Reflexiones, Textos para orar

Permaneced en mi amor

Jesús no dice cualquier cosa, ya que, «permanecer en su amor» (Jn 15, 9), es vivir un amor sin fronteras de todo tipo, fronteras físicas y sociales, fronteras que pueden llegar a humillar y hasta matar. Es vivir un amor que dignifica a las personas con quien lo comparte, con quien lo vive; les da aliento, alegría, esperanza… Es vivir un amor sin límite, un amor que arriesga su vida, que da la vida, que entrega su vida.

Y permanecer quiere decir comprometerse, vivirlo en momentos buenos y malos, fáciles y difíciles, esperados e inesperados, alegres y tristes, con fuerza y con cansancio… ser constante pase lo que pase.

«Permaneced en mi amor», son cuatro palabras que unidas tienen mucha fuerza.

Mi deseo y el deseo de mucha gente es vivir estas palabras. Muchas personas nos sentimos llamadas, estimuladas, impulsadas a vivirlas, a pesar de nuestras caídas y momentos de conflicto, de apuro, de dificultad.

Señor, gracias por contagiarnos tu amor; por motivarnos y ayudarnos a permanecer en él. Gracias por darnos la oportunidad de que nuestra alegría llegue a plenitud.

Reflexiones, Textos para orar

La paz diferente

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde.» (Jn 14, 27)

Jesús nos deja esa paz, que como él mismo dice, no es la del mundo, -no es la ausencia de la guerra- sino que se refiere a lo contrario de turbarse el corazón y de acobardarse.

La paz que nos deja es la serenidad, la calma; es la fuerza, el impulso, el ánimo -en este caso- por seguirle en medio de su «ausencia», de su nueva situación tras su crucifixión. La paz que a veces sentimos en momentos de angustia, de dolor, de tristeza… como les ocurrió a sus discípulos; que da alegría a pesar de la ausencia física. La paz que en momentos contradice la lógica… La paz que es un modo de hacerse presente Jesús, especialmente cuando más le necesitamos. La paz que no tiene palabras, pues se quedan cortas para expresar lo que de verdad se siente…

Gracias, Señor, por dejarnos tu paz; por dejarnos ese sentimiento que es inexplicable y, en momentos, contradictorio. Gracias por dejarnos tu paz que nos anima e impulsa a seguir amándote.

Textos para orar

Acción de gracias

Al leer las palabras que dijo Jesús (Mt 11, 25-30), lo único que me viene es una acción de gracias:

Gracias, Padre, por habernos revelado tu Palabra por medio del Hijo.
Palabra que es alimento y aliento desde el comienzo del día,
que despierta el corazón con tu llamada,
que orienta en el camino de la vida,
que da esperanza en momentos de dolor…

Gracias por animarnos a ir a Ti en medio del cansancio, del desaliento, del agobio…
sabiendo que nos alivias el peso que cargamos,
nos aligeras el dolor,
nos sigues dando aliento.

Gracias por esos momentos de descanso compartido contigo.
Son momentos que nos reconfortan y nos animan a seguirte,
a llevar tu carga ligera con alegría y esperanza.

Reflexiones, Textos para orar

Escucharle y creerle

En medio de un diálogo, Jesús dice: «Os lo he dicho, y no creéis».

El problema de estos hombres no es que no le hubiesen escuchado, pues Jesús ya se lo había dicho. El fallo creo que es con qué actitud le escuchaban.

Una cosa es escuchar habiendo juzgado mal a la persona, con desconfianza, con una respuesta o comentario preparado, antes de haber terminado de hablar la persona, en este caso, Jesús.

El otro modo es siguiendo esa expresión popular de: «soy todo oídos». Es dejarme empapar por sus palabras, que lleguen a dentro, que me cuestionen, que me transformen. Y yo le sigo, sigo su Palabra para seguir escuchándole y seguir transformando mi vida, seguir comprometiéndome cada día, seguir sintiendo su presencia.

Creo que la verdadera pregunta no es: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Sino, ¿Hasta cuándo queremos estar en suspenso?

Señor, nos lo has dicho y te hemos creído. Soy feliz, muchos somos felices, de poder formar parte de tus ovejas.

Reflexiones, Textos para orar

Discípulos y discípulas de Dios

Como dijo Jesús al gentío: «Está escrito en los profetas: Serán todos discípulos de Dios» (Jn 6, 45) Todos somos llamados; no hay excepción. Todas las personas tenemos que responder a una llamada, a Su llamada. Y para ello tenemos que escucharle, como también dice: «Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí».

