Primero quiero decir que prefiero la palabra «señal» en vez de milagro. Palabra que está escrita en el Evangelio de Juan, por ejemplo, cuando da de comer a cinco mil (Jn 6, 14).
Teniendo en cuenta este término, puedo caer en decir que yo ya estoy convertida y por eso «no me convierta» (Mt 11, 20), a pesar de celebrar la Eucaristía y participar en la parroquia de diferentes modos. Es cierto que creo en Él pero… ¿convertida del todo? ¿Estoy «transformada» del todo? A pesar de reconocer la fe, ¿no tengo que seguir creciendo?

Así que, si en algún momento caigo en decir que yo «creo lo suficiente», que no tengo que seguir «formándome» no sólo desde el punto de vista intelectual, sino también desde la experiencia vivida cada día, que la llevo a la oración, me hace reflexionar y, en momentos, me hace tomar decisiones, que cambian mi mirada, desde dónde enfocar mi vida, cómo concretar mi fe en el día a día… si me creo totalmente «convertida», estoy errada. Esas experiencias oradas y reflexionadas que me convierten, que me transforman, son las señales que Jesús me pone, y que tengo que saberlos mirar.
Gracias, Señor, por las señales que pones en mi vida cotidiana, que me ayudan a convertirme poco a poco. Te pido que me ayudes a verlas cada vez con más facilidad y nitidez.








