Reflexiones, Textos para orar

El gran banquete

Siempre me ha llamado la atención que, a pesar de las diferencias que hay en las culturas de todo el mundo, en una cosa coincidimos todas y es que, cualquier acontecimiento importante se celebra con comida.

El texto de Lc 5, 29 también hace referencia a una comida, a un banquete, a una mesa.

Y en esa mesa estaban «publicanos y otros» ya que las mesas de las que Jesús participaba, y de las que los fariseos y escribas criticaban, eran mesas que integraban a gente.

La comida en la mesa, no es solo comida material, es también conversación, diálogo. Es un momento de conocernos más cada uno al compartir nuestras historias, pensamientos, opiniones… Es un momento de cantar, de hacer fiesta por la fecha o por algún acontecimiento.

Jesús se sumó a esa comida, a esa mesa, para celebrar la respuesta afirmativa de Leví a su llamada: «Sígueme».

Esa llamada que nos hace a cada uno de nosotros, a que le sigamos cada uno de diferentes modos.

Y nuestra respuesta afirmativa, no se vive solo ese «día de banquete» por bautizarnos, confirmarnos, o cualquier otra celebración de compromiso oficial o no, sino que se vive cada día. Esa respuesta se vive hasta en momentos de pereza, de cansancio, de dificultad… y Jesús, como buen médico, está presente de modos diferentes, con rostros diferentes, en encuentros diferentes… Jesús también está en nuestras comidas a solas con él, en silencio, pero que su presencia, a veces desapercibida, nos mueve a seguir respondiendo a su llamada.

Gracias, Señor, por llamarme e integrarme en tu mesa. Gracias por decirme cada día: «Sígueme».

Reflexiones, Textos para orar

Si alguno quiere venir…

Jesús decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga».(Lc 9, 23)

Al leer esta frase, lo primero que me viene a la mente es que yo -y nosotros-, estamos incluidos, pues se lo decía a todos, no excluye a nadie. Además, no pide cualquier cosa: negarse a sí mismo, que después con otras palabras lo expresa como perder la vida por su causa.

La verdad que es fuerte pero luego pienso y digo: en realidad, si queremos seguir a Jesús, si queremos ir en pos de Él, tenemos que amar y el verdadero amor compromete. Te hace pensar en los demás, en lo que necesitan, en expresar el cariño con pequeños detalles… te hace salir de ti, hasta cuando tú misma tienes pereza, cansancio, dificultades… las cruces de cada día.

El egocentrismo ¿no hace estar siempre insatisfecho? El amor -sin ser ese su objetivo- ¿no da alegría, felicidad, al salir uno de sí mismo y ver una sonrisa en los demás?

Señor, con tu ayuda deseo tomar mi cruz de cada día y seguirte compartiendo tu amor y tu esperanza.

Reflexiones, Textos para orar

El pan

Jesús nos hablaba a veces con lenguaje metafórico (Mc 8, 14), lo mismo que nosotros muchas veces lo hacemos, tenemos expresiones que al traducirlas a otro idioma, no lo podemos hacer literalmente. El riesgo de este lenguaje es que sea mal interpretado, o que por mucho que él nos diga una cosa, nosotros nos ceguemos en la preocupación que tenemos, aunque no tenga que ver nada con el tema.

Ellos parecen preocupados porque no tienen pan, que si lo traigo mi vida, me recuerda esos momentos vividos con pesimismo, con desesperanza. Pero Jesús recuerda la multiplicación de panes, recuerda un signo de esperanza ante la dificultad.

Gracias, Señor, por recordarnos los signos de esperanza vividos en momentos de preocupación, de desolación.

Reflexiones, Textos para orar

La compasión

«Siento compasión de tanta gente» (Mc 8,2). ¡Esa es la clave de Jesús!

La compasión te abre los ojos ante la realidad: «llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino».

La compasión no te paraliza a pesar de las dificultades –«¿de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?»– sino que te cuestiona y te mueve a ayudar en lo que puedas, aunque sea poco –«¿Cuántos panes tenéis?»… «Siete»-.

