Reflexiones, Textos para orar

No hay modo de convencerles

Hay algunas personas que cuando están siguiendo una receta errada y están convencidos que va a salir bien, cuando ven que sale mal, buscan cualquier otra excusa, menos que la receta esté errada. ¡Están cerradas y convencidas que esa es la receta cierta, y no les cambia nadie!

Algo así ocurre también con la fe. Por ejemplo: las personas que tenemos fe hay momentos que en medio de la angustia o de una situación dura, nos sentimos liberadas, «aligeradas de peso», gracias a la fe, a la oración, al Espíritu que habita en nosotros. Pero hay gente que no le puedes convencer de ninguna manera lo que hemos vivido. Buscarán otras justificaciones que nos han podido «liberar», pero nunca la fe.

No niego que la psicología, que el ser escuchada y otro tipo de apoyos, no ayuden. Pero que la fe también libera, no lo puedo negar.

Y es que, algo así ocurre con algunos hombres cuando dicen sin sentido: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios» (Lc 11, 15). No hay modo de convencerles que Jesús libera.

En este momento, el único pensamiento que me viene es un agradecimiento.

Gracias, Señor, por las veces que me has aligerado el peso; por las veces que me has dado la gracia de poner palabras a mis sentimientos más profundos; por las veces que con las emociones -estando tú siempre presente de algún modo- me has liberado por dentro.

Reflexiones, Textos para orar

Perdón sin límite

Para Jesús, el amor no tiene límite. Y uno de los modos de reflejar el amor es con el perdón; su perdón también es sin límite.

Vuelvo a leer la pregunta de Pedro: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»(Mt 18, 21) Y la verdad es que en momentos me veo ya cansada, como queriendo decir: ¡ya no aguanto más!

Es cierto que hay situaciones que son difíciles y la ofensa no es nada agradable. Ser humillada y mucho menos delante de más gente… no tiene palabras, ni cuando es por un fallo, pues hay otros modos de decirlo.

Pero está claro que para él solo hay una lógica, que es la del perdón, la de la misericordia.

En el ejemplo que nos pone, su amor le lleva a la compasión y al perdón. Esa actitud me cuestiona. Mi mente se va a mis fallos, a mis debilidades, me pone a la misma altura de quien me ha ofendido. Muchas veces me lleva a comprender a la otra persona, aunque no siempre. Y con esa gracia de Dios recibida y acogida, le perdono.

Gracias, Señor, por hacerme consciente del perdón recibido por ti y, tras experimentarlo, compartirlo, vivirlo con la gente que me hace daño.

Textos para orar

El Padre Misericordioso

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. (Lc 15, 20)

Señor, sé que tú me miras con cariño, aunque yo esté todavía lejos.

Se te mueven tus entrañas al ver mi ropa rota… al verme rota por dentro.

Corres hacia mí para que yo llegue lo antes posible a tu encuentro y quitarme un peso de encima. Porque muchas veces, los últimos pasos para llegar a estar contigo son los que más me pesan, aunque haya preparado alguna frase para pedirte perdón y romper el silencio frío que había tenido contigo.

Mas tú, sin esperar a que yo te diga algo, me abrazas y me besas reflejando tu amor, haciéndome palpitar el corazón bien fuerte, llenándome de alegría y de esperanza.

Gracias, Señor, por impedirme hablar en este momento, por dejarme abrazarte, por sentir tu misericordia, tu paz, tu amor… desde dentro.

Mensajes del Papa

Sacramento de la reconciliación – El Video del Papa

¿Qué significa para ti el sacramento de la reconciliación? ¿Has vivido ya esta experiencia? Francisco nos dice: “Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, para curar mi alma. Para salir con más salud espiritual”. El Papa nos invita a vivir este sacramento del amor que transforma la vida: “el centro de la confesión no son los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos”. Dios es más grande que nuestros pecados. Comparte este mensaje lleno de alegría con todos los que quieras y acércate al sacramento del perdón para saborear la infinita misericordia del Señor. ¡Es un regalo para ti!

“Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, para curar mi alma.

