Reflexiones

EL CONVITE DE CADA DÍA

En la Palabra, está reflejado Dios y también nosotros. Y el texto de… hoy me hace centrarme más en mi reacción o/y actitud, que en la de Él pues, está bien claro que tiene preparado el banquete e insiste a invitarme, a invitarnos.

En esa invitación que me da cada día, cada momento, ahora mismo: ¿cuál es mi reacción? ¿Busco escusas sin sentido para no participar? ¿Me vence el desánimo, cansancio resultándome un grande esfuerzo ir a la boda, a pesar de ser un encuentro de alegría y fiesta? ¿Soy consciente de las veces que insiste en invitarme? ¿Pongo interés en que me invite? ¿Quiero que me invite? ¿Me reconozco dentro de esos «malos y buenos», o sea, no «perfectos»?

En medio del ruido de cada día, busco un momento que me ayude a estar más atenta a tu llamada y a sincerarme cómo es mi respuesta ante tu convite aquí y ahora.

Gracias, Señor, por seguir insistiendo en llamarme cada día a acercarme a tu Reino de los Cielos, por seguir invitándome a la boda, a un encuentro alegre contigo, a una fiesta compartida

Reflexiones, Textos para orar

LA ACTITUD DEL SERVICIO

EL Evangelio de Mateo, en el capítulo 21 nos pone la Parábola de los labradores. Para entender la reacción de ellos me cuestiona desde dónde trabajaban, con qué actitud, con qué sentido… Está claro que quisieron adueñarse de un terreno que no era de ellos. No quisieron ser conscientes de su realidad. El «poder» les pudo.

Algo parecido puede ocurrir en mi vida. Desde un primer momento yo me considero cristiana, con un compromiso como consagrada, Hermana. Y las diferentes responsabilidades que me vayan dando, lo correcto sería vivirlas desde el servicio. Lo que ocurre es que puedo caer a vivirlas desde el poder. Es cierto que nunca se me ocurriría matar a alguien físicamente, pero puedo matar el ambiente, el clima de espíritu de familia, por creerme más que las demás, por olvidarme que todas somos hermanas, por desviarme del verdadero camino que nos enseña Jesús.

Señor, gracias por confiar en mí y en cada persona que formamos la Iglesia. Ayúdame a seguir respondiendo a tu llamada desde el servicio.

Reflexiones

APARIENCIA O SINCERIDAD

La cuestión de la cita Mt 21, 31 es: «¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?», yo la haría de otro modo preguntándome desde donde la respondo: ¿desde el quedar bien o con franqueza? ¿Desde la apariencia o desde una fe verdadera?

Ya que si respondo con la primera motivación, al final sólo lo vivo exteriormente, impidiéndome responder cada día a su llamada. Un día lo podría hacer pero, la constancia sería muy difícil, por no decir imposible. Al final, me lleva a decir una cosa que no la realizo; las palabras y los hechos no van por el mismo camino. 

En cambio, si lo hago desde la sinceridad, me puedo confundir, puedo tener momentos que me gane el cansancio, el «bajón»… Es cierto. Pero también me puede llevar al arrepentimiento que, eso mismo, me impulsa y me lleva a responder a su llamada, en medio de la dificultad.

Señor, ayúdame a responderte desde dentro, desde la sinceridad para que sea constante cada día en el trabajo de tu viña.

Reflexiones

LA MOTIVACIÓN Y EL SALARIO

¿Cuál es la motivación que me mueve seguir a Jesús? ¿Es lo que me va a pagar o es Quién alimenta mi día a día? ¿El premio futuro o Quién da sentido a mi vida?

El denario es lo que necesitaban cada día para alimentarse. Pienso que, por ese motivo, les pagaba un denario, sin tener en cuenta las horas que habían trabajado.

Los primeros eran los únicos que sabían cuánto les iba a pagar y se quejaron, además de ser conscientes desde un primer momento que iban a estar todo el día con bochorno por un denario. Pero al comparar el tiempo que trabajaron los otros y el salario que recibieron, pensaban que iban a recibir más de lo acordado.

En realidad, nuestro «salario» es lo que necesitamos, no lo que ganamos por nuestro esfuerzo. Y es que, el verdadero motivo de trabajar en la viña del Señor, no debería ser por lo que nos va a «pagar», sino por sentirnos atraídos, llamados, con ganas de seguirle, de trabajar por Él, confiando que me voy a recibir lo que necesite en cada momento.

Gracias, Señor, por el criterio que tienes para pagarnos; por hacerlo según nuestras necesidades.