Reflexiones, Textos para orar

Nuestros fallecidos

Hoy es día en el que litúrgicamente recordamos a nuestros familiares y amigos fallecidos, aunque en lugares nos vamos a los cementerios el día de Todos los Santos.

Los discípulos tuvieron que vivir su duelo, como nosotros lo vivimos cuando fallece algún ser querido y en este caso, encima crucificado, con una muerte violenta.

En medio de esta situación Jesús dice: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí» (Jn 14, 1).

Nuestra fe en Él nos da esa esperanza en medio del dolor por la separación «física» con esa persona, con la que ya no podremos vernos cara a cara. Jesús nos anima a seguir creyendo; a vivir con la esperanza de ese reencuentro en el lugar que nos está preparando, para que donde Él está, también estemos nosotros.

Nos recuerda que ya sabemos su camino, el camino de un amor sin límites, vivido con nuestros pasos dados y caídas, con nuestras capacidades y fallos… sintiendo la bondad y misericordia de Dios.

Hoy quiero agradecer el amor recibido por aquellas personas que han fallecido y han formado parte de nuestra historia; nos han enseñado lo que es sentirse amada y amar; han hecho visible y palpable el Evangelio del Amor consciente o inconscientemente.

También, Señor, te doy gracias por tu bondad, porque no se acaba tu misericordia, sino que se renueva cada mañana y nos preparas, poco a poco, para el encuentro definitivo contigo.

Reflexiones

Le llamaron… me llamaron

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» (Mc 10, 49)…

Y me veo yo siendo esa persona sentada en el suelo, sin fuerza, frágil… sin poder ver el sentido de cada día, ver por dónde seguir mi vida, ver esperanza en momentos de dolor…

Me vienen a la mente algunos momentos en los que he vivido estas situaciones o diferentes, pero que en todas ellas yo estaba en el suelo, sin aliento para seguir caminando. Y también recuerdo los rostros de esas personas que me dijeron: «Ánimo, levántate, que te llama»… con sus palabras. Porque Jesús no le llamó directamente a Bartimeo, sino que pidió a la gente que estaba con él, que le llamasen.

Y… ¿qué más decir?… Gracias, Señor, por las personas que pusiste, pones y pondrás en mi camino, para animarme esos días en los que la dureza de la vida me impide ver y vivir la esperanza del Evangelio.

Reflexiones, Textos para orar

El fuego

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!» (Lc 12, 49)… La verdad que, a primera vista, asusta. Si él vino a transmitir la Buena Nueva, el Evangelio del amor de Dios, ¿cómo pudo decir que vino a prender fuego en el mundo, no a traer la paz, sino la división?

Es cierto que, si profundizamos un poco, ese fuego -interior- son las Palabras de Jesús que nos retumban, el Espíritu que nos mueve por dentro y, en momentos, si nos dejamos guiar por Él, nos cambia.

Cambia nuestro modo de ver la vida, transformando como consecuencia el modo de vivirla. Pero nos lo hace personalmente, pues tenemos la libertad de dejarnos guiar por Él o no. Eso en una familia puede crear división, al optar parte de ella por seguirle y otra parte no. Él no quiere dividirnos, sino transmitirnos la Buena Nueva, siendo consciente que creará división, pero también que muchos sentirán esa paz y esa presencia de Aquél que nos ama hasta dar la vida.

Gracias, Señor, por arriesgarte a prender en el mundo ese fuego, ese Espíritu de amor que nos mueve y nos pacifica a mucha gente por dentro.

Reflexiones, Textos para orar

Los criados, los servidores, el servicio

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela (Lc 12, 37)… con las lámparas encendidas y la cintura ceñida para ver dónde, cuándo y cómo debo servir como lo hizo Jesús.

Reconozco que no puedo estar las veinticuatro horas del día en vela pues, como persona que soy necesito descansar, para poder seguir sirviendo.

Para mí, ese estar en vela -en todo momento- es más una actitud. Si es actitud de servicio, la gente siempre me encontrará disponible o, por lo menos la mayoría de las veces, pues tengo que reconocer algún momento que no he entregado, dándome cuenta también de mi imperfección, como ser humana que soy.

Esto es lo contrario de no estar en vela, encerrándome en un egocentrismo y solo servir en momentos puntuales para tranquilizar mi conciencia.

