Reflexiones, Textos para orar

Transformación de nuestra vida

El proceso de fe de Natanael es el que hemos vivido muchos cristianos y cristianas, y no sólo de su época.

Primero, por diversos motivos -por la familia, los amigos, el colegio, los medios de comunicación…- nos han hablado de Jesús y nos han llevado o impulsado a acercarnos a Él, por medio de encuentros puntuales, de la parroquia, de oraciones.

Después, en algún momento -que no tiene que ser muy rápido-, ha habido un encuentro con Él, que nos ha cuestionado y nos ha tocado con fuerza por dentro.

Ese encuentro nos ha llevado a reconocerlo, transformando nuestra vida y reorientándola, cambiando desde dónde mirarla, a qué dar prioridad, cómo vivirla, cuál es su sentido.

La experiencia con Jesús, rompe las «ideas» incorrectas que a veces nos hemos hecho, lo mismo que le rompió a Natanael su creencia que de Nazaret no podía salir nada bueno.

Personalmente, al volver a leer Jn 1, 45-51, me ha venido desde dentro una acción de gracias.

Gracias por las personas que pusiste en mi vida, que me llevaron a Ti.

Gracias por esos encuentros intensos contigo, que me confirman tu presencia, tu existencia y me hacen reconocerte Hijo de Dios.

Gracias por dar sentido a mi vida.

Reflexiones, Textos para orar

La enseñanza de la cátedra de Moisés

La cátedra de Moisés (Mt 23, 1-12) nos enseña muy bien pues, lo no correcto también enseña a no hacerlo.

Primero nos enseña a ser fieles -humanamente hablando- a lo que decimos o enseñamos de nuestra fe. Si decimos que Dios es amor -pues lo es- no podemos humillar, marginar, maltratar a personas, sino acogerlas, ayudarlas, darlas dignidad.

Si de verdad vivimos esto como Jesús, desde el servicio, no vamos a buscar ni a pelearnos por los primeros puestos, ni por los asientos de honor.

Creo que nuestro verdadero «título», del único modo que nos podemos -y debemos- dejar llamar, es el de amigo, el de amiga, donde nadie es más que nadie y el mismo Jesús nos llama así. Mas… ¡amigos de verdad! Los amigos de verdad que hacen todo lo que pueden por ayudar a sus otros amigos cuando tienen alguna necesidad.

Señor, ayúdame a vivir desde el servicio y el amor a los demás; ayúdame a ser una amiga de verdad.

Textos para orar

La fidelidad de Rut

Pero Rut contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.» (Rut 1, 16)

Cada vez que leo este texto, no tengo palabras. Simplemente contemplo a escena de fidelidad de esa mujer.

Y muchas veces me viene a la mente una canción de este texto.

Reflexiones

Voz de las piedras vivas de la Iglesia

No hace mucho, el 29 de junio, tuvimos el Evangelio Mt 16, 13-19, aunque hoy es un poco más largo, pues es hasta el versículo 23.

Aquel día, mi reflexión era que yo y cada uno de nosotros somos esas piedras que formamos la Iglesia. Y hoy reafirmo ese sentimiento y esa realidad de formar parte de ella.

Pero a la vez, al volver a leer el Evangelio, pensé que era el momento oportuno para sentir más conscientemente esa importancia que tenemos en la Iglesia, de un modo especial en América Latina con la Asamblea Eclesial que estamos viviendo.

Como dijo el Papa Francisco: «La Asamblea Eclesial es la primera vez que se hace, no es una conferencia del Episcopado Latinoamericano cómo se hacía en las anteriores – la última en Aparecida – de la cual todavía tenemos que aprender mucho. No. Es otra cosa, es una reunión del pueblo de Dios laicas, laicos, consagradas, consagrados sacerdotes, obispos, todo el pueblo de Dios que va caminando. Se reza, se habla, se piensa, se discute, se busca la voluntad de Dios».

Todas las personas podemos participar a nivel personal o en grupo, compartiendo diferentes reflexiones sobre temas que ya están expuestos en la página, o creando otras cuestiones. En algunas -como me ocurre a mí- no me veo capacitada para responder, al ser temas lejanos a mi situación personal, al no saber con profundidad la situación… pero puedo leer las reflexiones ue se comparten y así introducirme más en la Iglesia de la que formo parte.

