Reflexiones, Textos para orar

Pedid, buscad, llamad…

Jesús dice: pedid, buscad, llamad… o sea, que nos movamos.

Para buscar, tengo que moverme. Para llamar en este caso, que la respuesta es abrir, me tengo que acercar a esa puerta. Ante una necesidad busco donde me pueden ayudar, llamo a ese sitio y pido.

Me viene a la mente Cáritas y tantos otros servicios dentro de la parroquia que quieren ayudar, quieren encarnar el Evangelio de Jesús.

Es cierto que también hay otro tipo de necesidades que no son materiales. Recuerdo que este texto que está en Lc 11, 9-13 pero que tiene una diferencia pues pone: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» Ya que hay situaciones que lo que necesito es el aliento del Espíritu Santo, que me ayude a superar dificultades, a afrontar situaciones de sufrimiento, que me ayude a discernir qué hacer, que me impulse en el día a día…

Gracias, Señor, por el soplo que me has dado cuando estaba paralizada, por sentir tu presencia y tu paz en el sufrimiento, por poder contar con tu ayuda, buen Padre.

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Reflexiones, Textos para orar

La oración corta… o sin palabras

Hay textos bíblicos que, a pesar de no ser muy largos, tienen mucho contenido, como por ejemplo el de hoy (Mt 6, 7-15).

La oración del Padre Nuestro la sabemos, pero hay momentos que, de saberla tanto de memoria, la decimos sin pensar, sin tomar conciencia de la confianza que ponemos en nuestro Padre y del compromiso que conlleva.

Pero me quiero centrar más en el consejo que nos da Jesús de rezar sin usar muchas palabras pues, al final el exceso de palabras, muchas veces no dicen nada.

Yo cuando estoy orando, tiendo a quedarme con frases cortas y otras veces, ni eso ya que las palabras comunican pero también limitan. En momentos no sé cuál es la más adecuada para decirle lo que siento, lo que me inquieta… y como Nuestro Padre sabe lo que me hace falta, simplemente estoy presente consciente de mis sentimientos, sintiéndome «escuchada», confiando que Él me va a ayudar o que se va a alegrar, pues también hay momentos felices, de paz, que no hay modo de expresarlos.

Gracias, Señor por la empatía que tienes conmigo; gracias por a empatía que tienes con todos.

Reflexiones, Textos para orar

Conversión y sinceridad

Jesús nos dice: «Convertíos y creer en el Evangelio» (Mc 1,15).

Personalmente, hace unos años pensé que a mi edad, ya no podía cambiar. Además, las personas somos pecadoras; no son perfectas ni las santas. Y eso me reforzaba ese pensamiento de no cambiar más.

En la Cuaresma de hace dos años me dije a mí misma que la quería vivir diferente y tomé la decisión de buscar a una persona que me acompañase en mi vida interior, en mi vida espiritual.

Después de haber pasado este tiempo, me dado cuenta que esa decisión -a pesar de que cuando la tomé seguía pensando que yo no podía cambiar- ya fue un cambio. Y ese cambio también le considero conversión.

El acompañamiento me ha ayudado -entre otras cosas- a profundizar más consciente de la presencia de Dios en mi vida. Me ha ayudado a asumir más mi historia, con logros y fracasos, con momentos felices y dolorosos… Me ha llevado a ser más sincera con los demás y conmigo misma y es que… ciertas situaciones que viví quería olvidar, no quería asumir, no sólo por haber padecido algo duro, sino también fallos personales, fracasos, justificaciones falsas para evitar responsabilidades…

Para mí esta es mi conversión: la sinceridad. Que no la vivo sólo en cuaresma, sino todo el año. Pero que en esta época soy más consciente de ella, soy más consciente de mi actitud, de mis hechos, de mis sentimientos… de lo bueno y de lo malo, y a la vez vivo con más intensidad la misericordia de Dios.

Reflexiones, Textos para orar

El gran banquete

Siempre me ha llamado la atención que, a pesar de las diferencias que hay en las culturas de todo el mundo, en una cosa coincidimos todas y es que, cualquier acontecimiento importante se celebra con comida.

El texto de Lc 5, 29 también hace referencia a una comida, a un banquete, a una mesa.

