Reflexiones

Encuentro Matrimonial

No sé hasta qué punto puedo hablar u opinar sobre el matrimonio, pues mi compromiso es de religiosa, de monja. Pero nada más leer esto, me viene a mi mente un matrimonio casado por amor. Y si ese amor es verdadero, harán todo lo posible por seguir alimentándolo, seguir creciendo, seguir aceptando los cambios de personales de cada uno que, si se hace desde el amor y compromiso matrimonial, será a favor de la familia que se ha formado.

Justo después de hablar del matrimonio, aparecen los niños que, parece ser que en la época de Jesús, hasta que no tuviesen una edad, no eran «valorados», eran «marginados». Sin juzgar esa costumbre de aquel momento, me pregunto ahora: ¿un matrimonio enamorado, casado por amor, va a marginar «el fruto» que ha dado ese amor? ¡Sería impensable!

Coincide que este mes he estado participando con mi hermana de comunidad en Encuentro Matrimonial que enseña y da herramientas para vivir el matrimonio -y por qué no, el sacerdocio y la vida religiosa desde su relación con las personas de la parroquia y de su misma comunidad- con amor, comprensión, sinceridad, empatía… en plenitud.

Al final, ese amor se termina reflejando en la relación con los hijos e hijas… y demás familiares y gente que tiene un contacto con la gente de Encuentro Matrimonial.

Gracias, Señor, por ponerme y ponernos en el camino, a estas personas que nos enseñan a vivir nuestro compromiso desde el amor y en plenitud.

Reflexiones, Textos para orar

De dos en dos

Los mandó por delante, de dos en dos… (Lc 10, 1). No nos envía solos.

Es cierto que, actualmente, en algunos momentos, nuestra misión la hacemos una sola persona, como puede ser la catequesis -un o una catequista para un grupo- pero otros y otras catequistas se encargarán de otros grupos o/y de otras comunidades, capillas, parroquias…

Pero esa catequesis, ese compartir la Buena Nueva, es mucho más fuera de nuestro templo. Él nos dice ¡Poneos en camino! Muchas veces ese lugar de misión es: donde trabajamos; la gente que nos encontramos en el transporte cuando nos desplazamos y, que a veces es la misma, al tener un horario fijo para ir a trabajar… y tantos otros lugares de costumbre o momentos puntuales que nos dan la oportunidad de difundir nuestra fe de modo natural, espontáneo.

También dice: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.» (Lc 1, 4-5)

Esa austeridad material, se refleja también desde el modo de actuar. No es imponer nuestra fe, sino compartirla contagiando esa paz interior que tantas veces Jesús nos comparte al tener un encuentro con Él y que quiere que esa paz la compartamos.

Nos deja claro que no siempre vamos a ser bien acogidos. Muchos medios de comunicación -que están formados por una parte de la sociedad- están en contra de la Iglesia, atacándola cuando tienen oportunidad e ignorando los hechos que reflejan la Buena Nueva de Jesús.

Mas eso no nos tiene que paralizar. Podemos ir a otro lugar, a otra gente, donde acojan la Palabra y la Paz que ella propaga.

Gracias, Señor, por enviarme acompañada, por hacerme parte de una comunidad, de una parroquia, de una congregación con la misión de propagar tu Palabra.

Reflexiones, Textos para orar

Perdón mejor que venganza

El sentimiento que tenemos muchas veces en situaciones como esta es la rabia. En este caso, al sentir Santiago y Juan esa rabia por ser discriminados, les ha llevado al deseo de venganza.

En cambio la reacción de Jesús es muy diferente pues dice: «el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos».

Si me pongo a pensar, reconozco que la venganza no hubiese resuelto el problema. En realidad, con ese medio lo único que conseguimos es destruirnos por dentro a nosotros mismos, a los que hemos padecido la discriminación, o cualquier otra causa que nos motive a la venganza pues, será violencia, que no tiene que ser física.