Todavía tenemos todo el mes de agosto para reflexionar, opinar y aprovechar este momento en el que se quiere escuchar a todas las «piedras» de la Iglesia o, por lo menos, a la mayor parte. Y así, como desea CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano): contemplar la realidad de nuestros pueblos, profundizar en los desafíos del continente, reavivar el compromiso pastoral y buscar nuevos caminos en clave sinodal.

Por este motivo, comparto el enlace de la página Asamblea Eclesial y el tutorial de unos tres minutos, donde nos indican cómo registrarnos.

Siento que es una buena oportunidad para seguir siendo y seguir sintiéndonos las piedras vivas de la Iglesia.

Mensajes del Papa

La Iglesia en camino – El Video del Papa

La Iglesia es algo vivo. Y como todas las cosas vivas, va transformándose. En este proceso de cambio puede encontrar dificultades, pero no olvida nunca su identidad evangelizadora. La renovación de la Iglesia, nos dice el Santo Padre, está guiada por el Espíritu Santo y empieza “con una reforma de nosotros mismos. Sin ideas prefabricadas, sin prejuicios ideológicos, sin rigideces”. Unámonos al sueño de Francisco de una Iglesia con “una opción aún más misionera, que salga al encuentro del otro sin proselitismo y que transforme todas sus estructuras para la evangelización del mundo actual.”

Si compartes este sueño, comparte el mensaje del Papa con todos los que quieren avanzar por el camino que él nos muestra.

“La vocación propia de la Iglesia es evangelizar, que no es hacer proselitismo, no. La vocación es evangelizar, más aún, la identidad de la Iglesia es evangelizar.

Solo podremos renovar la Iglesia desde el discernimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida diaria. Y emprendiendo una transformación guiados por el Espíritu Santo. Nuestra propia reforma como personas, esa es la transformación. Dejar que el Espíritu Santo, que es el don de Dios en nuestros corazones, nos recuerde lo que Jesús enseñó y nos ayude a ponerlo en práctica.

Empecemos reformando la Iglesia con una reforma de nosotros mismos. Sin ideas prefabricadas, sin prejuicios ideológicos, sin rigideces sino avanzando a partir de una experiencia espiritual, una experiencia de oración, una experiencia de caridad, una experiencia de servicio.

Sueño con una opción aún más misionera, que salga al encuentro del otro sin proselitismo y que transforme todas sus estructuras para la evangelización del mundo actual.

Recordemos que la Iglesia siempre tiene dificultades, siempre tiene crisis, porque está viva. Las cosas vivas entran en crisis. Solo los muertos no entran en crisis.

Recemos por la Iglesia, para que reciba del Espíritu Santo la gracia y la fuerza para reformarse a la luz del Evangelio.”

Reflexiones, Textos para orar

Las olas y el viento

Me veo yo dentro de esa barca (Mt 14, 22-36) sacudida por las olas del descarte, del individualismo, del egoísmo, de la violencia, del miedo… Me veo acompañada -no sola- formando parte de esa comunidad de parroquia, de congregación, de Iglesia y junto con la gente, Jesús se presenta y nos anima.

Ese encuentro con Él, me anima y nos anima a caminar, reconociendo que es como caminar sobre el agua, sintiendo la fuerza del viento. No es fácil y, a pesar de saber que Él nos llama y confía en cada uno de nosotros, que nos da el aliento y la fuerza necesaria, en momentos yo me siento como Pedro, con ese miedo por la incertidumbre, por sentirme demasiado pequeña ante un compromiso… y siento que me hundo.

Pero en esas situaciones que me hunden, tengo la certeza -como Pedro- que me va a extender la mano, y con un tiempo se va amainar el viento para seguir caminando en comunidad, a pesar que el camino sea a contracorriente.

Señor, gracias por ponerme tu mano cada vez que el miedo me hunde; gracias por amainar el viento para poder seguirte.

Reflexiones, Textos para orar

El compartir que multiplica

«Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» (Jn 6, 9)… Y es que en momentos me siento yo así, como una niña que puede compartir muy poco pero… ese poco es algo y, depende de quién lo vea, o qué necesite en ese momento la persona con quien lo comparto, puede ser lo suficiente.

Si cada uno y cada una aportase lo que pudiera, aunque fuese poco -desde nuestro modo de ver y mirar las cosas- todo se multiplicaría y nos saciaríamos. Además ese compartir no tiene que ser solo material pues hay otras muchas necesidades.

A la vez pienso que si en nuestra vida está en medio Jesús, lo que hagamos o vivamos se va a multiplicar algo pues, su amor nos va a impulsar y a mover a compartir, a aportar.