Para salir con más salud espiritual. Para pasar de la miseria a la misericordia.

Y el centro de la confesión no son los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos.

El centro de la confesión es Jesús que nos espera, nos escucha y nos perdona.

Recuerden esto: en el corazón de Dios estamos nosotros antes que nuestras equivocaciones.

Y recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación con renovada profundidad y para saborear el perdón y la infinita misericordia de Dios. Y recemos para que Dios dé a su Iglesia sacerdotes misericordiosos y no torturadores.”

Reflexiones, Textos para orar

Los «Lázaros» de hoy

Jesús con el texto del hombre rico y de Lázaro (Lc 16, 19-31), nos recuerda que le gente pobre no son números, sino personas concretas con su nombre, con su historia. Actualmente sigue habiendo muchos «Lázaros» de los cuales algunos han podido pasar por tu historia. En la mía ha habido y hay bastantes.

Me viene a la mente Bryan, que desde pequeño hacía más la vida en la calle que en casa pues, a pesar de tener madre, no le prestaba atención. Al final la calle fue -y es- su hogar y es alcohólico.

Marisa y José, familia humilde con tres hijas, viven en un barrio bien pobre porque, a pesar de trabajar los dos, el dinero no les da para más.

Hay muchos otros que han formado parte de mi historia, pero hasta hora la pregunta que me hizo Hector fue la que más me impactó. Cuando tenía 13 años, un día estábamos en la capilla solos y me preguntó: ¿cuando esté en la cárcel irás a verme?… Y es que su madre se fue de casa y le dejó con su abuela -que hacía todo por él- y con su padres y su tío que vendían droga. Lo cierto es que unos meses después volvió un día llorando desesperado porque habían detenido a su padre y a su tío.

Les he cambiado los nombres por respeto, pero son personas con nombre y apellido… y con una historia dura, difícil. Jesús nos pide que les tratemos con dignidad, que les tratemos como se merece cualquier persona.

Reflexiones, Textos para orar

Los títulos

Jesús nos dice que no nos dejemos poner ningún título (Mt 23, 1-12): rabí, padre, maestro… ni cualquier otro que suponga poder, que supongan asientos de honor y reverencias, que suponga creernos más que otras personas.

Esto no quiere decir que no podamos asumir una responsabilidad que sea mayor que la de otras personas. En todos los colegios, residencias o cualquier tipo de instituciones necesarias, tiene que haber una persona que lo dirija pero, eso no quiere decir que «le tengan que hacer reverencias». Todas las funciones son importantes. El ejemplo lo tenemos bien claro este tiempo a causa del covid 19. Son muy importantes los médicos que deciden cuál es el mejor tratamiento para la persona. Pero no debemos olvidar la importancia de la higiene, de la desinfección de las habitaciones que hace la gente encargada de la limpieza.

Lo que debemos hacer es vivir cada persona nuestra responsabilidad desde el servicio, sea la que sea, pues todas son necesarias.

Gracias, Señor por enseñarnos con tu vida, con tu testimonio, a vivir nuestra responsabilidad desde el servicio.

Reflexiones, Textos para orar

Amar y rezar

El Evangelio dice: «Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5, 44).

Es difícil amar a nuestros enemigos, especialmente cuando la causa es fuerte.

Pero también es cierto que el odio -que es lo opuesto al amor- termina destruyendo doblemente a la persona afectada: primero por haber padecido la causa que le genera tal sentimiento y, después, porque psicológicamente puede destruir su equilibrio y llegar a autodestruirse -dicho por psicólogos-.

El motivo que dice Jesús para amar a nuestros enemigos y rezar por los que nos persiguen, parece diferente, pues el texto dice: «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.»

Aunque creo que todo depende de lo que entendamos por ser «hijos de nuestro Padre». Si lo entendemos por un título, nunca vamos a amar como Él quiere, y nos vamos a autodestruir encerrándonos en nuestro egoísmo, afectándonos también psicológicamente. En cambio si lo vivimos como una gracia, pondremos los medios para asumir lo vivido y no odiarles, o sea amarles, aunque sea desde «grado» más bajo, pues no amamos a todos de la misma manera.

