Ahí me veo, alrededor de Jesús (Lc 5, 1), cada vez que me pongo vivir una oración personal o comunitaria, un encuentro con su Palabra, una Eucaristía.
Y en la oración de hoy, Jesús me dice y nos dice: «Rema mar adentro y echad redes para pescar» (Lc 5, 4).

A pesar de las pocas hermanas que estamos; a pesar de la poca gente que participa físicamente en la parroquia; a pesar de la racha de robos en la capilla; a pesar del «deterioro» de parte de nuestros amigos, familiares, hermanas… si no están ya están ausentes; a pesar de tantas situaciones que si nos encerramos en ellas nos crece la tristeza, el pesimismo, la desesperanza, la angustia… Tú confías en nosotros, nos animas y nos dices «Rema mar adentro y echad las redes».
En momentos me siento como Pedro: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada»… (Lc 5, 5)
Maestro, ¡me siento tan «poca cosa»! Y ante situaciones que están ocurriendo ¿qué puedo hacer? Ante el robo, ante la enfermedad, ante la violencia y si vamos más lejos, ante la situación de Haití, de Afganistán… y de tantos otros lugares en los que sufren, pero no informan, pues no interesa.
A pesar de eso, confío en Él; quiero responder como Pedro: «pero, por tu palabra, echaré las redes».
Echaré las redes con cariño, acogida, sencillez, sin fijarme ni centrarme en la cantidad de peces, pues ni nos dicen el número. Dice muchos y que necesitó ayuda de otra barca, lo mismo que yo necesito ayuda para echar mis redes en Cáritas o en otro lugar. Jesús dijo: echad redes, o sea, no las tenía que echar Pedro solo, sino con la ayuda de los demás que estaban en la barca, en la Iglesia.
Mi respuesta personal, la hago en comunidad, como tantas otras personas, donde a la vez nos ayudamos mutuamente a responder la llamada de Jesús.
Gracias, Señor, por comunicarnos la Palabra de Dios, y por medio de ella, animarme y animarnos a echar las redes en comunidad.
