Reflexiones, Textos para orar

El cimiento y el fruto

«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano» (Lc 6, 43).

Es cierto. Y yo añado que algún fruto se puede poner malo, pero solo alguno, lo mismo que la gente buena, la que «de su corazón sale el bien», no es perfecta.

La otra imagen que me gusta es la de «los cimientos sobre roca» (Lc 6, 48).

¿Dónde he puesto yo mis cimientos? Para mí, la roca donde he puesto mis cimientos es la fe. La fe en Dios da sentido a mi vida; mi día a día depende de la fe: el comienzo del día, mis compromisos, el modo de relacionarme con la gente.

Es cierto que en el texto pone que está sobre la roca pero, a la vez siento que esa roca, que esa fe, la tengo que ir ahondando. Si los cimientos los pongo solo en la superficie de la roca, sin «profundizarla» nada, no se protegerá de las ráfagas de viento fuerte pueden «despegarlos», moverlos de la roca. Si mi fe fuese superficial, a la primera dificultad de la vida, hubiera «tirado la toalla».

La vida bien «incrustada» en una fe profunda, supera las dificultades -no se libra de ellas-, las enfermedades, los fracasos, los duelos…

Gracias, Señor, por ser Tú mi roca, donde he puesto los cimientos de mi vida, sabiendo que así dará casi todos los frutos sanos.

Reflexiones, Textos para orar

El trato y la compasión

Este trozo del evangelio de Lucas (Lc 6, 27-38) tiene muchas frases que orientan el modo de vivir, la conducta, la relación con los demás, si queremos ser discípulos y discípulas de Jesús. Y ante tantas me quedo con dos.

La primera es: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten», que me trae recuerdos pues, con esta motivación estudié Auxiliar de Clínica -que así se llamaba antes esa Formación Profesional- y Auxiliar de Geriatría.

El haberme sentido en algunos momentos un «número», me movió a prepararme para tratar a la gente como personas que son, que somos. Quería tener ese contacto físico y afectivo, desde la acogida y el cariño que todo ser humano quiere y necesita, especialmente en situaciones difíciles por la carencia de la salud, sumando en algunos casos, la ausencia de la familia.

Es cierto que somos muy diferentes y ante ese tipo de situaciones no reaccionamos todos igual, alguno se vuelve violento, o puede que lo haya sido siempre. En las residencias de ancianos, lo mismo que en los colegios, trabajos o cualquier otro lugar donde haya un grupo de personas, encontraremos de todo: alegres y tristes, con serenidad o excesiva agresividad… Pero siguen siendo personas -como todas nosotras somos- con capacidades y carencias.

Esto mismo me lleva a la otra frase con la que me he quedado: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Este «ser compasiva» me va a ayudar a comprender más su situación, a ayudarla en lo que pueda, a perdonarla -si es el caso-, a reconocer y ver mi propia fragilidad -en todos los sentidos-, a tratarla como me gustaría que me tratasen a mí, si viviese esa misma situación.

Gracias, Señor, por tu enseñanza, no sólo desde la Palabra, sino también desde la experiencia de haberme sentido acogida por Ti; por haber sentido la compasión que has tenido por mí.

Textos para orar

Tú me nombraste

Jesús, tú me nombraste y me nombras cada día.
Me escoges – y nos escoges a cada persona – para vivir una misión.
En momentos la cabeza me da vueltas, me siento incapaz, tengo miedo…
Pero con la libertad que me das para responderte,
me puede más el contestar afirmativamente a tu llamada.

Me siento como esa gente «tratando de tocarte»;
de sentirte cada día en la oración, en la gente, en mí misma;
de acercarme a Ti en cada acción y pensamiento,
al hacer vida tu Palabra…
porque sale de Ti una fuerza que me sana.

Gracias, por darme un aliciente cada mañana;
por invitarme a un encuentro contigo al comienzo de la jornada…
por llamarme por mi nombre y apellidos o apodos;
por quererme y aceptarme con mi historia y mi carácter;
por confiar en mí para realizar la misión encomendada.

Reflexiones, Textos para orar

Los encuentros

A Jesús le presentan «un sordo» (Mc 7, 32), una persona etiquetada negativamente.

Al meterme en la piel de una persona etiquetada, mi primera reacción es no escuchar, aislarme de las personas que me etiquetan, que me marginan y esa misma reacción me dificulta la comunicación, apenas puedo hablar con ellas.

Después me acerco a las que me aceptan y me quieren tal como soy.

La situación podía terminar ahí. Me vienen a la mente personas a las que llamamos amigos, pero son solo para pasar un tiempo, para divertirnos. A pesar de la parte humana, de haberme acogido, con ellos no hay reflexiones personales, no hay profundidad en el diálogo, la relación es superficial.