Reconozco en mi historia muchas multiplicaciones de panes y peces, mucha gente compartiendo sus pocos «materiales», su fe, su tiempo, su amor, movida por Jesús y confirmándonos con su testimonio, que le reconocen como «el Profeta que se esperaba».

Gracias, Señor, por esos «niños y niñas» que has ido poniendo en mi vida para saciarme y, te pido que me ayudes a ser una de ellas y a compartir lo poco que pueda, con la fe y la esperanza de que, estando tú en medio, lo «multiplicarás» a tu manera.

Reflexiones

El trigo y la cizaña interior

El trigo y la cizaña (Mt 13, 24-30)lo puedo ver desde lo que siembro o trabajo al «exterior» o desde mi vida «interior».

A veces es más fácil mirar al exterior, porque se supone que mi trabajo, misión, compromiso cristiano, siempre va a ser sembrar trigo, obras buenas, que darán su fruto. Y la cizaña, parece que es ajena a mí, es de otras personas.

En cambio, si miro a mi interior, me doy cuenta que tengo semillas de trigo y cizaña. El señor de la parábola, no quiere que se arranque la cizaña, pues se puede arrancar también el trigo y es que, la perfección no existe; no soy perfecta, es parte de mí. Lo que tengo que hacer es, reconocer mi cizaña, mis tendencias no correctas, y potenciar, «alimentar» el trigo, hacer crecer más en lo bueno que hay en mí y que me ayuda a crecer como persona y como cristiana.

Al final, el día de la siega, del encuentro con Él «cara a cara», quitará mi cizaña, la quemará, desaparecerá, no se verá por su misericordia y, en cambio, verá todo el trigo crecido, todo lo bueno vivido fruto del amor.

Gracias, Señor, por quererme tal como soy, por ayudarme a reconocer y aceptar mi cizaña, y alimentarme para crecer y aumentar mi trigo.

Reflexiones, Textos para orar

Señala con la mano

Al orar con las palabras de Jesús: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mt 12, 49-50)… siento que estoy dentro de este grupo de discípulos y discípulas que señala con la mano.

A la vez me pregunto si de verdad merecería llamarme «hermana», ser parte de la familia de Jesús. Y casi automáticamente la respuesta que me viene es que no pero, ¿acaso merezco ser hermana de mi hermana? Gracias a nuestros padres nacimos, crecimos y nos relacionamos sin opción a elegir. Lo que sí que pudimos decidir es como relacionarnos entre nosotras, especialmente cuando ya teníamos cierta edad. Entonces creo que en esta situación no es que «me merezca» o «no me merezca» formar parte de la familia de Jesús, sino que reconozca su Palabra y la acepte viviendo con alegría esa relación y ese amor real, amor que compromete… o que la rechace. Eso es decisión mía.

Qué da sentido a mi vida, por dónde quiero caminar cada día, cómo quiero vivir mi relación con los demás… son respuestas que tengo -y tenemos- que dar pues, Dios nos hizo libres.

Libremente opté por escuchar su Palabra y vivirla; por querer ser parte de la familia de Jesús, sabiendo que soy amada por él tal como soy, que soy «señalada» por él con acogida, cariño, confianza…

Gracias, Señor, por «señalarme» y hacerme parte de tu gran familia, que no tiene fronteras.

Textos para orar

El cansancio

Señor, en momentos siento la necesidad de descansar un poco,
de «desconectar» de los compromisos,
de vivir unos días a solas, solo acompañada por ti.

Pero a veces, justo en esos días de cansancio,
me vienen más compromisos,
personas que llaman ante una necesidad,
otras, para hablar conmigo…
Lo que en sí son cosas ligeras,
al paso del día las siento un poco pesadas.

Al comienzo del día, temprano,
que sé que nadie me va a llamar,
que solo voy a escuchar a los pájaros,
me cuesta «alimentarme» de ti,
me cuesta centrarme en la oración,
me cuesta estar contigo «cara a cara».
De todos modos, lo que tengo bien claro es que
aunque algunas tenga dificultad para sentir tu presencia,
tengo la certeza que tú estás conmigo.

Señor, Pastor que me guías en el camino,
te pido que me continúes enseñando a seguirte;
a saber descansar cuando pueda,
y otras veces, seguir comprometida, a pesar del cansancio;
a ser más consciente de tu presencia en el camino cotidiano.