Me parece que ciertos textos de la Biblia no necesitan ninguna explicación. Como por ejemplo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Lo que sí necesita es una reflexión: ¿de verdad amo al Señor?

Algunos dirán que esto no es evaluable mas, teniendo en cuenta el texto de 1Jn 4, 20-21: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano».
Esto me lleva al amor a mi hermano que es el prójimo. Y esto sí puedo comprobarlo con mi actitud hacia esa persona; si la escucho, ayudo en las necesidades que yo pueda, comparto tiempo… Hasta lo puedo concretar respondiendo a las preguntas de dónde, cuándo y cómo.
Y… ¿conmigo misma?
Falta responder a esas preguntas y no sólo ahora, sino revisarlas también con cierta frecuencia.
Señor, ayúdame a ser constante en el mandamiento del amor.