Pero también están los verdaderos amigos y amigas, que no solo me acogen, sino que me ayudan a no aislarme y a tener un encuentro también por dentro. Me vienen a la mente personas concretas que me han acogido, me han ayudado a profundizar la vida con la fe -siendo ahora para mí inseparables vida y fe-, me han enseñado a escuchar desde la empatía -como lo hicieron conmigo-, me han cuestionado y ayudado a expresarme, a hablar, a poner palabras no a temas superficiales, sino a la profundidad de la vida.

En otras palabras: esas personas me han llevado a Jesús. Gracias a eso, he tenido uno… y más encuentros con Él a solas, donde me ha abierto los oídos al «escuchar» su Palabra y me ha impulsado a «hablar», a comunicarla por diferentes medios, a compartirla con mi vida en medio de la cotidianidad de cada día.

Gracias, Señor, por los encuentros que he tenido, tengo y tendré contigo, de tú a tú. Y te pido que me sigas ayudando para poder «hablar» y compartir lo más correctamente posible tu Palabra.

Mensajes del Papa

Un estilo de vida ecosostenible – El Video del Papa

¿Quién está liderando nuevos proyectos para proteger y sostener el medio ambiente? Los jóvenes, sin duda. Ellos saben muy bien que la mejora del medio ambiente y los progresos sociales están muy unidos. Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes. “Aprovechemos su ejemplo”, como dice el Papa: “especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida”. Comparte este mensaje de Francisco con tu familia y tus amigos.

“Me alegra mucho ver que los jóvenes tienen valor de emprender proyectos de mejora ambiental y mejora social, puesto que ambas van juntos.

Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes pues, en todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, los jóvenes están a la vanguardia.

Aprovechemos su ejemplo, reflexionemos, especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida.

Sobre cómo la forma de alimentarnos, de consumir, de desplazarnos o el uso que hacemos del agua, de la energía y de los plásticos, y de tantos bienes materiales son a menudo perjudiciales para la Tierra.

¡Elijamos cambiar! Avancemos con los jóvenes hacia estilos de vida más sencillos y respetuosos del medio ambiente.

Y recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes ya que están comprometidos con este cambio. Y no son tontos, porque están comprometidos con el futuro de ellos. Por eso quieren cambiar lo que ellos van a heredar en un tiempo en que ya nosotros no estaremos”.

Reflexiones, Textos para orar

Las redes

Ahí me veo, alrededor de Jesús (Lc 5, 1), cada vez que me pongo vivir una oración personal o comunitaria, un encuentro con su Palabra, una Eucaristía.

Y en la oración de hoy, Jesús me dice y nos dice: «Rema mar adentro y echad redes para pescar» (Lc 5, 4).

A pesar de las pocas hermanas que estamos; a pesar de la poca gente que participa físicamente en la parroquia; a pesar de la racha de robos en la capilla; a pesar del «deterioro» de parte de nuestros amigos, familiares, hermanas… si no están ya están ausentes; a pesar de tantas situaciones que si nos encerramos en ellas nos crece la tristeza, el pesimismo, la desesperanza, la angustia… Tú confías en nosotros, nos animas y nos dices «Rema mar adentro y echad las redes».

En momentos me siento como Pedro: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada»(Lc 5, 5)

Maestro, ¡me siento tan «poca cosa»! Y ante situaciones que están ocurriendo ¿qué puedo hacer? Ante el robo, ante la enfermedad, ante la violencia y si vamos más lejos, ante la situación de Haití, de Afganistán… y de tantos otros lugares en los que sufren, pero no informan, pues no interesa.

A pesar de eso, confío en Él; quiero responder como Pedro: «pero, por tu palabra, echaré las redes».

Echaré las redes con cariño, acogida, sencillez, sin fijarme ni centrarme en la cantidad de peces, pues ni nos dicen el número. Dice muchos y que necesitó ayuda de otra barca, lo mismo que yo necesito ayuda para echar mis redes en Cáritas o en otro lugar. Jesús dijo: echad redes, o sea, no las tenía que echar Pedro solo, sino con la ayuda de los demás que estaban en la barca, en la Iglesia.

Mi respuesta personal, la hago en comunidad, como tantas otras personas, donde a la vez nos ayudamos mutuamente a responder la llamada de Jesús.

Gracias, Señor, por comunicarnos la Palabra de Dios, y por medio de ella, animarme y animarnos a echar las redes en comunidad.

Textos para orar

Tu Palabra

Jesús. Yo sé quién eres.

Eres el Hijo de Dios que con tu testimonio has hecho vida tu Palabra.

Tu Palabra, que no es impuesta, sino quien quiere la escucha, la acoge y la vive.

Resulta que en mí tu Palabra me inquieta, me mueve por dentro, me cuestiona para hacerla vida. Me siento impulsada por el Espíritu a realizarla, sin llegar a la euforia, sino siendo consciente de la propia realidad, como Tú lo hiciste.