Jesús quiere salvarnos, quiere liberarnos desde su actitud de perdón, de misericordia, de amor.

Gracias, Señor, por salvarnos, por liberarnos, por perdonarnos y así, desde la experiencia vivida, enseñarnos a actuar del mismo modo con las demás personas.

Reflexiones, Textos para orar

El vaso de agua

«El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa» (Mc 9, 41).

Esta frase me atrae, me gusta cómo valora un gesto sencillo y cómo algo tan sencillo es tan vital, pues puedes morir por sed, por deshidratación. A la vez me cuestiona eso de: «porque sois de Cristo», pues eso no es un título que nos dé una categoría, que quede sólo en una apariencia, o sea, que lo vivamos sólo por momentos, sino que es un compromiso radical de por vida, las veinticuatro horas del día, que nos influye en nuestro modo de pensar, de actuar, de ser, de vivir…

La recompensa para mí, la recibo con la libertad interior, con la paz recibida, con la misericordia, con el amor… No es una recompensa material, pero sí vital para seguir alentando el camino comenzado, el sentido de mi vida.

Y esa recompensa no la da por el trabajo realizado, no lo hace por merecimiento, sino que lo hace simplemente por amor. Otra cosa es que las personas que «somos de Cristo», que vivimos ese compromiso conscientemente, también somos más conscientes de su presencia en nuestra vida, de la gracia recibida por Él.

Gracias, Señor, por la gracia recibida por Ti, aunque no seamos conscientes en todos los momentos.

Reflexiones

Sígueme

«Sígueme» (Mt 9, 9), Es la palabra que tenemos varios días durante el año, especialmente cuando celebramos el día de algunos de los Apóstoles.

Esa palabra que nos dice cada día y que también podemos orar por medio de alguna canción.

A mí hoy me ha venido a la mente la canción «Sígueme» de Salomé Arricibita.

Reflexiones, Textos para orar

La autoridad, el servicio, el amor

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. (Mc 9, 34)

Sí, ellos callaban… porque sabían que ese pensamiento no era adecuado, que Jesús no quiere poder, sino servicio, no quiere jefes impositores, sino animadores servidores. Jesús nos revela que la autoridad es servicio y que el servicio es signo de amor.

Como ejemplo de servicio tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo de acoger al niño.

Sé que en aquella época y cultura, los pequeños eran no tenían valor, hasta que no cumplían los doce años, no les tenían en cuenta. Pero hoy no me he centrado en eso, sino que me ha venido la realidad actual, lo experimentado por tanta gente.

Me viene la imagen del niño, que atrae a la gente con su mirada, con su espontaneidad… y a pesar de no conocerlo, casi todos tenemos ganas de saludarle. Con la mirada muchas veces nos comunicamos con él. No hay problemas de idiomas. Su sonrisa o tristeza, nos alegran o entristecen.

A la vez, es limitado, depende todavía de gente para crecer físicamente y en sabiduría, para crecer en todos sus sentidos. Esos primeros años van a marcar mucho su futuro.

Cuando vemos a un niño indefenso, el corazón se nos ablanda, queremos ayudarle, queremos servirle. Los niños nos tocan el corazón y esos sentimientos nos tienen que llevar a la acogida, a compartirles cariño, a ayudarles en sus necesidades desde nuestras posibilidades.

Señor, ayúdame a evadirme de esos pensamientos de poder cuando me vengan y acrecentar el servicio desde el amor.

Reflexiones, Textos para orar

La semilla

Me veo como esa semilla (Lc 8, 15), que cae en tierra buena y que, como dice en la explicación, dan fruto perseverando.

Y a la vez, me vuelvo a cuestionar. Creo que puedo decir que eso es lo que domina pero, debo reconocer que en momentos no le presto la atención suficiente a la Palabra o, a pesar de ser algo importante para mí, sólo se ha quedado en ese momento de oración en la capilla, sin llevarla a la práctica, a mi vida personal, sin «aterrizarla» en la vida cotidiana, sin regarla para hacerla vida.

