Reflexiones

Un fuerte vendaval

En el camino de la vida, hasta la persona más santa ha tenido algún-o algunos- momento de dudas, de dificultades… ha vivido «un fuerte vendaval» (Mc 4, 37).

Otra cosa es cómo lo ha afrontado: viendo a Jesús indiferente ante la situación o sabiendo -a veces hasta sintiendo- que Jesús le acompaña. En algunas situaciones el miedo es normal y, como personas que crecemos, hay momentos que no pasan de largo, que nos cuestiona la vida y hasta la propia fe. Pero sabiendo y reconociendo la presencia de Jesús, aunque parezca dormido, nos va a ayudar a afrontar y pasar ese vendaval hasta que llegue la calma.

Señor, sé que te importa las diferentes situaciones nada agradables que en momentos nos toca vivir. Gracias por estar siempre en medio de nosotros, intentando silenciarnos por dentro, para conseguir nuestra calma.

Reflexiones, Textos para orar

La semilla… mi semilla

La parábola de la semilla dice que germina y va creciendo (Mc 4, 26)… sin hacer nada. Su fruto dependerá de cómo esté ella, además de la tierra, la lluvia, el sol… Con el tiempo dará su fruto.

En parte, me veo como una de esas semillas que el Señor plantó en la tierra.

Al mirar mi vida, reconozco que me marcó mucho especialmente esos primeros años. Al principio, estaba bien protegida al estar todavía «dentro de la tierra». Mas, cuando tuve que empezar a afrontar la realidad, especialmente en situaciones duras, crecí en medio de esos «fuertes vientos», pudiéndome sujetar en mi debilidad al estar bien «enraizada».

Si miro los últimos años, me doy cuenta que la mayoría de los días han sido “normales”, no han tenido nada de extraordinario, pero ahí he ido creciendo como persona que me han llevado a tomar decisiones, a dar prioridad a ciertos compromisos, a elegir opciones… que después, vividas en la cotidianidad, dan su fruto. Éste será pequeño o grande. Da igual. Porque sigue teniendo el mismo valor.

En la puerta de un colegio parece que no se puede hacer nada, especialmente cuando entran los estudiantes casi cronometrados. Pero la acogida con los pequeños saludos, con el paso del tiempo ha pasado a una pequeña conversación que ha creado confianza. Y la confianza es fruto del amor.

Gracias, Señor, primero por plantarme a mí misma y confiar que puedo dar frutos. Y gracias también, por alcanzarme los medios para crecer en medio de las adversidades de la vida pues, gracias a eso, mis frutos puedes ser pequeños pero sabrosos, valiosos.

Textos para orar

Felices

Felices los humildes, porque son «grandes de corazón».

Felices los que tienen serenidad con la gente, capacidad de escucha, como la tiene el Señor.

Felices los que tienen sentimientos por ellos mismos y por los demás, porque una vida sin sentimientos es una vida fría, sin sentido.

Felices los que luchan por la justicia, con los medios que tienen a su alcance, a pesar de que sean pocos.

Felices los misericordiosos, los que perdonan, porque saben reconocer con más facilidad, la misericordia que tiene el Señor con todos.

Felices los que todo lo que hacen, lo hacen de corazón, con sinceridad, con empatía.

Felices los que hacen todo lo posible por crear un mundo de paz, que no es solo la ausencia de la guerra

Felices los que tienen que padecer dificultades y, a veces, hasta peligro, por ser fieles al amor de Dios, porque el Espíritu, que siempre está con ellos, les dará la fuerza, la esperanza y la alegría suficiente para superar los sufrimientos.

Reflexiones, Textos para orar

Eucaristía… Su presencia

“Tomad, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre derramada por muchos…» (Mc 14, 22.24)

¿Cómo vivo la Eucaristía? ¿Cómo algo rutinario o como una celebración importante? ¿Me preparo antes de celebrarla, como los discípulos prepararon el lugar de la última cena?

Son preguntas que me vienen y que creo que me tengo que cuestionar cada vez que voy a participar.

Y cuando voy a la capilla, parroquia u otro lugar, para mí es un reconocer a Jesús como Cristo; reconocerlo en comunidad; reconocer su presencia en medio de nosotros.

También es un renovar el compromiso de cristiana, de “seguidora” de Cristo, de dar vida a la Palabra que hemos leído en la Eucaristía.

Gracias, Señor, por seguir estando presente en medio de nosotros.

Reflexiones

Dios Trinidad – Dios Comunidad

Este domingo, el evangelio de Mateo nos invita a una misión: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (Mt 28, 19-20).

El bautismo, no se termina con recibirlo, no es un rito que se queda en una celebración y ahí mismo se termina, sino que nos enseña a vivir desde el Amor.

Mas hoy, lo que más celebramos es en el nombre del que hemos sido bautizados: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, en el nombre de la Santa Trinidad o, como más me gusta decir, en el nombre del Dios Comunidad. Los tres con la misma importancia, que se complementan entre ellos, cada uno hace su misión que, en realidad es sólo una: compartir el amor verdadero, el amor sin límites. Y cada uno, desde su «situación diferente» -si es que lo podemos expresar así-, lo transmite.

Ese es un gran ejemplo para los cristianos que, como tales, formamos parte de una comunidad, que nos une el amor de Dios y en la que tenemos todos la misma misión pero una situación y capacidades diferentes, que van a hacer que la llevemos a cabo de un modo u otro, y complementándonos entre nosotros al ser comunidad.

Gracias, Santa Trinidad, por amarnos y enseñarnos a vivir en comunidad vuestro verdadero amor.

Reflexiones, Textos para orar

El Servidor


“El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9, 35)… Y es que Jesús, eso mismo que dijo, lo hizo.

Su “poder”, su “autoridad” fue el servicio. Un servicio de modo especial -pero no único- a los “intocables“, a los “impuros”, a los “humillados”. Un servicio que muchas veces no se ve; aparentemente no se valora desde afuera.

Jesús, con sus diferentes modos de servir, se bajó para dar dignidad a las personas, como reflejo de su amor. Y eso, desde donde mejor se puede hacer es desde “abajo”, para poder ver esa realidad, ser más consciente de ella y así servir en medio de las posibilidades.

Gracias, Señor, por tu autoridad que es servicio. Ayúdame a que no se me olvide a seguirte desde el servicio, como tú mismo lo hiciste.

Textos para orar

Tú sabes que te quiero

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me amas como soy.
El amor que recibí y sigo recibiendo de Ti,
penetró y sigue penetrando en mi vida.
¡No lo puedo -ni lo quiero- evitar!
Y así… ¿cómo no quererte?
¡En este amor recíproco
que no tiene ni explicaciones!
¡En ese amor recíproco que me ganas!

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me conoces por fuera y por dentro
más que yo misma…
Me transmites confianza.
Tengo un impulso que me mueve…
me acerca hacia Ti…
Me guías, me orientas dándome libertad
si seguir o no tu enseñanza.

Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero.
Eres quien da sentido a mi vida.
El encuentro contigo es el comienzo del día.
Mi compromiso en cada jornada es hacer viva tu Palabra.
Y por la noche te doy las gracias porque, sin Ti no soy nada,
pues Tú eres mi aliento, mi fuerza, mi esperanza.

Te sigo, Señor,
quiero responder a tu llamada,
con tropezones y caídas,
pero siempre con tu presencia
que me ayuda a retomar tu camino.