Siempre me ha llamado la atención que, a pesar de las diferencias que hay en las culturas de todo el mundo, en una cosa coincidimos todas y es que, cualquier acontecimiento importante se celebra con comida.
El texto de Lc 5, 29 también hace referencia a una comida, a un banquete, a una mesa.
Y en esa mesa estaban «publicanos y otros» ya que las mesas de las que Jesús participaba, y de las que los fariseos y escribas criticaban, eran mesas que integraban a gente.
La comida en la mesa, no es solo comida material, es también conversación, diálogo. Es un momento de conocernos más cada uno al compartir nuestras historias, pensamientos, opiniones… Es un momento de cantar, de hacer fiesta por la fecha o por algún acontecimiento.
Jesús se sumó a esa comida, a esa mesa, para celebrar la respuesta afirmativa de Leví a su llamada: «Sígueme».

Esa llamada que nos hace a cada uno de nosotros, a que le sigamos cada uno de diferentes modos.
Y nuestra respuesta afirmativa, no se vive solo ese «día de banquete» por bautizarnos, confirmarnos, o cualquier otra celebración de compromiso oficial o no, sino que se vive cada día. Esa respuesta se vive hasta en momentos de pereza, de cansancio, de dificultad… y Jesús, como buen médico, está presente de modos diferentes, con rostros diferentes, en encuentros diferentes… Jesús también está en nuestras comidas a solas con él, en silencio, pero que su presencia, a veces desapercibida, nos mueve a seguir respondiendo a su llamada.
Gracias, Señor, por llamarme e integrarme en tu mesa. Gracias por decirme cada día: «Sígueme».








