(Mc 10, 28)
Señor,
lo he dejado todo y te he seguido.
He dejado mi familia
y he conseguido otra más grande,
más universal,
más diversa pero unida ante una misma llamada.
Ahora tengo una familia
en la que estamos reunidas y reunidos en tu nombre,
y en medio nuestro estás Tú.

Lo he dejado todo y te he seguido,
porque a pesar de las dificultades,
de los momentos «bajos»,
del miedo por diferentes motivos…
a pesar de todo, hay algo que me tira,
me impulsa, me lleva a seguirte.
Esas preguntas que me llaman,
esa Palabra que me empuja,
esa certeza de que Tú me acompañas
y nos acompañas a toda esta gran familia en el camino.
Lo he dejado todo, Señor, y te he seguido,
porque tu amor es mi aliento,
porque Tú eres mi sentido.
Gracias por llamarme a ir contigo.