A veces me siento cansada, débil… pero hasta está tu Palabra para estos momentos, animándome y animándonos a que nos acerquemos a Ti, para darnos descanso, para acompañarnos y ayudarnos en estos momentos de fragilidad.

Me ayuda a verme «desnuda», con mi forma de ser, mis tentaciones, mis cicatrices… con tu amor, tu misericordia, con los talentos que me has dado…

Tu Palabra me alimenta, me da sentido y quiero encarnarla cada día.

Gracias, Jesús, por tu Palabra.

Reflexiones

Apariencia o sinceridad

Quitando el tema de conservar o no las tradiciones y del sentido de lo puro e impuro de aquella época, me viene a la mente la apariencia o sinceridad.

Me puedo «lavar» mucho por fuera, preocupándome por dar una imagen de limpia, de buena, de amorosa, cuando mis únicas conversaciones privadas están centradas en criticar a los demás, en crear odio en el ambiente. Me puedo lavar las manos y a la vez mentir a la gente con la que estoy comiendo o compartiendo todos los días en torno a esa mesa: el odio, en vez del amor; la crueldad, en vez de la misericordia.

También puedo ir a la Eucaristía, al rosario, a todo tipo de rezos pero, al salir del templo o lugar donde estaba participando reaccionar hasta de modo opuesto, «desconectar» de tal modo esos momentos que no me afectan absolutamente a mi parte interna, a mi modo de orientar mi vida, a su sentido, a mis sentimientos. Puedo «honrar» -o mejor dicho, aparentar que honro- a Dios con los labios, pero sin corazón. Querer aparentar lo que no vivo, lo que no soy, es querer engañar a los demás y a mí misma. Pues me da la impresión que, aunque quiera tener esa doble personalidad entre lo que aparento y lo que soy, al final, termino creyéndome esa apariencia, esas falsas reflexiones y justificaciones que comparto, y acabo teniendo una vida donde está ausente la sinceridad.

Por eso, Señor, te pido la gracia para seguir creciendo en la sinceridad, aunque te lo haya dicho otras veces pues, sé que este crecimiento se vive día a día.

Reflexiones, Textos para orar

La capacidad

Al leer la parábola del evangelio de hoy (Mt 25, 14-30), me llama la atención el tercer empleado con lo primero que le dice a su señor en ese diálogo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces». Sentía una exigencia incapaz de realizarla, que le dio miedo y esto le paralizó; ni siquiera se le ocurrió llevarlo al banco donde pudiese recoger los intereses.

Esto me hace una pregunta: ¿sabía que era así de exigente porque le conoce de verdad o porque se ha hecho esa imagen de él? Pues en realidad, pedía el trabajo a cada cual según su capacidad (v. 15).

Y trayéndolo a mi vida… ¿qué imagen tengo de Dios? ¿Es Él quien me pide demasiado o soy yo misma quien me lo exijo?

Vuelvo a insistir: Él pide a cada cual según su capacidad, pues reconozco que a veces me exijo más de lo que puedo o me siento capacitada, y en momentos me bloqueo, me paralizo al sentirme agobiada, incapacitada, desbordada. Pero soy yo que me pongo a mí misma esas exigencias, o que ante una situación a la que no estoy acostumbrada, mis pensamientos me desbordan. No es Él quien me las pone.

Señor, gracias por pedirme según mi capacidad y por animarme y ayudarme a desarrollarla.

Reflexiones, Textos para orar

La actitud de servicio

Las palabras que Jesús dice en Mt 24, 42-51 -y en todo el capítulo 24- se las dice a los discípulos (Mt 24, 1), es decir, a la gente que ya le ha escuchado antes y que ha optado por seguirle. Y el hecho de seguirle hace que sus discípulos viven desde la actitud de servicio, de «criado», como él lo enseñó con su propia vida.

Nosotros también tenemos esa libertad de comprometernos como discípulos y discípulas, después de haber leído y orado su Palabra, después de haber tenido encuentros con Él.

Este compromiso no es como cumplir un horario de trabajo algunos días del año, en algún lugar concreto. Tampoco puedo participar de la Eucaristía, de alguna oración y que después mi vida sea contraria a lo que Jesús nos enseñó. Ni podemos caer en decir que mañana voy a comenzar a seguirle… porque ese «mañana» muchas veces no llega.

Si de verdad optamos por este compromiso, optamos por vivir con unas actitudes, de un modo, con unos pensamientos las veinticuatro horas del día, todos los días del año. En momentos podemos ir cambiando, modificando nuestros compromisos, nuestro modo de vivir la fe dependiendo de nuestra situación y de la de la gente que nos rodea, pero siempre desde la Palabra que se puede hacer vida de modos muy diversos.

Gracias, Señor, por esos encuentros que me han hecho optar libremente por ser discípula tuya. Gracias por tu Palabra que me guía y alimenta cada segundo de la vida.