La opción que he tomado en mi vida es la del «servicio de Dios y de los pobres, en toda clase de buenas obras». Esa opción, que me lleva a una actitud, que la tengo que alimentar cada día, para que crezca, sea y siga siendo algo espontáneo, casi sin pensar.

Ayúdame, Señor, a seguir en vela, a alimentar la actitud de servicio a Ti y a los pobres, a vivir el servicio desde la espontaneidad.

Reflexiones, Textos para orar

Mi bautismo

¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? (Mc 10, 39)

Sin tener en cuenta lo que respondieron los hijos de Zebedeo antes de esta pregunta, siento que Jesús me la hace a mí.

No es que yo quiera sentarme en su gloria sino que, como bautizada que soy quiero ser fiel, vivir sus consecuencias. A la vez reconozco que mi situación no es de riesgo, como lo vivió Jesús, casi todos los Apóstoles y tantas otras personas mártires que hasta ahora ha habido en todo el mundo.

Personalmente no deseo tener que vivir una muerte violenta, como no lo quería ni el mismo Jesús. Lo que quería era ser fiel a la Buena Nueva, a predicar el amor y la misericordia de Dios y, para ello tuvo que asumir sus consecuencias.

Sé que para saber dar esa respuesta hasta el extremo, sólo se puede hacer habiendo crecido desde dentro, interiormente, desde la oración, desde el encuentro personal con Él y sabiendo acoger esa gracia, impulso, fuerza recibida por Él.

En realidad siempre tenemos que crecer aunque no tengamos que vivir una muerte violenta, pues existe el otro tipo de muerte cada vez que se renuncia a algo, para favorecer, ayudar, entregarse a los demás, para poder reflejar la Buena Nueva en nuestra vida cotidiana.

«Tomo en serio el compromiso de mi bautismo» (Santa Juana Isabel). Hasta donde tenga que llegar ese compromiso, el tiempo lo dirá.

Señor, ayúdame a crecer por dentro para poder responder con fidelidad a mi compromiso bautismal.

Reflexiones, Textos para orar

La llave del saber

Hay frases en la Biblia, que debemos modificar un poco, para meternos en el texto.

¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? (Rom 3, 29)Traído a la actualidad sería: ¿Acaso es Dios solo de los cristianos? ¿No lo es también de los que profesan otras religiones y hasta de los que no creen?

Y es que Dios no pone fronteras. Él ama sin límite a todo ser humano. Otra cosa es que, a veces, en nombre de Dios se ha impedido a personas entrar en el Templo, se ha impedido formar parte del Pueblo de Dios, por justificaciones sin sentido.

Esto mismo me lleva a la frase del evangelio de Lucas: ¡Ay de vosotros, juristas, que os habéis quedado con la llave del saber: vosotros que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar! (Lc 11, 52)

Puedo no verme involucrada, al ver solo como juristas a gente con bastante responsabilidad en la Iglesia. Pero… ¿no me «quedo con la llave del saber» cuando no comparto mi fe ni la reflejo, sino que la escondo, a veces por el miedo a qué dirán? ¿No les estoy cerrando el paso -no obligando- a entrar o, por lo menos, ver desde la puerta, la experiencia del encuentro con Dios, de la vida orientada desde Él, desde Su presencia?

Señor, inspírame para no quedarme con la llave del saber, para saber compartir la fe en Ti con la gente, en cada momento y del modo adecuado, teniendo en cuenta quién la va recibir.

Textos para orar

Me siento dichosa

«Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica». (Lc 11, 28)

Sí. Me siento dichosa…
por haber tenido la gracia
de llegar tu Palabra a mi vida,
de cruzarse ella en mi camino,
sin hacer yo el esfuerzo de buscarla.
Al principio no era consciente de lo que me decía.
Pero con el tiempo,
ha terminado siendo el aliento de mi vida,
el empuje al comienzo del día.

Me siento dichosa…
por ser tu Palabra quien ha orientado mi vida,
quien me ha ayudado a tomar una opción,
que en mi caso, es la Vida Religiosa,
en mi caso es ser Hija de la Cruz.

Me siento dichosa…
al sentir el impulso que me das
para poner en práctica tu Palabra.
Reconozco que en momentos fallo,
no siempre soy fiel a ella.
Pero a la vez me alienta, me anima
a seguir viviéndola con sencillez,
con amor y esperanza.

Gracias por hacerme dichosa.

Reflexiones, Textos para orar

¿Qué le pedimos?

