
«Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen».
(Jn 10, 27)

«Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen».
(Jn 10, 27)

Felices los humildes, porque son «grandes de corazón».
Felices los que tienen serenidad con la gente, capacidad de escucha, como la tiene el Señor.
Felices los que tienen sentimientos por ellos mismos y por los demás, porque una vida sin sentimientos es una vida fría, sin sentido.
Felices los que luchan por la justicia, con los medios que tienen a su alcance, a pesar de que sean pocos.
Felices los misericordiosos, los que perdonan, porque saben reconocer con más facilidad, la misericordia que tiene el Señor con todos.
Felices los que todo lo que hacen, lo hacen de corazón, con sinceridad, con empatía.
Felices los que hacen todo lo posible por crear un mundo de paz, que no es solo la ausencia de la guerra
Felices los que tienen que padecer dificultades y, a veces, hasta peligro, por ser fieles al amor de Dios, porque el Espíritu, que siempre está con ellos, les dará la fuerza, la esperanza y la alegría suficiente para superar los sufrimientos.

Sin sonrisa no es posible demostrar amistad.
(San Juan Bosco)

No somos cristianos por una idea o decisión ética, sino por encontrarnos con Jesucristo.
(San José Gabriel del Rosario Brochero)
«Dejaron las redes… Dejaron la barca…».
¡Qué cosa! Simón, Andrés, Santiago, Juan… fueron llamados por Jesús mas, para seguirle, tuvieron que dejar algo, tuvieron que desprenderse de algo. Y no de cualquier cosa, sino de lo que usaban todos los días para su trabajo matutino, o sea, ese despojo significaba un cambio total en su vida.
A la vez pienso que en diferentes momentos de su vida, tuvieron que desprenderse de otras cosas o/y personas importantes en su vida; tuvieron cambios en el modo de vivir ese seguimiento a Jesús, al hacerlo en otro lugar, con otra gente, en otras situaciones, siendo también otro modo de desprenderse. Ese «dejar» no tiene por qué ser sólo de cosas físicas pues, las redes y la barca abarca también todo su contexto, la gente con la que trabajaban, la rutina de todos los días ya bien aprendida.

Me hace recordar los cambios de proyectos y lugares en los que he estado que me hicieron desprenderme físicamente de compañeros y compañeras, amigos y amigas; de contexto la misión; de modo de llevarlo a cabo, al ser diferente la realidad del momento, la de las personas donde estoy, la de la parroquia, la congregación y hasta la mía.
¿Has dejado algo en algún momento para seguir a Jesús? ¿Has tenido cambios de compromisos que te han hecho desprenderte de de algo, de alguien? ¿De qué te tienes que despojar para poder responder hoy a la llamada de Jesús?

Es fácil llevar a Jesús en el pecho, lo difícil es tener pecho y coraje para seguir a Jesús.(Pedro Casaldáliga)

Con qué facilidad un viento más fuerte apaga las velas… Señor, no permitas que esto le suceda a la llama interior. Protege, Señor, la llama del amor por la vida, la llama de la esperanza.
(Don Helder Cámara)

«Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo».
(Jn 1, 33)

Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Se levantó y lo siguió.
(Mc 2, 14)

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».
(Mc 1, 41)
"Mira que estoy a la puerta y llamo..." (Ap 3,20)
Jóvenes Católicos y orgullosos de ello
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