Reflexiones, Textos para orar

Convertirme

Primero quiero decir que prefiero la palabra «señal» en vez de milagro. Palabra que está escrita en el Evangelio de Juan, por ejemplo, cuando da de comer a cinco mil (Jn 6, 14).

Teniendo en cuenta este término, puedo caer en decir que yo ya estoy convertida y por eso «no me convierta» (Mt 11, 20), a pesar de celebrar la Eucaristía y participar en la parroquia de diferentes modos. Es cierto que creo en Él pero… ¿convertida del todo? ¿Estoy «transformada» del todo? A pesar de reconocer la fe, ¿no tengo que seguir creciendo?

Así que, si en algún momento caigo en decir que yo «creo lo suficiente», que no tengo que seguir «formándome» no sólo desde el punto de vista intelectual, sino también desde la experiencia vivida cada día, que la llevo a la oración, me hace reflexionar y, en momentos, me hace tomar decisiones, que cambian mi mirada, desde dónde enfocar mi vida, cómo concretar mi fe en el día a día… si me creo totalmente «convertida», estoy errada. Esas experiencias oradas y reflexionadas que me convierten, que me transforman, son las señales que Jesús me pone, y que tengo que saberlos mirar.

Gracias, Señor, por las señales que pones en mi vida cotidiana, que me ayudan a convertirme poco a poco. Te pido que me ayudes a verlas cada vez con más facilidad y nitidez.

Reflexiones, Textos para orar

Un bastón

Jesús llamó a los Doce, los fue enviando de dos en dos… y les encargó que levaran para el camino un bastón y nada más…(Mc 6, 7-8)

Y Jesús nos sigue llamando y enviando en comunidad. Mi pregunta es el bastón: ¿qué es el bastón en mi vida? ¿Cuál es el «palo» o la «vara» donde me pueda apoyar al caminar, especialmente en los momentos de cansancio o cuando el camino sea duro?

En momentos, a pesar de la oración, de la Eucaristía, de la Reconciliación… es difícil continuar respondiendo a su llamada. Por eso es bueno tener ese bastón -o esos bastones- donde apoyarme; esa persona o personas que me escuchan, animan y ayudan en momentos de angustia, de miedo, de incertidumbre, de duda…; esas «instituciones» como puede ser la parroquia, la congregación… la Iglesia que me hace sentirme acompañada en estos momentos que nadie deseamos, pero que forman parte de la vida.

Personalmente tengo «dos bastones», uno para cada mano, que me ayudan en este camino comenzado.

¿Eres consciente del «bastón» que tienes para seguir respondiendo a la llamada de Jesús?

Gracias, Señor, por encargarnos llevar un bastón donde apoyarnos e impulsarnos en medio del camino; por hacernos conscientes de las dificultades y enseñarnos a vivirlas con un punto de apoyo para seguir caminando.

Reflexiones, Textos para orar

De noche y de día… a los cuatro vientos

En el texto de Mateo 10,24-33, tres veces está escrita la palabra «miedo», pues Jesús es consciente del miedo y sabe que puede paralizarnos.

Teniendo en cuenta ese impulso, esa fuerza, ese espíritu que nos da para superar al miedo, me centro en: «Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea» (Mt 10, 27).

Lo que me dice de noche, en momentos de dolor, de angustia, de dificultad, la experiencia fuerte del encuentro con Él en momentos de angustia, me impulsa a levantarme y a compartirlo con la gente en pleno día, pues la noche ha pasado, el día ha amanecido. Esas palabras «particulares», escuchadas personalmente en la oración, en la lectura del día vivido, en cualquier otro momento o acontecimiento… son tan fuertes que me siento llamada a pregonarlas desde la azotea a los cuatro vientos y que, sin hablar, el mismo rostro dice que algo ha pasado, que algo hay dentro que vence al miedo y no se puede callar.

Gracias, Señor, por la gracia de esos encuentros contigo de modos muy diversos, que nos ayudan a superar el miedo y compartir con fuerza, alegría, esperanza tu existencia, tu presencia en nuestras vidas.

Reflexiones, Textos para orar

Dadlo gratis

¿Qué he recibido gratis?… Lo primero que recibí gratis fue la vida misma y el amor; mi vida es fruto del amor, yo soy fruto del amor.

Además añado: ¿qué he recibido gratis sin pedirlo, sino que me lo han dado desde pequeña y ha sido, es y será lo que da sentido a mi vida? La fe es lo que orienta mi vida, la da sentido, la «enfoca» para vivirla hacia una determinada dirección.