Y en esa mesa estaban «publicanos y otros» ya que las mesas de las que Jesús participaba, y de las que los fariseos y escribas criticaban, eran mesas que integraban a gente.

La comida en la mesa, no es solo comida material, es también conversación, diálogo. Es un momento de conocernos más cada uno al compartir nuestras historias, pensamientos, opiniones… Es un momento de cantar, de hacer fiesta por la fecha o por algún acontecimiento.

Jesús se sumó a esa comida, a esa mesa, para celebrar la respuesta afirmativa de Leví a su llamada: «Sígueme».

Esa llamada que nos hace a cada uno de nosotros, a que le sigamos cada uno de diferentes modos.

Y nuestra respuesta afirmativa, no se vive solo ese «día de banquete» por bautizarnos, confirmarnos, o cualquier otra celebración de compromiso oficial o no, sino que se vive cada día. Esa respuesta se vive hasta en momentos de pereza, de cansancio, de dificultad… y Jesús, como buen médico, está presente de modos diferentes, con rostros diferentes, en encuentros diferentes… Jesús también está en nuestras comidas a solas con él, en silencio, pero que su presencia, a veces desapercibida, nos mueve a seguir respondiendo a su llamada.

Gracias, Señor, por llamarme e integrarme en tu mesa. Gracias por decirme cada día: «Sígueme».

Reflexiones, Textos para orar

Si alguno quiere venir…

Jesús decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga».(Lc 9, 23)

Al leer esta frase, lo primero que me viene a la mente es que yo -y nosotros-, estamos incluidos, pues se lo decía a todos, no excluye a nadie. Además, no pide cualquier cosa: negarse a sí mismo, que después con otras palabras lo expresa como perder la vida por su causa.

La verdad que es fuerte pero luego pienso y digo: en realidad, si queremos seguir a Jesús, si queremos ir en pos de Él, tenemos que amar y el verdadero amor compromete. Te hace pensar en los demás, en lo que necesitan, en expresar el cariño con pequeños detalles… te hace salir de ti, hasta cuando tú misma tienes pereza, cansancio, dificultades… las cruces de cada día.

El egocentrismo ¿no hace estar siempre insatisfecho? El amor -sin ser ese su objetivo- ¿no da alegría, felicidad, al salir uno de sí mismo y ver una sonrisa en los demás?

Señor, con tu ayuda deseo tomar mi cruz de cada día y seguirte compartiendo tu amor y tu esperanza.

Reflexiones, Textos para orar

El pan

Jesús nos hablaba a veces con lenguaje metafórico (Mc 8, 14), lo mismo que nosotros muchas veces lo hacemos, tenemos expresiones que al traducirlas a otro idioma, no lo podemos hacer literalmente. El riesgo de este lenguaje es que sea mal interpretado, o que por mucho que él nos diga una cosa, nosotros nos ceguemos en la preocupación que tenemos, aunque no tenga que ver nada con el tema.

Ellos parecen preocupados porque no tienen pan, que si lo traigo mi vida, me recuerda esos momentos vividos con pesimismo, con desesperanza. Pero Jesús recuerda la multiplicación de panes, recuerda un signo de esperanza ante la dificultad.

Gracias, Señor, por recordarnos los signos de esperanza vividos en momentos de preocupación, de desolación.

Reflexiones, Textos para orar

La compasión

«Siento compasión de tanta gente» (Mc 8,2). ¡Esa es la clave de Jesús!

La compasión te abre los ojos ante la realidad: «llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino».

La compasión no te paraliza a pesar de las dificultades –«¿de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?»– sino que te cuestiona y te mueve a ayudar en lo que puedas, aunque sea poco –«¿Cuántos panes tenéis?»… «Siete»-.

La compasión, o sea, la pasión con, la pasión por los demás compartida, multiplica. Multiplica tanto que de «siete panes» que había terminaron sobrando «siete canastas».

Os comparto un hecho bien concreto y actual pues, en 2020, en un barrio pobre de un pueblo de Argentina, a causa del covid 19 muchos se quedaron sin trabajo, pues vivían recogiendo cartones, chatarra, etc. y durante varios meses solo estuvo abierto lo elemental. Ante esta realidad, hubo gente se movilizó y con lo poco que aportaba alimentos quien estaba mejor, tiempo pidiendo en tiendas de alimentación, haciendo la comida y con diferentes grupos que se crearon, durante varios meses se compartió la comida tres días por semana y una merienda, aproximadamente para 110 personas.

