El texto de Mt 20, 1-16 nos habla de jornaleros., y me llama la atención que sólo los primeros son los que se fueron a trabajar sabiendo lo que iban a cobrar… y los que reclamaron cobrar más de lo acordado, siendo conscientes del trabajo duro de la viña a pleno sol. Los demás -no sólo los últimos, sino también los del medio día y media tarde- trabajaron con la confianza de cobrar lo debido o, sin saber ni si iba a ser así pues, a los últimos sólo les dijo que fueran; no les comentó nada del salario.
En este caso, es verdad que Dios es protagonista por su generosidad y su justicia, que no es como la nuestra. Lo que admiro también es la confianza de los trabajadores. ¿Lo debido para el dueño iba a ser lo debido que creían ellos? Lo cierto es que no preguntaron y se confiaron.
Me vienen a la mente «trabajos» que en realidad son compromisos en la parroquia o en otros proyectos que, en realidad no voy por conseguir un salario, sino que lo hago voluntariamente. A pesar de eso, puedo colaborar con una segunda intención un poco inconsciente o escondida, que me haga actuar en momentos exigiendo reconocimiento, mérito, poder… por llevar más tiempo ayudando o por algún otro motivo.
Pero lo que verdaderamente me debe impulsar al trabajo en su viña, es que me dará lo que necesite y Él es el que mejor sabe lo que necesito. Además siento que no es trabajar para conseguir un «salario», para conseguir algo, sino trabajar en lo que Él quiere y ve necesario, es trabajar con Él, confiando en Él. A veces el trabajo será duro, a pleno sol todo el día y otras será leve, la última hora del día. Mas es estar atenta y disponible cada día para responder su llamada.
Mi oración hoy es la canción Invítanos de Ain Karem:
SEÑOR, SAL AL CAMINO
E INVÍTANOS, DE NUEVO,
A TRABAJAR EN TU VIÑA.
NO IMPORTA A QUÉ HORA,
NO IMPORTA A QUÉ PRECIO,
NUESTRA PAGA ERES TÚ Y TU REINO.