Para mí, estas dos cosas que he recibido gratis y que son primordiales, son las que debo dar. Después, tanto el amor como la fe en Dios Amor, me van a llevar a otro tipo de compromisos gratis que son bien diversos. Compromisos que pueden ser de actitudes: acogida, escucha, empatía…; pueden ser trabajos concretos, por ejemplo en Cáritas; o también materiales, como una aportación económica o de un alimento o material concreto. Aunque lo que más siento es que un compromiso me lleva al otro, las actitudes me llevan al trabajo y a las aportaciones.

Al final, dando el amor y la fe estoy proclamando y haciendo visible al Reino de los Cielos (Mt 10, 7).

Señor, deseo que con la gracia que me das, mi vida esté llena del amor verdadero y gratuito, y de la fe en ti, para compartirlo y proclamar que el Reino de los Cielos, que tu Reino, está cerca.

Reflexiones, Textos para orar

Jesús llamó… y llama

Jesús llamó a los doce discípulos… y nos sigue llamando hoy.

Me veo en la escena escuchando mi nombre. No oigo con nitidez si además del nombre añade alguna otra cosa para distinguirme de las demás «Amaias», pues en mi zona es un nombre bastante popular. No oigo bien si dice: Amaia, la Hija de la Cruz, o si pronuncia alguna cualidad mía, positiva o negativa según la mire.

Lo que tengo claro es que me llama con otras tantas personas y que todos tenemos una misma misión, aunque sea de diferentes maneras: «Id y proclamad que el Reino de Dios está cerca»(Mt 10, 7).

Señor, cada día quiero responder a tu llamada con alegría, compartiendo la respuesta, el compromiso con otras muchas personas que te escucharon. Gracias por confiar en cada una de nosotras.

Mensajes del Papa

La amistad social – El Video del Papa

Uno de los grandes regalos que nos da la vida es la amistad. Poder contar con amigos en los momentos buenos, y también en los momentos malos, es un don de Dios. ¿No sería estupendo “ir más allá de los grupos de amigos y construir la amistad social tan necesaria para la buena convivencia”, cómo nos dice Francisco? Buscar amigos en lugar de enemigos, entenderse en lugar de pelearse, “salir de la polarización” en palabras del Papa. Tendamos la mano y escuchemos al otro para trabajar juntos por el bien común. Comparte este mensaje de Francisco con tus amigos y también, por qué no, con los que no lo son.

“Dice la Biblia que el que encuentra un amigo encuentra un tesoro.

Me gustaría proponer a todos ir más allá de los grupos de amigos y construir la amistad social tan necesaria para la buena convivencia.

Reencontrarnos especialmente con los más pobres y vulnerables. Los que están en las periferias. Alejarnos de los populismos que explotan la angustia del pueblo sin dar soluciones proponiendo una mística que no resuelve nada.

Huir de la enemistad social que solo destruye y salir de la ‘polarización’.

Y esto no siempre es fácil, especialmente hoy cuando una parte de la política, la sociedad y los medios se empeñan en crear enemigos para derrotarlos en un juego de poder.

El diálogo es el camino para mirar la realidad de una manera nueva, para vivir con pasión los desafíos de la construcción del bien común.

Recemos para que, en situaciones sociales, económicas, políticas, conflictivas seamos arquitectos de diálogo, arquitectos de amistad, valientes y apasionados, hombres y mujeres que siempre tiendan la mano y que no queden espacios de enemistad y de guerra”.

Reflexiones, Textos para orar

La importancia de compadecerse

Jesús al ver a las gentes, se compadecía de ellas (Mt 9, 36), «padecía con» la gente, sentía pena por la situación de otras personas.

Si queremos seguir a Jesús, tenemos que ser compasivos y hacer -para ayudar a los demás- lo que está dentro de nuestras posibilidades. Es un hacer desde dentro, desde el sentimiento. No un hacer porque hay que hacer, un hacer frío, sino que la compasión -el sentimiento- nos mueve al servicio.

Al escribir esto mismo, me vienen a la mente personas concretas, que viven casi cronometradas trabajando para conseguir el sustento necesario para sus familias. En realidad no piden ayuda material, ni ningún otro tipo de ayuda pero, se les ve en la cara que esos pequeños espacios de encuentro, de escucha, de diálogo, les ayuda, les «aligera» el peso de la jornada. En mi caso, ese cuarto de hora de descanso que tenemos en medio del trabajo y que cada una se lo puede tomar en un momento diferente, le veo la importancia de vivirlo con las compañeras, para poderlas escuchar. El tener esa actitud de escucha, hace que crezca la confianza y así, en situaciones de dificultad, de dolor, de sentimientos… lo compartan y pueda yo compadecerme.

