
Jesús confía en nosotros una misión, lo mismo que hizo con Pedro (Mt 16, 18), sabiendo que nos cuesta responderle con un servicio total, arriesgando y hasta perdiendo nuestra propia vida. Y nos cuesta mucho más comprenderlo en los países donde no es un riesgo ser cristiano ni defender personas con carencias. Pero donde se vive esta llamada defendiendo a nuestros hermanos, a pesar de saber que arriesga su vida, eso es vivirla en plenitud.
En los lugares donde no hay ese riesgo, veo importante vivir nuestra llamada con sinceridad, respondiendo desde dentro, desde el discernimiento y no con la preocupación del qué dirán, que nos impide responder lo que el Señor confía en mí, en ti, en cada uno de nosotros.
Señor, como a Pedro, corrígeme cuando vaya por el camino desviado y así, sepa renunciar y cargar con mi cruz para seguirte.









