Señor,
los fallos, las tendencias de nuestros padres… las nuestras
en momentos nos las queremos recordar,
se nos hacen pesadas y nos dificultan ver tu compasión,
pues estamos agotados.
En realidad, somos nosotros mismos
los que no nos aceptamos, ni perdonamos,
los que no queremos mirarnos al espejo
y vernos con claridad, con nitidez nuestro rostro, nuestro ser.
Socórrenos, Dios salvador nuestro,
líbranos de esta ceguera -en momentos pesada-
y con tu gracia, ayúdanos a ser sinceros
con nosotros mismos y con los demás;
ayúdanos a abrirnos por dentro
y así sentir tu misericordia.

Por eso, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación,
con alegría… desde dentro,
al recordar cada día
el amor, el perdón, la resurrección…