Nuestra respuesta va a depender de que le escuchemos y de cómo le escuchemos, con qué actitud, con qué sentimiento: con miedo o con confianza, con disponibilidad o con reserva…

Él quiere que seamos sus discípulos, pero no nos obliga, nos da la libertad de hacerlo o no. Por eso, muchas veces recuerdo la expresión libremente y por amor que tenemos en nuestro libro las Hijas de la Cruz. Y el punto es el siguiente: En respuesta a esta llamada, libremente y por amor, elegimos vivir el Evangelio.

Todo discípulo tiene que vivir y proclamar el Evangelio, la Buena Nueva del Amor de Dios y hay muchos modos de realizarlo. Todos somos capaces de hacerlo: casados, solteros, religiosos, sacerdotes… Todos los que escuchamos al Padre, nos sentimos contagiados de su amor y llamados a contagiarlo a los demás, a vivirlo con los demás.

Señor, cada mañana aquí vengo a escucharte. Reconozco que no tengo todos los días la misma atención, pero siempre queriendo seguir aprendiendo de ti y así, poder seguir creciendo como discípula tuya.

Gracias por confiar en todos para ser tus discípulos y discípulas.

Textos para orar

Danos siempre de este pan

Señor, danos siempre de este pan.

Danos siempre de este pan compartido con la gente que tiene alguna necesidad material.

De este pan de «sobremesa» que crea escucha, diálogo, encuentro.

De este pan con diferentes formas e ingredientes donde se ve la variedad de culturas, de países, de razas… pero que nos une al compartirlo en su diversidad.

De este pan que está presente en todo lo que hacemos y vivimos; de este pan que nos invita a vivir nuestro trabajo, nuestros diferentes compromisos desde el servicio y la humildad.

Señor, danos siempre de este pan… que nos alimenta por dentro, que nos da sentido a cada día; danos de ese PAN que eres Tú.

Reflexiones, Textos para orar

Soy yo

«Soy yo, no temáis».

Eso es lo importante -para mí- de este texto.

La noche cerrada… soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. El panorama no era muy bueno… y Jesús se aparece, Jesús se hace presente y nos dice estas palabras para calmarnos.

Y -saliéndome un poco de Jn 6, 16-21 – me llama la atención la insistencia de Jesús en decirnos: no temáis, pues varias veces está escrita en el Evangelio.

En parte, me hace sentirme comprendida. Si insiste tanto es porque sabe qué es sentir temor y que nos puede llegar a paralizar. En cambio, la confianza puesta en Él, nos serena poco a poco, a pesar de ser «de noche».

Gracias, Señor, por aparecer en momentos oportunos, en momentos de oscuridad y agitación, en los momentos que necesitamos tu calma, tu paz, tu presencia de diferentes modos.

Reflexiones, Textos para orar

Creer o no creer

Al leer y releer el Evangelio, mis ojos se paraban en esta frase: «El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él» (Jn 3, 36). Y es que, me parece como muy fuerte. Porque, si creo en un Dios que es Amor, en un Padre Misericordioso… ¿cómo puedo decir que Dios tiene ira?

Toda ira de cualquier persona, crea temor a las que están en su entorno. Aquí habla de «la ira de Dios» pero en realidad, si no cree en Dios ni en su Hijo, no le puede «pesar» la ira de Él, ni le puede crear temor. ¿Cómo va a temer a alguien en quien no cree que exista?

Al poco de leerlo recordé a un señor que no creía en Dios. Tenía más de setenta años y prefería estar achacado o bien deteriorado, que morirse. Al no tener fe, temía a la muerte porque -según él- se le terminaría todo. Su mujer, en cambio, iba casi todos los días a la parroquia, para participar en la Eucaristía.

Lo que de verdad pesa a gente que no cree en el Hijo, es ese temor a su muerte y a que cree que después se termina todo. No niego el dolor que supone esa separación cuando fallece algún ser querido, ni esa incertidumbre y miedo a lo desconocido, cuando toca dar ese paso. Miedo, como tantas otras veces en la vida, cuando tenemos que aventurarnos a algo nuevo, es un miedo temporal, es un miedo muy diferente a ese temor a la muerte.

Gracias, Señor, por la fe y por por cómo nos ayuda a afrontar y superar diferentes momentos de la vida, entre ellos, la muerte, como paso a la vida eterna.