EL Evangelio de Mateo, en el capítulo 21 nos pone la Parábola de los labradores. Para entender la reacción de ellos me cuestiona desde dónde trabajaban, con qué actitud, con qué sentido… Está claro que quisieron adueñarse de un terreno que no era de ellos. No quisieron ser conscientes de su realidad. El «poder» les pudo.

Algo parecido puede ocurrir en mi vida. Desde un primer momento yo me considero cristiana, con un compromiso como consagrada, Hermana. Y las diferentes responsabilidades que me vayan dando, lo correcto sería vivirlas desde el servicio. Lo que ocurre es que puedo caer a vivirlas desde el poder. Es cierto que nunca se me ocurriría matar a alguien físicamente, pero puedo matar el ambiente, el clima de espíritu de familia, por creerme más que las demás, por olvidarme que todas somos hermanas, por desviarme del verdadero camino que nos enseña Jesús.
Señor, gracias por confiar en mí y en cada persona que formamos la Iglesia. Ayúdame a seguir respondiendo a tu llamada desde el servicio.










