No sé hasta qué punto puedo hablar u opinar sobre el matrimonio, pues mi compromiso es de religiosa, de monja. Pero nada más leer esto, me viene a mi mente un matrimonio casado por amor. Y si ese amor es verdadero, harán todo lo posible por seguir alimentándolo, seguir creciendo, seguir aceptando los cambios de personales de cada uno que, si se hace desde el amor y compromiso matrimonial, será a favor de la familia que se ha formado.
Justo después de hablar del matrimonio, aparecen los niños que, parece ser que en la época de Jesús, hasta que no tuviesen una edad, no eran «valorados», eran «marginados». Sin juzgar esa costumbre de aquel momento, me pregunto ahora: ¿un matrimonio enamorado, casado por amor, va a marginar «el fruto» que ha dado ese amor? ¡Sería impensable!
Coincide que este mes he estado participando con mi hermana de comunidad en Encuentro Matrimonial que enseña y da herramientas para vivir el matrimonio -y por qué no, el sacerdocio y la vida religiosa desde su relación con las personas de la parroquia y de su misma comunidad- con amor, comprensión, sinceridad, empatía… en plenitud.
Al final, ese amor se termina reflejando en la relación con los hijos e hijas… y demás familiares y gente que tiene un contacto con la gente de Encuentro Matrimonial.

Gracias, Señor, por ponerme y ponernos en el camino, a estas personas que nos enseñan a vivir nuestro compromiso desde el amor y en plenitud.








