Reflexiones, Textos para orar

La discusión

El verbo ver, siempre no quiere decir: percibir con los ojos.

Este diálogo refleja que los discípulos no tenían las cosas claras, tenían sus dudas y me imagino, que tampoco todos veían a Jesús de la misma manera.

En medio de este diferente modo de verle, vino la discusión: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver?» (Jn 16, 19)

Y es que, depende cómo interpretemos el verbo ver, su significado va a ser muy diferente. Podemos pensar en ver con los ojos, o en ver desde dentro.

Podemos sentir su presencia en la oración personal, en el diálogo profundo con otra persona, en la acogida recibida, en la persona que tiene alguna necesidad, en la Eucaristía y diferentes encuentros con otras personas para orar, reflexionar… en cualquier momento del día. Podemos sentirle en momentos de dolor y de alegría, de angustia y de esperanza, de cansancio y de compromiso…

Es verdad que este modo de verle, en momentos cuesta más. Acostumbrados a ver lo inmediato, lo claro… y en momentos con una vida cronometrada, teniendo en la mente sólo lo que tenemos que hacer, casi sin vivir conscientemente el presente… no ayuda.

Al terminar el día y «releer» lo vivivo, puede ser otro momento donde podemos verle.

Lo que sí que está claro es que, al verle, la tristeza se convierte en alegría.

Gracias, Señor, por darnos la oportunidad de seguir viéndote y te pido que nos sigas enseñando a verte, a sentir tu presencia cada día.

Reflexiones, Textos para orar

La tristeza

«Por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad.» (Jn 16, 6-7)

Y es que Jesús no esconde las noticias tristes, sino que dice la verdad, es sincero, no engaña.

En medio de esta noticia, me imagino cómo estarían todos los que le escuchaban.

Me viene a la mente la separación de una persona significativa… Saber que no le vas a volver a ver… por mucha fe que tengas, no te quita el momento de tristeza. Su ausencia, no poder verle, ni hablarle, ni tocarle, ni abrazarle… No poder escuchar sus palabras, su enseñanza, su acogida, su cariño… como hacía Jesús. ¡Ese duelo hay que vivirlo!

Pero en medio de este dolor, les dice que no los deja solos.

Ahora el Paráclito, el Espíritu de Dios está en nosotros, nos anima, nos recuerda las palabras de Jesús, nos acompaña en el camino…

Gracias, Señor, por estar siempre con nosotros y seguir dándonos aliento, fuerza, sentido cada día.

Reflexiones, Textos para orar

Amigos y amigas de Jesús

A veces, al leer el evangelio de un domingo y quererlo orar, me viene la duda de por dónde empezar, porque muchas frases me llaman, me atraen. Y eso me ha pasado con Jn 15, 9-17. Pero al final me he centrado en una frase: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer».

Jesús se pone a nuestra altura; nos llama amigos.

No nos pone unas normas que debemos obedecer sin pensar, sin reflexionar, sin sentirnos motivados… Sino que se hace amigo nuestro, nos comparte lo que «ha oído al Padre» y lo hace vida con su testimonio.

A veces hay gente que dice ser amiga y ante la primera dificultad… «desaparece por arte de magia». En cambio, Jesús dijo que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos… y la dio.

Tras ver su vida entregada -que es el reflejo del amor- y queriéndonos contagiar su alegría… ¿qué decirle? ¿Qué hacer?…

Yo también quiero ser y estar en tu grupo de amigos y amigas.

Textos para orar

Al comienzo del día, aquí estoy

Aquí estoy, Señor, al comenzar el día, en la capilla,
para ser más consciente de tu presencia en dentro de mí.

En medio de la ausencia de ruido exterior, intento silenciarme por dentro,
crear un clima de atención, para poder «escucharte»,
para poder «sentirte»,
para poder «verte y contemplarte».

Reconozco que en algunos momentos, se me taponan o cierran los oídos,
la atención la pongo en otro lugar
-unas veces consciente y otras casi sin pensar-,
dificultando de este modo el poder oírte.
Pero de todos modos, sé que tú estás conmigo.

Otras veces, a pesar de estar atenta, tampoco te escucho pero,
no sólo sé que tú me acompañas,
sino que lo siento, siento tu presencia.

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de tu Palabra,
que entra y penetra por todos los sentidos,
para alimentarme por dentro,
para tomar mi primer «desayuno» bien nutritivo y con calma.
De este modo, no me sentará mal, sino lo contrario,
y aprovecharé todos tus «nutrientes» al máximo.

Aquí estoy, Señor.

Testimonios

La canción LA HERIDA QUE TE HIRIÓ — Hijas de la Cruz América Latina

LA HERIDA QUE TE HIRIÓ(A Sor María Laura Mainetti HC, con motivo de su Beatificación- 6/6/2021) Suscríbete a mi canal. Letra y Música: Hna. Gabriela Paredes HCLeonardo López Castro, arreglador,Raimundo López Castro productor,Claudio Partenzi colaborador LA HERIDA QUE TE HIRIÓ Y si te pienso, veo un mundo mejorY si te rezo, sé que estás ahíAbrazada […]

La canción LA HERIDA QUE TE HIRIÓ — Hijas de la Cruz América Latina
Reflexiones, Textos para orar

Permaneced en mi amor

Jesús no dice cualquier cosa, ya que, «permanecer en su amor» (Jn 15, 9), es vivir un amor sin fronteras de todo tipo, fronteras físicas y sociales, fronteras que pueden llegar a humillar y hasta matar. Es vivir un amor que dignifica a las personas con quien lo comparte, con quien lo vive; les da aliento, alegría, esperanza… Es vivir un amor sin límite, un amor que arriesga su vida, que da la vida, que entrega su vida.