Otras veces la Palabra me ha animado a un compromiso concreto pero, ante la primera dificultad, lo he querido dejar. Entonces ¿he vivido ese compromiso como respuesta a la Palabra o como una satisfacción personal? Es cierto que en momentos, con el cansancio, con los problemas que a veces me desbordan, puede venir el deseo de «tirar la toalla» pero, también es cierto que no debería ser ya en la primera leve dificultad.

Algunos días, los tengo tan ocupados, que no le doy espacio a la Palabra. Es cierto que son días puntuales pero, ¿no debo tener cuidado para que con tantos afanes, no se me ahogue y no madure la Palabra?

La Palabra para mí es ese momento de encuentro con Dios, pues Él me habla por medio de ella. Es ese tiempo al comienzo del día, como el desayuno que revitaliza y da fuerza para comenzar la jornada; es ese diálogo fraterno -a veces simplemente la mirada- que alienta y orienta la vida.

Gracias, Señor, por alimentarme con tu Palabra, que me ilumina, me enseña, me orienta y, te pido que me ayudes a saberla escuchar cada día, para que dé fruto la semilla, para que dé fruto yo.

Textos para orar

Te quiero acompañar

Jesús, te quiero acompañar en tu camino,
desde mi ser de mujer, de cristiana, de consagrada.

Quiero ayudarte en lo que pueda pues,
aunque mi servicio sea sencillo, sigue siendo necesario,
sigue siendo un modo de predicar la Buena Nueva.

Pero en momentos
tengo la sensación que paralizo tu camino,
con mi ritmo más lento,
con mis caídas y recuperaciones.

En esos momentos me viene la pregunta
de si soy ayuda o estorbo.

Con el tiempo me he dado cuenta
de que sigo siendo valiosa para ti,
sigues queriendo que te acompañe en el camino.

Gracias por confiar en mí,
gracias por confiar en la sencillez de mi vida.

Textos para orar

Dímelo, Maestro

Dímelo, Maestro:
sé que tienes algo para decirme
a tu manera, con tu pedagogía, con cariño.

Sé que tienes algo para decirme…
cuando te ruego tener un encuentro conmigo
pero no digo palabras de acogida en tu llegada,
no te escucho abierta a tus palabras
sino con un juicio, idea, reflexión ya «cerrada»,
que no puede cambiar.
A pesar de todo, Tú me hablas
y me intentas transformar.

Sé que tienes algo para decirme
en los momentos que juzgo a alguien,
que me olvido mirar a la gente
desde el corazón, la compasión…
y desde mi sincera «pequeñez»,
desde mi limitación e imperfección…
A pesar de todo, Tú me recuerdas tu misericordia.

Dímelo, Maestro.
Recuérdame cada día con tu pedagogía,
todo lo que me ayude
a amar y a perdonar como lo haces Tú.

Reflexiones, Textos para orar

El amor sin límite

A primera vista parece que estamos locos al celebrar la fiesta de la Exaltación de la Cruz. ¿A caso queremos exaltar la muerte dolorosa y humillante que sufrió Jesús?

Para mí es la fiesta del AMOR SIN LÍMITE y es que: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16).

Dios no desea la muerte violenta de Jesús -ni de nadie- pero sí la vida entregada con el amor sin límite. Y con el mal huso del poder de ciertas personas llevaron a crucificar a Jesús, para paralizar ese amor sin límite, que daba la dignidad a todas las personas.

La cruz es a lo que puede llegar ese amor sin límite, y al final termina siendo el símbolo de ese amor sin límite de Jesús, de su vida entregada hasta el último segundo, con todas sus consecuencias.

Gracias, Señor, por compartirnos tu Amor sin límite, por vivir el verdadero amor. Que el Espíritu nos ayude e impulse a vivirlo como Jesús.