Reflexiones, Textos para orar

Orar siempre

Pido perdón con antelación por no haber echo caso a la parábola de la viuda insistente o del juez -dependiendo por dónde se mire-. Pero al orar me he centrado solo en lo que quería conseguir Jesús con esa parábola, o sea, «explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse» (Lc 18, 1).

Yo suelo decir que lo más complicado de cualquier cosa que se haga, por simple que sea, es la constancia. Y Él dice de «orar siempre».

Hay días que por diferentes motivos me cuesta más orar que buscarle una excusa para no hacerlo. Pero reconozco que es bueno orar siempre, aunque en esos momentos no lo crea, no lo sienta.

Orar los días buenos, con ánimo, con la sonrisa sincera reflejada en el rostro… y los malos, que deseas que terminen pronto para poder recobrar en algún momento la alegría de cada jornada.

Orar pidiendo… fuerza, impulso, serenidad… y todo lo que Él sabe que necesito sin que se lo diga. Y orar también agradeciendo lo vivido, lo recibido, lo sentido, que hasta me ayuda a ser más consciente de lo positivo en este mundo donde la mayoría de las noticias que circulan son las negativas.

Orar hablando cuando siento la necesidad de expresar algo, bueno o malo, con alegría o tristeza, con certeza o duda… Y orar escuchando su Palabra, acontecimientos, frases que tocan por dentro, que me cuestionan y que siento que Él me puede hablar por ese medio.

Orar intentando crear un clima de silencio no sólo fuera, sino también dentro de mí. Un silencio que me hace más consciente de su presencia, del encuentro con Él, del tiempo dedicado a Quien da sentido a mi vida. Y orar también con ruido, no sólo exterior, sino también interior, que es el que más me molesta y me dificulta escucharle. Ese ruido interior, esos pensamientos continuos por diferentes motivos que me desvían de la oración.

Gracias, Señor, por motivarme a orar.

Gracias por esas oraciones que se me hacen eternas,
me cuesta centrarme y, por ese motivo
no las encuentro sentido,
no las veo oportunas,
me parecen una pérdida de tiempo
en este mundo tan cronometrado.

Gracias por esas oraciones
en las que sé que Tú estas conmigo,
aunque no te vea;
sé que Tú me hablas,
aunque no te oiga;
sé que Tú me tocas,
aunque no por fuera, sino por dentro.

Gracias, también por esos encuentros
intensos, inolvidables,
con alegría y fuerza para seguir.
Encuentros que me dan la certeza
de que Tú existes aquí,
no estás lejos,
sino con nosotros, conmigo.

Gracias por esas oraciones,
por esos encuentros.

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