Es cierto que lleva su tiempo, que no se puede hacer de la noche a la mañana, pero que es posible.

Señor, enséñame a perdonar y amar, como tú lo haces con cada uno de nosotros.

Reflexiones, Textos para orar

Pedid, buscad, llamad…

Jesús dice: pedid, buscad, llamad… o sea, que nos movamos.

Para buscar, tengo que moverme. Para llamar en este caso, que la respuesta es abrir, me tengo que acercar a esa puerta. Ante una necesidad busco donde me pueden ayudar, llamo a ese sitio y pido.

Me viene a la mente Cáritas y tantos otros servicios dentro de la parroquia que quieren ayudar, quieren encarnar el Evangelio de Jesús.

Es cierto que también hay otro tipo de necesidades que no son materiales. Recuerdo que este texto que está en Lc 11, 9-13 pero que tiene una diferencia pues pone: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» Ya que hay situaciones que lo que necesito es el aliento del Espíritu Santo, que me ayude a superar dificultades, a afrontar situaciones de sufrimiento, que me ayude a discernir qué hacer, que me impulse en el día a día…

Gracias, Señor, por el soplo que me has dado cuando estaba paralizada, por sentir tu presencia y tu paz en el sufrimiento, por poder contar con tu ayuda, buen Padre.

Reflexiones, Textos para orar

La oración corta… o sin palabras

Hay textos bíblicos que, a pesar de no ser muy largos, tienen mucho contenido, como por ejemplo el de hoy (Mt 6, 7-15).

La oración del Padre Nuestro la sabemos, pero hay momentos que, de saberla tanto de memoria, la decimos sin pensar, sin tomar conciencia de la confianza que ponemos en nuestro Padre y del compromiso que conlleva.

Pero me quiero centrar más en el consejo que nos da Jesús de rezar sin usar muchas palabras pues, al final el exceso de palabras, muchas veces no dicen nada.

Yo cuando estoy orando, tiendo a quedarme con frases cortas y otras veces, ni eso ya que las palabras comunican pero también limitan. En momentos no sé cuál es la más adecuada para decirle lo que siento, lo que me inquieta… y como Nuestro Padre sabe lo que me hace falta, simplemente estoy presente consciente de mis sentimientos, sintiéndome «escuchada», confiando que Él me va a ayudar o que se va a alegrar, pues también hay momentos felices, de paz, que no hay modo de expresarlos.

Gracias, Señor por la empatía que tienes conmigo; gracias por a empatía que tienes con todos.

Reflexiones, Textos para orar

Conversión y sinceridad

Jesús nos dice: «Convertíos y creer en el Evangelio» (Mc 1,15).

Personalmente, hace unos años pensé que a mi edad, ya no podía cambiar. Además, las personas somos pecadoras; no son perfectas ni las santas. Y eso me reforzaba ese pensamiento de no cambiar más.

En la Cuaresma de hace dos años me dije a mí misma que la quería vivir diferente y tomé la decisión de buscar a una persona que me acompañase en mi vida interior, en mi vida espiritual.

Después de haber pasado este tiempo, me dado cuenta que esa decisión -a pesar de que cuando la tomé seguía pensando que yo no podía cambiar- ya fue un cambio. Y ese cambio también le considero conversión.

El acompañamiento me ha ayudado -entre otras cosas- a profundizar más consciente de la presencia de Dios en mi vida. Me ha ayudado a asumir más mi historia, con logros y fracasos, con momentos felices y dolorosos… Me ha llevado a ser más sincera con los demás y conmigo misma y es que… ciertas situaciones que viví quería olvidar, no quería asumir, no sólo por haber padecido algo duro, sino también fallos personales, fracasos, justificaciones falsas para evitar responsabilidades…

Para mí esta es mi conversión: la sinceridad. Que no la vivo sólo en cuaresma, sino todo el año. Pero que en esta época soy más consciente de ella, soy más consciente de mi actitud, de mis hechos, de mis sentimientos… de lo bueno y de lo malo, y a la vez vivo con más intensidad la misericordia de Dios.