«¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!» (Lc 19, 42)

Ante la falta de comprensión o/y aceptación del mensaje de paz, Jesús llora. Sabe las consecuencias de esos ambientes donde no se viven las responsabilidades como servicio, sino como poder; donde la humillación y marginación de ciertas personas puede estar hasta justificado…
Esos días desastrosos que dijo que vendrían son consecuencia de la ausencia del amor que él predicaba. El amor lleva a la compasión, a la paz, y su ausencia, a todo lo contrario.
A pesar de saber las consecuencias violentas y desastrosas como consecuencia de la política que se vivía, y de sentir tristeza por esa realidad, él no «tiró la toalla» y siguió compartiendo su mensaje. Muchas otras personas, tanto en momentos tranquilos como violentos, siguieron transmitiéndolo.
Ahora, que parece que estamos retrocediendo humanamente hablando, a pesar de nuestras lágrimas ante la impotencia de no poder parar la violencia, las guerras que parece que nunca terminan, la trata de personas… podemos seguir compartiendo su mensaje. Y, a la vez, recordar en esos momentos que estamos invadidos por la desesperación ante la realidad, que Jesús nos comprende.
Señor, danos la gracia necesaria para seguir compartiendo tu mensaje de paz.

