no te escucho abierta a tus palabras
sino con un juicio, idea, reflexión ya «cerrada»,
que no puede cambiar.
A pesar de todo, Tú me hablas
y me intentas transformar.

Sé que tienes algo para decirme
en los momentos que juzgo a alguien,
que me olvido mirar a la gente
desde el corazón, la compasión…
y desde mi sincera «pequeñez»,
desde mi limitación e imperfección…
A pesar de todo, Tú me recuerdas tu misericordia.

Dímelo, Maestro.
Recuérdame cada día con tu pedagogía,
todo lo que me ayude
a amar y a perdonar como lo haces Tú.

Reflexiones, Textos para orar

El amor sin límite

A primera vista parece que estamos locos al celebrar la fiesta de la Exaltación de la Cruz. ¿A caso queremos exaltar la muerte dolorosa y humillante que sufrió Jesús?

Para mí es la fiesta del AMOR SIN LÍMITE y es que: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16).

Dios no desea la muerte violenta de Jesús -ni de nadie- pero sí la vida entregada con el amor sin límite. Y con el mal huso del poder de ciertas personas llevaron a crucificar a Jesús, para paralizar ese amor sin límite, que daba la dignidad a todas las personas.

La cruz es a lo que puede llegar ese amor sin límite, y al final termina siendo el símbolo de ese amor sin límite de Jesús, de su vida entregada hasta el último segundo, con todas sus consecuencias.

Gracias, Señor, por compartirnos tu Amor sin límite, por vivir el verdadero amor. Que el Espíritu nos ayude e impulse a vivirlo como Jesús.

Reflexiones, Textos para orar

El cimiento y el fruto

«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano» (Lc 6, 43).

Es cierto. Y yo añado que algún fruto se puede poner malo, pero solo alguno, lo mismo que la gente buena, la que «de su corazón sale el bien», no es perfecta.

La otra imagen que me gusta es la de «los cimientos sobre roca» (Lc 6, 48).

¿Dónde he puesto yo mis cimientos? Para mí, la roca donde he puesto mis cimientos es la fe. La fe en Dios da sentido a mi vida; mi día a día depende de la fe: el comienzo del día, mis compromisos, el modo de relacionarme con la gente.

Es cierto que en el texto pone que está sobre la roca pero, a la vez siento que esa roca, que esa fe, la tengo que ir ahondando. Si los cimientos los pongo solo en la superficie de la roca, sin «profundizarla» nada, no se protegerá de las ráfagas de viento fuerte pueden «despegarlos», moverlos de la roca. Si mi fe fuese superficial, a la primera dificultad de la vida, hubiera «tirado la toalla».

La vida bien «incrustada» en una fe profunda, supera las dificultades -no se libra de ellas-, las enfermedades, los fracasos, los duelos…

Gracias, Señor, por ser Tú mi roca, donde he puesto los cimientos de mi vida, sabiendo que así dará casi todos los frutos sanos.

Reflexiones, Textos para orar

El trato y la compasión

Este trozo del evangelio de Lucas (Lc 6, 27-38) tiene muchas frases que orientan el modo de vivir, la conducta, la relación con los demás, si queremos ser discípulos y discípulas de Jesús. Y ante tantas me quedo con dos.

La primera es: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten», que me trae recuerdos pues, con esta motivación estudié Auxiliar de Clínica -que así se llamaba antes esa Formación Profesional- y Auxiliar de Geriatría.

El haberme sentido en algunos momentos un «número», me movió a prepararme para tratar a la gente como personas que son, que somos. Quería tener ese contacto físico y afectivo, desde la acogida y el cariño que todo ser humano quiere y necesita, especialmente en situaciones difíciles por la carencia de la salud, sumando en algunos casos, la ausencia de la familia.

Es cierto que somos muy diferentes y ante ese tipo de situaciones no reaccionamos todos igual, alguno se vuelve violento, o puede que lo haya sido siempre. En las residencias de ancianos, lo mismo que en los colegios, trabajos o cualquier otro lugar donde haya un grupo de personas, encontraremos de todo: alegres y tristes, con serenidad o excesiva agresividad… Pero siguen siendo personas -como todas nosotras somos- con capacidades y carencias.