«Pedid y se os dará». Es cierto, está escrito en (Lc 11, 9). Pero yo me centro en (Lc 11, 13): «Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Al leerlo, me he puesto a leer algunas de las peticiones que he hecho en la frase final de comentarios anteriores, como por ejemplo: la gracia de ser sal y luz; la gracia, la fuerza, el impulso para hacer tu voluntad; la gracia necesaria en cada momento de nuestra vida, de mi vida, para poder responder con fidelidad a tu llamada; que me sigas ayudando para poder «hablar» y compartir lo más correctamente posible tu Palabra…

Así que, no pido cualquier cosa, sino ser más consciente de la presencia del Espíritu que me da el impulso, la fuerza, la gracia para ser fiel a mi compromiso de cristiana.

Gracias, Señor, por darnos lo mejor para todos nosotros, el Espíritu Santo que nos alienta y da vida cada día.

Reflexiones, Textos para orar

La oración y la acción, inseparables

En la respuesta de Jesús (Lc 10, 42), en un momento me he quedado con sus palabras: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»

Dice que sólo una cosa es necesaria y que María a escogido la mejor parte… de esa cosa. Enseguida me ha venido la frase «Ora et labora» (San Benito).

La oración, el encuentro con Jesús, nos lleva a la acción. Y en esa acción, en ese servicio, por cotidiano o simple que sea, podemos sentir la presencia de Jesús, podemos escuchar lo que nos dice por medio de la gente, del pensamiento, del sentimiento… Aunque no siempre es fácil distinguirle. Pero lo cierto es que la oración y la acción están unidas, una cosa nos lleva a la otra sin poder separarlas.

Si nos ceñimos solo a la acción, podemos terminar como Marta, cansada «porque se multiplicaba para dar abasto con el servicio». Al final terminamos «quemadas», nos sentimos abandonadas y cansadas, sin fuerzas -ni físicas ni espirituales- para seguir actuando.

Es cierto que en momentos vemos tantas necesidades, que queremos hacer todo pero, Él sólo nos pide lo que podemos.

A veces ocurre que queremos orar y no conseguimos un clima de silencio interior; vienen a la mente preocupaciones, distracciones tontas, todo lo que nos impide centrarnos en la escucha a su Palabra; los segundos se hacen minutos y horas… En esos momentos cuesta ser fiel al encuentro con Él. Pero ese sentimiento interior se vive también en los demás momentos del día, aunque seamos menos conscientes. No es sólo en la oración, sino que en ella, somos más conscientes de cómo nos sentimos por dentro y el exceso de acción, en momentos es el recurso para evadirnos de esa realidad personal interior, que nos condiciona el modo de escuchar la Palabra.

Señor, ayúdanos a seguir escuchando tu Palabra cada día para llevarla a nuestra acción, a nuestra vida cotidiana y, a la vez, ver, sentir en esa vida tu presencia, tu Palabra.

Mensajes del Papa

Discípulos misioneros – El Video del Papa

En tu trabajo, en tu familia, con tus amigos, en un encuentro casual… cualquier momento es bueno para ser discípulo misionero. “Si te mueve Cristo, si haces las cosas porque Cristo te guía”, es tu testimonio de vida lo que hace que los demás se pregunten: “¿De dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?”. Así, lejos de cualquier forma de proselitismo, todos podemos estar dispuestos para la misión que se basa, como dice Francisco, en un encuentro entre personas, en el testimonio de vida de hombres y mujeres.

“Jesús nos pide a todos, y a ti también, ser discípulos misioneros. ¿Estás preparado?

Basta con estar disponibles a su llamada y vivir unidos al Señor en las cosas más cotidianas, el trabajo, los encuentros, las ocupaciones de cada día, las casualidades de cada día, dejándonos guiar siempre por el Espíritu Santo.

Si te mueve Cristo, si haces las cosas porque Cristo te guía, los demás se dan cuenta fácilmente.

Y tu testimonio de vida provoca admiración, y la admiración hace que otros se pregunten: “¿Cómo es posible que esto sea así?” o “¿De dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?”

Recordemos que la misión no es proselitismo, sino que la misión se basa en un encuentro entre personas, en el testimonio de hombres y mujeres que dicen: “Yo conozco a Jesús, me gustaría que tú también lo conocieras”.

Hermanos y hermanas, recemos para que cada bautizado participe en la evangelización y que cada bautizado esté disponible para la misión a través de su testimonio de vida. Y que este testimonio de vida tenga sabor a Evangelio”.