Reflexiones, Textos para orar

El fruto del sembrador

Cuando leo la parábola del sembrador, casi automáticamente me veo reflejada en el ejemplo de la tierra buena: yo, persona comprometida en la parroquia, que el centro de mi vida es Cristo, y hasta soy una mujer consagrada, pues soy religiosa Hija de la Cruz.

Sé que eso hace que yo ahora sea mediadora, que ayude a sembrar la Palabra en la gente que me rodea, en los diferentes compromisos que tengo, en las personas que se cruzan en mi camino, aunque sea algo momentáneo.

Pero en la tierra no se siembra una vez, sino que se sigue sembrando. La palabra sigue siendo mi alimento, sigue penetrando en mí… reconociendo que en momentos soy el borde del camino; en otros, terreno pedregoso; y a veces, tengo espinas.

Por ese motivo, varias veces me pregunto cómo estoy yo, cómo está mi terreno. ¿Hoy, ahora dejo que la Palabra siga penetrando, o soy uno de esos terrenos que no ayudan a que dé se fruto?

Reflexiones, Textos para orar

Dejarse sanar

Muchas veces, al leer el evangelio de Lc 17, 11-19, me he quedado en el agradecimiento del samaritano a Jesús, por haberle curado. Pero hoy el punto de referencia para mí ha sido diferente.

Ese «se pararon a lo lejos», me ha hecho pensar en esa ley de distancia, de no poder tocar a esa gente impura. Es cierto que ante la ignorancia de aquella época -pues hasta una soriasis, se consideraba lepra- y el miedo al contagio, la ausencia del contacto físico evitaba el contagio. A la vez me viene ese peso social, esa exclusión por el pecado, que era la respuesta al «por qué» que tantas veces se preguntaban -y nos preguntamos- en diferentes situaciones, como es en este caso la enfermedad.

Volviendo a leer la frase -con parte de mi rebeldía- me pregunto: ¿por qué quisieron seguir guardando esa distancia? En momentos, ¿la gente no va en contra de la Ley? ¿La hemorroísa no toca la ropa de Jesús? O siguiendo este mismo texto de Evangelio ¿por qué no le dieron las gracias a Jesús los otros nueve leprosos, tras haberse curado? ¿Fueron conscientes de su «sanación»?

Si lo traigo a diferentes situaciones actuales, añadiría una pregunta más: ¿prefiero seguir siendo víctima, para seguir teniendo cierto protagonismo o/y evitarme ciertas responsabilidades? ¿Prefiero seguir buscando enfermedades en mi cuerpo y evitar compromisos hacia los demás? ¿Me ciego y desespero en lo que no puedo -o no podemos- y no miro las capacidades, dones, posibilidades?

Algunas personas cuando conversas con ellas siempre te hablan de enfermedades o dificultades de todo tipo, y cuando les pones una salida, les informas de diferentes apoyos, etc. también tienen dificultades para esas ayudas o, simplemente pasan de largo, no van. Se han «acomodado» en ese rol y les cuesta salir.

Quien acepta la curación y la reconoce, vuelve donde Jesús, se siente impulsado a acercarse a Él y agradecerle su Palabra.

¿Te dejas sanar por Jesús en diferentes situaciones?

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