La compasión, o sea, la pasión con, la pasión por los demás compartida, multiplica. Multiplica tanto que de «siete panes» que había terminaron sobrando «siete canastas».

Os comparto un hecho bien concreto y actual pues, en 2020, en un barrio pobre de un pueblo de Argentina, a causa del covid 19 muchos se quedaron sin trabajo, pues vivían recogiendo cartones, chatarra, etc. y durante varios meses solo estuvo abierto lo elemental. Ante esta realidad, hubo gente se movilizó y con lo poco que aportaba alimentos quien estaba mejor, tiempo pidiendo en tiendas de alimentación, haciendo la comida y con diferentes grupos que se crearon, durante varios meses se compartió la comida tres días por semana y una merienda, aproximadamente para 110 personas.

Gracias, Señor, por enseñarnos a compadecernos por los demás, por enseñarnos a multiplicar el pan por medio de la compasión.

Reflexiones, Textos para orar

Mujer, madre y extranjera

Al leer el texto de Jesús y la mujer fenicia (Mc 7, 24-30), casi sin pensar, lo primero que me ha venido es lo que hacen tantas madres por sus hijos y en este caso, por su hija.

Pero esa mujer tuvo que romper varias «barreras».

Necesitaba creer en «ese Dios» que no era el suyo, el de su tierra, el de su cultura, pues era pagana. Y esa fe la movió a ir hacia Jesús, a pesar de ser mujer, pues no era normal que un hombre hablara con una mujer y encima extranjera. Esa fe y ese amor maternal de hacer todo lo posible porque se sanase su hija, hizo que fuese a buscarle y se echó a sus pies.

La primera respuesta de Jesús, en realidad no fue a su favor. Pero la mujer reaccionó, no se «paralizó» ante la respuesta, sino que insistió.

Jesús se dejó transformar por el amor de una madre.

El reflejo de la fe de esa mujer es que con las palabras que luego dijo Jesús, le creyó, no tuvo que acercarse donde su hija. Solo necesitaba su Palabra.

Y es que la verdadera fe nos mueve hasta romper las «las barreras» que a veces ya estaban puestas -en el lugar que vivimos, en la época- y otras que nosotros mismos las creamos, como puede ser minusvalorándonos.

Reflexiones, Textos para orar

Las apariencias engañan

Lo mismo que a veces ciertas situaciones o reflexiones me recuerdan algunos textos bíblicos, Jesús -en Mc 7, 6- recuerda uno de Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío». Lo que se puede decir con dichos populares: «las apariencias engañan».

Por este motivo, me vienen ciertas preguntas:

¿Vivo mi fe desde la sinceridad, o puede más mi preocupación por la apariencia, en mi caso como religiosa? ¿La liturgia la vivo solo desde la obligación, o desde la fe que me une con mis hermanas y hermanos de la Congregación, de la parroquia, de la Iglesia? ¿Los sacramentos los vivo con rutina, o los celebro renovando mi compromiso bautismal cada vez que comulgo, reconociendo mi debilidad y la misericordia de Dios en la reconciliación…? ¿Cómo trato a mi padre, a mi madre, a toda mi familia, a mis hermanas de congregación, amigos y toda la gente que se ha cruzado y se cruza cada día en mi vida? ¿Con cariño o con frialdad? ¿Desde la acogida o desde el rechazo?

Creo que son preguntas que de vez en cuando viene bien recordar, o me puedo plantear otras que me ayuden a aterrizar cómo vivo cada día. No vaya a ser que me cree unas «tradiciones» que en un principio parecen buenas, y al final se terminen deformando y solo sirvan para evitar otros compromisos que debería vivir desde la espontaneidad, desde dentro.

Reflexiones, Textos para orar

Oración y compromiso

Bastantes veces, en los comentarios o reflexiones sobre el texto Mc 1, 29-39 recalcaba el compromiso y la oración que vivía Jesús cada día. Por eso, a todos los que queremos seguirle, nuestro día a día tiene que tener esa combinación inseparable… pero no como una rutina.