No me gustaría caer en relaciones frías con la gente, donde los sentimientos derivados del amor -y entre ellos la compasión- se excluyan.

Gracias, Señor, por tu «calor humano», por compadecerte de nosotros y enseñarnos a compadecernos de los demás.

Textos para orar

Bienaventurada

Señor, reconozco que soy bienaventurada,
que soy feliz de creer en ti,
a pesar de no haberte podido ver físicamente,
de no haber podido ver tu rostro real,
de no haber podido escuchar tu verdadera voz.

Te he podido reconocer en personas que me han tendido la mano,
cuando por diversos motivos la vida me pesaba demasiado,
no me sentía capaz para algo en concreto,
el miedo me paralizaba,
el ánimo estaba «por los suelos»…

En momentos de dolor, de incertidumbre, de sufrimiento…
En situaciones duras, a veces me cuesta más sentir tu presencia,
pero mi conciencia me dice que tú estás ahí,
que no me abandonas.
Ese es otro modo de hacerte presente, de reconocerte, de verte.

Te puedo reconocer en momentos de fiesta,
algunos preparados y otros imprevistos.
Fiestas donde se celebra y contagia la vida, el amor…;
donde nos acogemos e integramos mutuamente;
donde participamos con alegría y esperanza.

Te puedo reconocer en la Eucaristía,
en las oraciones y encuentros
donde estamos dos o tres…
o más reunidos en tu nombre,
sin olvidar que algunas concretas,
por la intensidad vivida en ese momento son inolvidables.

Cada día, en la vida cotidiana estás conmigo,
a pesar de que muchas veces no soy consciente de tu presencia.

Gracias por darme la dicha de ser bienaventurada.
Gracias por darme la dicha de creer en ti.

Reflexiones, Textos para orar

Caminar con la camilla

Jesús pregunta: ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? (Mt 9, 5)

¡Qué razón tiene! En momentos, ese peso de culpabilidad pesa tanto, que paraliza. Ese darle vueltas a la cabeza a un acto personal realizado a veces sin pensar, o habiendo reflexionado y, a pesar de todo, haberlo llevado a cabo, recordar y ver con frecuencia que muchas veces me tropiezo con la misma piedra, que cometo el mismo fallo… en momentos desanima de tal modo, que cuesta levantarse. El remordimiento de conciencia cuando es muy fuerte, nos hace olvidar la misericordia que tenemos que tener con nosotros mismos y no sólo con los demás.

Pero las palabras de Jesús nos animan. Su perdón recibido nos pone en pie y, a pesar del peso de la camilla, a pesar de reconocer nuestros fallos, de nuestras tendencias no correctas, nos sentimos animados, impulsados a ir a nuestra casa, a nuestra parroquia, a nuestro barrio para compartir la misericordia y el amor.

Señor, me pongo en pie ante ti al escuchar tu Palabra y siendo consciente de cómo soy, me pongo en camino impulsada por el amor que recibo de ti. ¡Gracias por movilizarme desde dentro!

Reflexiones, Textos para orar

Formamos parte de la Iglesia

En momentos, me meto en la situación de Pedro y después de ese diálogo con Jesús y de agradecer por la fe recibida, me centro en: «sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18).

Es verdad que no soy Pedro, pero al fijarme en la construcción de un edificio, no sólo se necesitan las vigas, las columnas principales, sino que también se necesitan las paredes.

¡Ahí estoy yo! Ahí estoy formando parte de esas paredes que hacen que el frío no entre demasiado, ni tampoco el exceso de calor; que con la acogida se calienta el clima y con el respeto no se excede de calor.

Estoy -y me siento- acompañada con otras personas, aportando cada una su don, su capacidad, pues en una Iglesia, en un hogar, hay varias habitaciones, hay varias cosas para hacer.

Todos nosotros formamos parte en la edificación de la Iglesia por fuera y por dentro. Formamos parte de sus pequeñas salas, departamentos, tareas, que es lo que la hace viva.

Tampoco quiero olvidar, que esas vigas y las demás piedras que formamos la Iglesia, en momentos necesitamos actualizarnos o cambiar, lo mismo que llamamos al albañil para reforzar las paredes o para cambiarlas de lugar -unir la cocina y la sala- para poder hacer, vivir la misión con más holgura. Puede que me toque cambiar de lugar, de modo… pero seguiré siendo -con otras personas- una de las piedras que forman la Iglesia.

Gracias, Señor, por confiarnos a cada uno de nosotros, la tarea de formar esa Iglesia cálida y acogedora, la Iglesia de amor que tú quieres.