Reflexiones, Textos para orar

La capacidad

Al leer la parábola del evangelio de hoy (Mt 25, 14-30), me llama la atención el tercer empleado con lo primero que le dice a su señor en ese diálogo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces». Sentía una exigencia incapaz de realizarla, que le dio miedo y esto le paralizó; ni siquiera se le ocurrió llevarlo al banco donde pudiese recoger los intereses.

Esto me hace una pregunta: ¿sabía que era así de exigente porque le conoce de verdad o porque se ha hecho esa imagen de él? Pues en realidad, pedía el trabajo a cada cual según su capacidad (v. 15).

Y trayéndolo a mi vida… ¿qué imagen tengo de Dios? ¿Es Él quien me pide demasiado o soy yo misma quien me lo exijo?

Vuelvo a insistir: Él pide a cada cual según su capacidad, pues reconozco que a veces me exijo más de lo que puedo o me siento capacitada, y en momentos me bloqueo, me paralizo al sentirme agobiada, incapacitada, desbordada. Pero soy yo que me pongo a mí misma esas exigencias, o que ante una situación a la que no estoy acostumbrada, mis pensamientos me desbordan. No es Él quien me las pone.

Señor, gracias por pedirme según mi capacidad y por animarme y ayudarme a desarrollarla.

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