Señor, sé que eres Amor
y eso te lleva a la misericordia.
¡Te lo agradezco!

Sé que me amas. ¡Lo siento!
Me amas como soy,
con mis dones y defectos,
con mis capacidades y fragilidades.
En momentos, yo soy la que no me acepto,
y tú, en la oración, con tu Palabra,
me alivias y aligeras el peso.
Sentir tu misericordia y perdón,
ser consciente de ello,
me ayuda a perdonarme yo misma.
Que no me olvide yo de tu Santo Espíritu,
que recibí al ser bautizada,
y siempre me acompaña.
Ser consciente de su presencia
me ayuda a vivir con otra actitud
los momentos de dificultad,
y reaccionar más veces -no siempre-
del modo más adecuado.
Lo que siempre está
es tu misericordia, tu perdón.
Y haberlo sentido
me enseña y me lleva,
a tener misericordia conmigo misma
y con la gente que me rodea.
¿Qué más decirte?…
¡Gracias… gracias, Señor!