Una oración en la damos gracias por lo vivido, en la que compartimos los sentimientos, los pensamientos, el cansancio,… en la que hacemos silencio para escuchar a Dios y discernir qué tenemos que hacer… Vivir una oración con profundidad, sentido y constancia, pues es como el alimento imprescindible para vivir.

Esa oración que nos lleva a la acción con su pedagogía de servicio y cariño: se acercó, la cogió de la mano y la levantó… la animó, la liberó. Que nos lleva a hacer y vivir desde dentro, no desde la rutina. Que a veces nos lleva a desplazarnos, a cambiar el lugar físico donde realizar el servicio y otras el modo de hacerlo, de vivirlo.

Señor, que la oración contigo me lleve a acercarme a la gente que necesita ayuda, para después cogerla de la mano con cariño y levantarla con humildad.

Reflexiones, Textos para orar

Ovejas con nuestro Pastor (Mc 6, 30-34)

Me llama la atención que en tres frases, dos de ellas ponga «a solas», insista en esos momentos de soledad, que son necesarios. Jesús veía necesario ese momento de soledad para los apóstoles y se marchó con ellos en barco.

Pero va tanta gente en su búsqueda, que al final llegan antes que él mismo en la barca, y se compadeció de ella como ovejas que no tienen pastor, que no tienen quien les cuide y les oriente en ese momento de la vida.

Lo cierto es que él sabe que necesitamos ese tiempo de soledad, de menos gente, menos ruido, de silencio… y que otras veces nos ayudan esos encuentros de más gente, «de multitud», donde escuchamos su Palabra.

Tras escribir esto, me viene a la mente la oración personal, en soledad, en silencio, y la Eucaristía, escuchando su Palabra en comunidad. Dos cosas que considero necesarias para andar como ovejas con Pastor, con nuestro Pastor Jesús.

Mensajes del Papa

Por las mujeres que son víctimas de la violencia – El Video del Papa

Mujeres. Sufrimiento. Violencia. Demasiadas veces vemos en las noticias estas tres palabras juntas. Como si esto fuera poco, la pandemia ha provocado que los malos tratos aumenten. ¿Cómo reparar este daño? Puedes empezar por responder a la petición que las mujeres que sufren algún tipo de violencia hacen: AYUDA. Como dice el Papa Francisco, «si queremos un mundo mejor, que sea una casa de paz y no un patio de guerra, todos debemos hacer mucho más por la dignidad de cada mujer”. ¡Ponte en acción compartiendo el Video del Papa en todas tus redes sociales! Haz que el mensaje de denuncia del Santo Padre llegue a muchas personas.

“Hoy, sigue habiendo mujeres que sufren violencia. Violencia psicológica, violencia verbal, violencia física, violencia sexual.

Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas.

Las distintas formas de malos tratos que sufren muchas mujeres son una cobardía y una degradación para toda la humanidad. Para los hombres y para toda la humanidad.

Los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar.

No podemos mirar para otro lado.

Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos”.

Reflexiones, Textos para orar

Día de la Presentación del Señor

En este día tan especial, como es el día de la Presentación de Jesús, más que centrarme en ese hecho, me han venido a la mente Simeón y Ana.

Simeón parece ser un sacerdote simple, normal, sin datos de tener responsabilidades importantes. Lo que sí que resalta de él es que era un hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo estaba con él.

De Ana se dice que era una profetisa con su testimonio que no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

Jesús podía haber sido consagrado al Señor, como todo varón primogénito, como uno más. Pero el hecho de que este hombre y esta mujer lo reconocieran a Jesús como El Salvador que iba a venir, lo hicieron diferente.

Fueron dos personas concretas, sin altas responsabilidades, fieles y entregadas a Dios, desde su situación personal, él como sacerdote y ella como viuda. Y es que creo que desde situaciones bien diferentes, podemos reconocer a Jesús. Nosotros también podemos ser personas fieles y entregadas a Dios, de un modo concreto en nuestro día a día. Podemos ser fieles a la fe en Cristo concretándola en el modo de enfocar la vida, de relacionarnos con la gente, de celebrar la fe que nos alimenta cada día.

¿Vivo la fidelidad y entrega a Dios? ¿Cómo?