Esto mismo me lleva a la otra frase con la que me he quedado: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Este «ser compasiva» me va a ayudar a comprender más su situación, a ayudarla en lo que pueda, a perdonarla -si es el caso-, a reconocer y ver mi propia fragilidad -en todos los sentidos-, a tratarla como me gustaría que me tratasen a mí, si viviese esa misma situación.

Gracias, Señor, por tu enseñanza, no sólo desde la Palabra, sino también desde la experiencia de haberme sentido acogida por Ti; por haber sentido la compasión que has tenido por mí.

Textos para orar

Tú me nombraste

Jesús, tú me nombraste y me nombras cada día.
Me escoges – y nos escoges a cada persona – para vivir una misión.
En momentos la cabeza me da vueltas, me siento incapaz, tengo miedo…
Pero con la libertad que me das para responderte,
me puede más el contestar afirmativamente a tu llamada.

Me siento como esa gente «tratando de tocarte»;
de sentirte cada día en la oración, en la gente, en mí misma;
de acercarme a Ti en cada acción y pensamiento,
al hacer vida tu Palabra…
porque sale de Ti una fuerza que me sana.

Gracias, por darme un aliciente cada mañana;
por invitarme a un encuentro contigo al comienzo de la jornada…
por llamarme por mi nombre y apellidos o apodos;
por quererme y aceptarme con mi historia y mi carácter;
por confiar en mí para realizar la misión encomendada.

Reflexiones, Textos para orar

Los encuentros

A Jesús le presentan «un sordo» (Mc 7, 32), una persona etiquetada negativamente.

Al meterme en la piel de una persona etiquetada, mi primera reacción es no escuchar, aislarme de las personas que me etiquetan, que me marginan y esa misma reacción me dificulta la comunicación, apenas puedo hablar con ellas.

Después me acerco a las que me aceptan y me quieren tal como soy.

La situación podía terminar ahí. Me vienen a la mente personas a las que llamamos amigos, pero son solo para pasar un tiempo, para divertirnos. A pesar de la parte humana, de haberme acogido, con ellos no hay reflexiones personales, no hay profundidad en el diálogo, la relación es superficial.

Pero también están los verdaderos amigos y amigas, que no solo me acogen, sino que me ayudan a no aislarme y a tener un encuentro también por dentro. Me vienen a la mente personas concretas que me han acogido, me han ayudado a profundizar la vida con la fe -siendo ahora para mí inseparables vida y fe-, me han enseñado a escuchar desde la empatía -como lo hicieron conmigo-, me han cuestionado y ayudado a expresarme, a hablar, a poner palabras no a temas superficiales, sino a la profundidad de la vida.

En otras palabras: esas personas me han llevado a Jesús. Gracias a eso, he tenido uno… y más encuentros con Él a solas, donde me ha abierto los oídos al «escuchar» su Palabra y me ha impulsado a «hablar», a comunicarla por diferentes medios, a compartirla con mi vida en medio de la cotidianidad de cada día.

Gracias, Señor, por los encuentros que he tenido, tengo y tendré contigo, de tú a tú. Y te pido que me sigas ayudando para poder «hablar» y compartir lo más correctamente posible tu Palabra.

Mensajes del Papa

Un estilo de vida ecosostenible – El Video del Papa

¿Quién está liderando nuevos proyectos para proteger y sostener el medio ambiente? Los jóvenes, sin duda. Ellos saben muy bien que la mejora del medio ambiente y los progresos sociales están muy unidos. Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes. “Aprovechemos su ejemplo”, como dice el Papa: “especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida”. Comparte este mensaje de Francisco con tu familia y tus amigos.

“Me alegra mucho ver que los jóvenes tienen valor de emprender proyectos de mejora ambiental y mejora social, puesto que ambas van juntos.

Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes pues, en todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, los jóvenes están a la vanguardia.

Aprovechemos su ejemplo, reflexionemos, especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida.

Sobre cómo la forma de alimentarnos, de consumir, de desplazarnos o el uso que hacemos del agua, de la energía y de los plásticos, y de tantos bienes materiales son a menudo perjudiciales para la Tierra.

¡Elijamos cambiar! Avancemos con los jóvenes hacia estilos de vida más sencillos y respetuosos del medio ambiente.

Y recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes ya que están comprometidos con este cambio. Y no son tontos, porque están comprometidos con el futuro de ellos. Por eso quieren cambiar lo que ellos van a heredar en un tiempo en que ya nosotros no estaremos”.