Hace unos días, leí un pequeño artículo de <a href="http://<iframe src="https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fespiritualidadignaciana%2Fposts%2F698091805017036&show_text=true&width=500" width="500" height="637" style="border:none;overflow:hidden" scrolling="no" frameborder="0" allowfullscreen="true" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; picture-in-picture; web-share">Espiritualidad Ignaciana, que terminaba con unas preguntas: ¿Cómo ilumina esta acción de la Trinidad y la actitud de María a nuestra fe? ¿Dónde encontramos hoy al Hijo encarnado? ¿Qué colaboración me pide la Trinidad para construir un mundo más humano?
Hoy, ya muy próxima a la fecha de Navidad que celebraremos dentro de unas horas, he vuelto a cuestionármelas.
En realidad la primera respuesta que me ha venido -casi automática- ha sido: en el Merendero Mons. Oscar Romero y el Hogar Sagrado Corazón de Jesús cuando se refiere a dónde encontramos hoy al Hijo encarnado.
Jesús nació en la pobreza y las primeras personas que fueron a verle, fueron las rechazadas. En estos dos lugares llevados por el Hno. Marcelo y apoyado por mucha gente, están hombres que fueron rechazados y bien pobres y, niños y adolescentes con diversidad de pobrezas, no sólo la material.
Sí. Ahí le veo naciendo, dándonos toda su confianza, para que le cuidemos y alimentemos también con cariño; para que le miremos, le hablemos, le escuchemos…; para estar con calma y poder reunirnos con otras personas; para sentir y compartir el amor verdadero, el amor compasivo.
María, desde la humildad y la fe, desde su pequeñez, tiene la certeza que el Señor le ayudará a realizar lo que le ha confiado. Ella no está sola, sino que está con José y seguro que en sus diferentes momentos de la vida, en sus diferentes necesidades, tuvo gente anónima que la ayudó, como la familia humilde que desconocemos, pero que le dejaron lo poco que tenían, la cuadra y en ella el pesebre.
El Dios Trinidad, que nunca nos deja solos, que Él mismo es un Dios Comunidad, confió en María y ahora confía en el Hno. Marcelo y en tanta otra gente -entre la cual me siento parte- para construir un mundo más humano, donde la Buena Nueva del Amor se haga visible; para hacerlo palpable, como lo hizo Jesús.
Que con mi pequeño servicio y con mi ser, además del de tanta otra gente, pueda ver y ayudar a ver de nuevo, nacer -y renacer- el Amor de Dios en nuestros pesebres, en nuestra pequeñez… en el niño Jesús que reconocemos y llevamos dentro.