Y permanecer quiere decir comprometerse, vivirlo en momentos buenos y malos, fáciles y difíciles, esperados e inesperados, alegres y tristes, con fuerza y con cansancio… ser constante pase lo que pase.

«Permaneced en mi amor», son cuatro palabras que unidas tienen mucha fuerza.

Mi deseo y el deseo de mucha gente es vivir estas palabras. Muchas personas nos sentimos llamadas, estimuladas, impulsadas a vivirlas, a pesar de nuestras caídas y momentos de conflicto, de apuro, de dificultad.

Señor, gracias por contagiarnos tu amor; por motivarnos y ayudarnos a permanecer en él. Gracias por darnos la oportunidad de que nuestra alegría llegue a plenitud.

Reflexiones, Textos para orar

La paz diferente

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde.» (Jn 14, 27)

Jesús nos deja esa paz, que como él mismo dice, no es la del mundo, -no es la ausencia de la guerra- sino que se refiere a lo contrario de turbarse el corazón y de acobardarse.

La paz que nos deja es la serenidad, la calma; es la fuerza, el impulso, el ánimo -en este caso- por seguirle en medio de su «ausencia», de su nueva situación tras su crucifixión. La paz que a veces sentimos en momentos de angustia, de dolor, de tristeza… como les ocurrió a sus discípulos; que da alegría a pesar de la ausencia física. La paz que en momentos contradice la lógica… La paz que es un modo de hacerse presente Jesús, especialmente cuando más le necesitamos. La paz que no tiene palabras, pues se quedan cortas para expresar lo que de verdad se siente…

Gracias, Señor, por dejarnos tu paz; por dejarnos ese sentimiento que es inexplicable y, en momentos, contradictorio. Gracias por dejarnos tu paz que nos anima e impulsa a seguir amándote.

Textos para orar

Acción de gracias

Al leer las palabras que dijo Jesús (Mt 11, 25-30), lo único que me viene es una acción de gracias:

Gracias, Padre, por habernos revelado tu Palabra por medio del Hijo.
Palabra que es alimento y aliento desde el comienzo del día,
que despierta el corazón con tu llamada,
que orienta en el camino de la vida,
que da esperanza en momentos de dolor…

Gracias por animarnos a ir a Ti en medio del cansancio, del desaliento, del agobio…
sabiendo que nos alivias el peso que cargamos,
nos aligeras el dolor,
nos sigues dando aliento.

Gracias por esos momentos de descanso compartido contigo.
Son momentos que nos reconfortan y nos animan a seguirte,
a llevar tu carga ligera con alegría y esperanza.

Reflexiones, Textos para orar

Escucharle y creerle

En medio de un diálogo, Jesús dice: “Os lo he dicho, y no creéis”.

El problema de estos hombres no es que no le hubiesen escuchado, pues Jesús ya se lo había dicho. El fallo creo que es con qué actitud le escuchaban.

Una cosa es escuchar habiendo juzgado mal a la persona, con desconfianza, con una respuesta o comentario preparado, antes de haber terminado de hablar la persona, en este caso, Jesús.

El otro modo es siguiendo esa expresión popular de: “soy todo oídos”. Es dejarme empapar por sus palabras, que lleguen a dentro, que me cuestionen, que me transformen. Y yo le sigo, sigo su Palabra para seguir escuchándole y seguir transformando mi vida, seguir comprometiéndome cada día, seguir sintiendo su presencia.

Creo que la verdadera pregunta no es: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Sino, ¿Hasta cuándo queremos estar en suspenso?

Señor, nos lo has dicho y te hemos creído. Soy feliz, muchos somos felices, de poder formar parte de tus ovejas.

Reflexiones, Textos para orar

Discípulos y discípulas de Dios

Como dijo Jesús al gentío: «Está escrito en los profetas: Serán todos discípulos de Dios» (Jn 6, 45) Todos somos llamados; no hay excepción. Todas las personas tenemos que responder a una llamada, a Su llamada. Y para ello tenemos que escucharle, como también dice: «Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí».

Nuestra respuesta va a depender de que le escuchemos y de cómo le escuchemos, con qué actitud, con qué sentimiento: con miedo o con confianza, con disponibilidad o con reserva…

Él quiere que seamos sus discípulos, pero no nos obliga, nos da la libertad de hacerlo o no. Por eso, muchas veces recuerdo la expresión libremente y por amor que tenemos en nuestro libro las Hijas de la Cruz. Y el punto es el siguiente: En respuesta a esta llamada, libremente y por amor, elegimos vivir el Evangelio.

Todo discípulo tiene que vivir y proclamar el Evangelio, la Buena Nueva del Amor de Dios y hay muchos modos de realizarlo. Todos somos capaces de hacerlo: casados, solteros, religiosos, sacerdotes… Todos los que escuchamos al Padre, nos sentimos contagiados de su amor y llamados a contagiarlo a los demás, a vivirlo con los demás.

Señor, cada mañana aquí vengo a escucharte. Reconozco que no tengo todos los días la misma atención, pero siempre queriendo seguir aprendiendo de ti y así, poder seguir creciendo como discípula tuya.

Gracias por confiar en todos para ser tus discípulos y discípulas.