El proceso de fe de Natanael es el que hemos vivido muchos cristianos y cristianas, y no sólo de su época.
Primero, por diversos motivos -por la familia, los amigos, el colegio, los medios de comunicación…- nos han hablado de Jesús y nos han llevado o impulsado a acercarnos a Él, por medio de encuentros puntuales, de la parroquia, de oraciones.
Después, en algún momento -que no tiene que ser muy rápido-, ha habido un encuentro con Él, que nos ha cuestionado y nos ha tocado con fuerza por dentro.
Ese encuentro nos ha llevado a reconocerlo, transformando nuestra vida y reorientándola, cambiando desde dónde mirarla, a qué dar prioridad, cómo vivirla, cuál es su sentido.

La experiencia con Jesús, rompe las «ideas» incorrectas que a veces nos hemos hecho, lo mismo que le rompió a Natanael su creencia que de Nazaret no podía salir nada bueno.
Personalmente, al volver a leer Jn 1, 45-51, me ha venido desde dentro una acción de gracias.
Gracias por las personas que pusiste en mi vida, que me llevaron a Ti.
Gracias por esos encuentros intensos contigo, que me confirman tu presencia, tu existencia y me hacen reconocerte Hijo de Dios.
Gracias por dar sentido a mi vida.







