«Dios es como los piojos, está en todas partes, pero prefiere a los pobres.»
(Santo Cura Brochero)

«Dios es como los piojos, está en todas partes, pero prefiere a los pobres.»
(Santo Cura Brochero)


En el Evangelio de hoy: «María se levantó y se puso en camino de prisa…» (Lc 1, 39). ¡Y es que hay experiencias que las tienes que compartir, que no te la puedes quedar tu sola y te mueven a salir a decirlas!
¿No te ha pasado en algún momento? ¿Por qué motivo?
También pone: «en cuanto Isabel oyó el saludo de María…» (Lc 1, 41).
Es cierto que yo prefiero: en cuanto Isabel «escuchó», pues es como más profunda, más consciente, se dio cuenta de lo que decía y cómo lo decía. Ese encuentro fue lo que la hizo creer.
Lo mismo que, el que yo siga creyendo, no fue por lo que me enseñaron en el colegio o/y en la familia, sino por los encuentros vividos con Jesús. Para estar equilibrada y convencida la razón y el sentimiento tienen que ir por el mismo camino, no pueden ir separados. No puedo centrarme solo en una parte y olvidarme de la otra.
Gracias, Señor, por hacerme bienaventurada, dichosa, agraciada por los encuentros contigo que han reafirmado mi fe y me han impulsado, como a María, compartir la experiencia que me orienta cada día.
«¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. (Mc 9, 33-34)
Nada más leer esto, no me centro en el hecho de discuti, sino en que discutían por un tema «malo», que no estaba dentro de la lógica de los seguidores de Jesús. Ya que, si ellos mismos creyesen que era adecuada la reflexión de ellos, no se lo hubiesen callado.

Lo cierto que hoy en algunos lugares -que llamamos cristianos- se sigue respirando ese clima de poder y no, de servicio.
¿Por qué después de tantos siglos tropezamos en la misma piedra? Puede ser parte de nuestra humanidad, pero estas mismas personas que conversaban -bien bajito- sobre quién era el primero, quién tenía más poder, terminaron transformando el poder en servicio hasta dar su vida.
¿Cómo podemos cambiar ese poder en servicio? ¿Cómo podemos crear un clima de Pueblo de Dios?…
Señor, en medio de este clima erróneo que en algunas comunidades se sigue viviendo, ayúdanos a transformarlo como tú quieres, como tú mismo lo viviste y sigues viviendo en cada persona que lo lleva a cabo: entregando su vida hasta el extremo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
(1Cor 1, 8-9)
La lectura de hoy no necesita explicación, simplemente sentirme -o no- identificada con este compromiso de bautizada, de cristiana «firme, hasta el final» con la ayuda de su gracia, sabiendo que es una respuesta a su llamada, libremente y por amor.
Gracias, Señor, por confiar en cada uno de nosotros y por ayudarnos a responderte cada día de nuestra vida.

Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas.
(2 Tes 2, 16-17)

¿A quién voy a acudir?
Tú tienes las palabras
que dan sentido a mi vida,
y me orientan por dónde ir
en el camino comenzado.
Además también me dan
fuerza en medio del cansancio,
aliento en momentos de angustia,
calma en días de dolor…
El saber de tu presencia,
el haberte sentido…
me hace vivir con esperanza
cada dificultad y caída,
reconociendo -a veces con el tiempo-
que Tú me acompañabas
en esa situación.
Señor, ¿a quién voy a acudir?
Sé que Tú eres el Santo de Dios,
y eso me basta.

Tomo en serio el compromiso de mi Bautismo
a pesar de la ausencia de fe que se respira,
o simplemente de plantearse la existencia de Dios;…
de la violencia, desconfianza, miedo…
de todo lo contrario al amor
que en momentos parece que va ganando.
Tomo en serio el compromiso de mi Bautismo
siendo discípula de Jesús
libremente y por amor
-amando y dejándome amar-,
sin hacer grandiosidades
sino con sencillez y humildad;
haciendo extraordinario lo ordinario de cada día.
Tomo en serio el compromiso de mi Bautismo
no centrándome en el hacer
sino en el ser,
y así vivir mi propia misión
en la salud y la enfermedad.
Sí, tomo en serio el compromiso de mi Bautismo
sin apoyarme en mis fuerzas,
sino en el amor recibo de Dios
y en la fuerza e impulso de su Espíritu.

Señor, sé que eres Amor
y eso te lleva a la misericordia.
¡Te lo agradezco!

Sé que me amas. ¡Lo siento!
Me amas como soy,
con mis dones y defectos,
con mis capacidades y fragilidades.
En momentos, yo soy la que no me acepto,
y tú, en la oración, con tu Palabra,
me alivias y aligeras el peso.
Sentir tu misericordia y perdón,
ser consciente de ello,
me ayuda a perdonarme yo misma.
Que no me olvide yo de tu Santo Espíritu,
que recibí al ser bautizada,
y siempre me acompaña.
Ser consciente de su presencia
me ayuda a vivir con otra actitud
los momentos de dificultad,
y reaccionar más veces -no siempre-
del modo más adecuado.
Lo que siempre está
es tu misericordia, tu perdón.
Y haberlo sentido
me enseña y me lleva,
a tener misericordia conmigo misma
y con la gente que me rodea.
¿Qué más decirte?…
¡Gracias… gracias, Señor!
En momentos de la vida, hay situaciones duras, que son -o se nos hacen- eternas, sin encontrar una solución. No tienen que ser sólo por una enfermedad. Puede ser motivos muy diversos que, si nos damos cuenta, nos «desequilibra».
Dependiendo la causa o/y el momento, me puedo ir directamente donde Jesús, como lo hizo la hemorroísa, para estar con él, rompiendo las barreras que la sociedad o yo misma he creado. Quiero «tocarle» a pesar de estar «impura», quiero estar cerca de él, sin necesidad de dialogar… aunque puede venir inesperadamente.

Otras veces me siento paralizada, bloqueada, como la niña de doce años. Y más que sólo un «contacto», necesito un diálogo, escuchar palabras que me muevan y levanten. Por suerte, hay mediadores que pueden hacer esa función. Hay personas que me ayudan a desbloquearme, teniendo después ese diálogo que me impulsa a levantarme de la cama y moverme, a alimentarme para seguir mi camino.
En esas dos situaciones hay una cosa en común: la fe. Ella hace vivir la dureza de ciertos días, con un poco de esperanza.
Gracias, Señor, por estar siempre presente en mi vida, especialmente en las dificultades. Gracias por el don de la fe, que me ayuda a vivir la realidad con esperanza.
Jesús,
sé que quieres y puedes limpiarme…
de mis momentos vencidos por la pereza,
de egoísmo, de desazón…
De los días pesimistas
en los que me pesa la tristeza;
de los días de angustia,
de miedo, de soledad…

Sé que quieres y puedes limpiarme.
Sólo me tengo que acercar a Ti
y sin decirte yo nada,
me extiendes tu mano, me tocas
y me dices: «Quiero, quedas limpia».
Tu compasión recibida me impulsa a moverme,
a caminar de nuevo
pregonando tu Palabra como quiero y puedo:
«contagiando» tu amor a los demás.
"Mira que estoy a la puerta y llamo..." (Ap 3,20)
Jóvenes Católicos y orgullosos de ello
Evangelizar a través de los medios digitales