
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
(Lc 5, 5)

«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
(Lc 5, 5)

Jesús confía en nosotros una misión, lo mismo que hizo con Pedro (Mt 16, 18), sabiendo que nos cuesta responderle con un servicio total, arriesgando y hasta perdiendo nuestra propia vida. Y nos cuesta mucho más comprenderlo en los países donde no es un riesgo ser cristiano ni defender personas con carencias. Pero donde se vive esta llamada defendiendo a nuestros hermanos, a pesar de saber que arriesga su vida, eso es vivirla en plenitud.
En los lugares donde no hay ese riesgo, veo importante vivir nuestra llamada con sinceridad, respondiendo desde dentro, desde el discernimiento y no con la preocupación del qué dirán, que nos impide responder lo que el Señor confía en mí, en ti, en cada uno de nosotros.
Señor, como a Pedro, corrígeme cuando vaya por el camino desviado y así, sepa renunciar y cargar con mi cruz para seguirte.

El evangelio de hoy nos dice: «Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala del banquete se llenó de comensales.»
(Mt 22, 10)
Y es que, Jesús nos invita a toda la gente la boda, con nuestros errores, nuestras fragilidades, pero con una ropa para esta boda, ropa de encuentro con Él, es decir, con ropa imperfecta con fallos, roturas, agujeros, reme dados y arreglados por medio de la sinceridad con él y con nosotros mismos.
Gracias, Señor, por invitarnos y dejarnos responder sin preocuparnos de la apariencia, sino todo lo contrario: libremente con sinceridad.

«El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.»
(Rom 8, 26)
La vida es un camino con sus momentos cuesta arriba ligeros y pronunciados, sus partes llanas, y las rutas cuesta abajo, que debemos tener cuidado de hacerlas lentamente para no caer rodando.

No siempre se puede -ni se debe- ir a la misma velocidad. Ni siempre tenemos la ruta bien marcada.
Lo que sí está bien claro, es que nunca -hasta cuando se siente la soledad- Él está con nosotros. Y que, se necesitan momentos de pararse, de descansar y de curar las heridas de los tropiezos y caídas, para seguir peregrinando hasta el final.
Comenzamos unas Hijas de la Cruz unos días de descanso y encuentro entre nosotras, donde compartimos nuestra fe, carisma y misión que nos une, además de conocernos más compartiendo tiempo de modos informal.

De verdad siento -y sentimos- en estos momentos este texto:
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
(Mt 11, 28-30)

El mensaje evangélico que acogemos, tenemos que transmitirlo, ante todo, por lo que somos. En la sencillez de nuestras vidas, damos testimonio de la alegría de vivir con Dios y para Él.
(E.V. 69)

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
(Mt 11, 28-30)

«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
(Mt 10, 42)

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
(Jn 6, 51)
"Mira que estoy a la puerta y llamo..." (Ap 3,20)
Jóvenes Católicos y orgullosos de ello
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