Recuerdo que, hace ya unos cuantos años, un chico dijo que no le gustaba la reacción en la que Jesús echa a los vendedores y cambistas del templo (Jn 2, 14-17), porque le parecía violenta. ¿Cómo puede hacer un azote de cordeles, o sea, un látigo, y echarlos a todos del templo?
La verdad, que esa herramienta me da miedo; solo de verla, pienso en dolor. Pero lo cierto es que no pone que diese a alguien con el látigo, sino que los echó, esparció las monedas a los cambistas y les tiró las mesas. Además, tuvo el detalle de no tirarles nada a los que vendían palomas, sino sólo decirles que lo quitasen y no convirtiesen en un mercado la casa de su Padre…
Ante esta escena, me vienen dos palabras: humanidad y pobres.
Humanidad, por la humanidad de Jesús. Él tuvo sentimientos como nosotros; sentimientos de alegría y tristeza, de valor y de miedo, de serenidad y rabia… que para mí, son signos de humanidad. En este momento de rabia, al ver un puro comercio en el templo, echó a los vendedores, pero no pone que los hiriese aunque tuviese la herramienta para hacerlo. Y desde su rabia, desde su humanidad, quiso quitar el comercio y volver a dar el verdadero sentido del Templo, el lugar de encuentro con Dios, reconociendo que no es el único sitio, pues también está en cada persona, en cada uno de nosotros y de nosotras. Como dice San Pablo: somos Templo de Dios (1 Cor 3, 16).
Y aquí viene la segunda palabra, la de los pobres pues, a los que vendían las ofrendas de gente con dinero o a los que cambiaban las monedas, reaccionó de un modo más violento. Pero a los que vendían palomas, o sea, a los que vendían lo que ofrecían la gente pobre a Dios, según la Ley, no les tiró nada, sino que les pidió que lo quitasen para que no se convirtiera en un comercio. Para mí es un reflejo de la prioridad que da a los pobres, que además son reflejo de la injusticia, de la desigualdad, del egoísmo…
La humanidad de Jesús se refleja también en este gesto a favor de los pobres.

Señor, gracias por tu humanidad, por tus sentimientos,
pues me ayuda a sentirme comprendida por Ti
en situaciones similares, en situaciones de rabia.
Gracias, por dar preferencia a la gente pobre,
a la necesitada, la marginada, la humillada…
la que tiene sed de justicia.
Y gracias por violentarnos por dentro,
por removernos para no desvirtuar
la verdadera función de los diferentes templos
donde Tú estás presente.