Gracias, Señor, por enseñarnos a compadecernos por los demás, por enseñarnos a multiplicar el pan por medio de la compasión.

Reflexiones, Textos para orar

Mujer, madre y extranjera

Al leer el texto de Jesús y la mujer fenicia (Mc 7, 24-30), casi sin pensar, lo primero que me ha venido es lo que hacen tantas madres por sus hijos y en este caso, por su hija.

Pero esa mujer tuvo que romper varias «barreras».

Necesitaba creer en «ese Dios» que no era el suyo, el de su tierra, el de su cultura, pues era pagana. Y esa fe la movió a ir hacia Jesús, a pesar de ser mujer, pues no era normal que un hombre hablara con una mujer y encima extranjera. Esa fe y ese amor maternal de hacer todo lo posible porque se sanase su hija, hizo que fuese a buscarle y se echó a sus pies.

La primera respuesta de Jesús, en realidad no fue a su favor. Pero la mujer reaccionó, no se «paralizó» ante la respuesta, sino que insistió.

Jesús se dejó transformar por el amor de una madre.

El reflejo de la fe de esa mujer es que con las palabras que luego dijo Jesús, le creyó, no tuvo que acercarse donde su hija. Solo necesitaba su Palabra.

Y es que la verdadera fe nos mueve hasta romper las «las barreras» que a veces ya estaban puestas -en el lugar que vivimos, en la época- y otras que nosotros mismos las creamos, como puede ser minusvalorándonos.

Reflexiones, Textos para orar

Las apariencias engañan

Lo mismo que a veces ciertas situaciones o reflexiones me recuerdan algunos textos bíblicos, Jesús -en Mc 7, 6- recuerda uno de Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío». Lo que se puede decir con dichos populares: «las apariencias engañan».

Por este motivo, me vienen ciertas preguntas:

¿Vivo mi fe desde la sinceridad, o puede más mi preocupación por la apariencia, en mi caso como religiosa? ¿La liturgia la vivo solo desde la obligación, o desde la fe que me une con mis hermanas y hermanos de la Congregación, de la parroquia, de la Iglesia? ¿Los sacramentos los vivo con rutina, o los celebro renovando mi compromiso bautismal cada vez que comulgo, reconociendo mi debilidad y la misericordia de Dios en la reconciliación…? ¿Cómo trato a mi padre, a mi madre, a toda mi familia, a mis hermanas de congregación, amigos y toda la gente que se ha cruzado y se cruza cada día en mi vida? ¿Con cariño o con frialdad? ¿Desde la acogida o desde el rechazo?

Creo que son preguntas que de vez en cuando viene bien recordar, o me puedo plantear otras que me ayuden a aterrizar cómo vivo cada día. No vaya a ser que me cree unas «tradiciones» que en un principio parecen buenas, y al final se terminen deformando y solo sirvan para evitar otros compromisos que debería vivir desde la espontaneidad, desde dentro.

Reflexiones, Textos para orar

Oración y compromiso

Bastantes veces, en los comentarios o reflexiones sobre el texto Mc 1, 29-39 recalcaba el compromiso y la oración que vivía Jesús cada día. Por eso, a todos los que queremos seguirle, nuestro día a día tiene que tener esa combinación inseparable… pero no como una rutina.

Una oración en la damos gracias por lo vivido, en la que compartimos los sentimientos, los pensamientos, el cansancio,… en la que hacemos silencio para escuchar a Dios y discernir qué tenemos que hacer… Vivir una oración con profundidad, sentido y constancia, pues es como el alimento imprescindible para vivir.

Esa oración que nos lleva a la acción con su pedagogía de servicio y cariño: se acercó, la cogió de la mano y la levantó… la animó, la liberó. Que nos lleva a hacer y vivir desde dentro, no desde la rutina. Que a veces nos lleva a desplazarnos, a cambiar el lugar físico donde realizar el servicio y otras el modo de hacerlo, de vivirlo.

Señor, que la oración contigo me lleve a acercarme a la gente que necesita ayuda, para después cogerla de la mano con cariño y levantarla con humildad.