SERVIR… Con esa palabra me quedo, pues: «El primero entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23, 11).
Pero no servir de cualquier manera, desde cualquier motivación, pues puedo caer como los «escribas», los «fariseos» y como otras tantas personas que no viven ese servicio con verdadera sinceridad, queriendo ayudar, dignificar a la persona. Esa entrega -aunque aquí no la debería llamar así- la puedo hacer por orgullo propio, por querer ser la primera; la puedo hacer sin tener una verdadera motivación de servicio desde la humildad, desde el amor.
Además creo que siempre tenemos momentos para servir y de modos bien diferentes: a veces, puntuales y otras, habituales (semanales, mensuales…); atendiendo directamente a la persona o por medio de Cáritas, de Manos Unidas, de CEBs (Comunidades Eclesiales de Base)… o de otro grupo u organización que vive para servicio de gente desfavorecida.
Hay necesidades bien diferentes que precisan de un esfuerzo físico, de escucha, psicológico… o de todo.
Esta es la clave para seguir a Jesús, para hacer viva su Palabra: servir desde el amor, para ser verdadero servidor o servidora.
Gracias, Señor, por enseñarnos cuál es tu verdadera enseñanza, tu verdadero servicio. Gracias por enseñárnoslo con palabras y hechos.