Textos para orar

¡Cuántas veces me dices…!

¡Cuántas veces me dices:
«Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa»!

Cada vez que me paralizo
al no aceptarme como soy,
al no aceptar mi «imperfección»,
mi fragilidad,
mi condición humana…
Cada vez que las dificultades me superan,
y me cuesta reconocerlo
o no me dejo ayudar…
En momentos que
ni yo misma sé ponerlos nombre…
ahí vas Tú de modos muy diferentes
me haces llegar a mí
tu amor, tu confianza,
tu misericordia…

Eso me anima a levantarme
llevando mi camilla,
mi historia, mi modo de ser,
reconociendo mi debilidad,
mi capacidad,
los gestos de amor compartido.

Y me dices que me vaya a mi casa.
¿A dónde tengo que ir?
¿Cuál es mi casa?
Donde estén los pequeños y los pobres,
los pobres de hoy,
con las diferentes pobrezas…

¡Cuántas veces me lo recuerdas, Señor!
Con tu ayuda quiero llevar a casa tu Palabra.

Textos para orar

Te seguiré

Señor,
me dices cada día: «sígueme»;
y quiero responderte, quiero seguirte.
Pero en momentos, reconozco que me paro.
Cansancio, pereza, miedo…
Tú mejor que nadie sabes los motivos,
y también avisaste que no iba a ser fácil.
A pesar de todo, me sigues pidiendo que te siga.

Que te siga: no con poder,
sino con servicio;
no con grandiosidades,
sino con la vida cotidiana,
con la relación con la gente,
con el trabajo de cada día,
con la acogida,
con la escucha,
con las ayudas pequeñas pero necesarias.

Como humana que soy,
en momentos busco excusas
para desentenderme de ciertos compromisos.
Pero con tu paciencia infinita
me insistes y me esperas.

Después de seguirte un tiempo,
después de caminar con la comunidad,
-reconociendo los días que estado parada-
sigo teniendo una respuesta:
«te seguiré adondequiera que vayas»,
te seguiré con tu presencia, con tu gracia.

Reflexiones, Textos para orar

El verdadero Corazón de Jesús

El verdadero corazón a veces no va con nuestra lógica -no siempre correcta- y eso me ocurre a veces con el evangelio de Lucas.

La primera reacción que he tenido al leer: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?» ha sido como sentirme contrariada. ¿Por buscar a la descarriada pone en riesgo noventa y nueve? ¿Están en el desierto?

En este mundo en el que los números son tan importantes y, en algunas situaciones, somos tratados más como número, que como persona, la reacción del pastor de esta parábola no tiene sentido. En cambio, para Jesús es la correcta.

Además, ese adjetivo de «descarriada», esa etiqueta despectiva que se ponen a algunas personas, hace que todavía tenga menos valor para quien la nombra de ese modo, a pesar de seguir siendo una vida. Pero Él ve que le necesita. No es que desprecie a las noventa y nueve, sino que sabe que ellas están bien.

Después, me ha venido el recuerdo de lo que dijo una vez un religioso que de pequeño fue pastor. Resulta que un día se quedó dormido en la montaña con las ovejas. Cuando se despertó, no estaban las ovejas y fue a casa preocupado pensando que las había perdido todas pero, resultó, que ellas a su hora, sin avisarles nadie, volvieron a su casa y allí las encontró.

Volviendo al Evangelio, veo que la otra oveja necesita que la ayuden. Y Jesús, cuando la encuentra, se la carga a los hombros, se alegra y comparte su alegría. No abandonó a las otras, sino que sabía que iban a volver a su lugar, en su hora, sin problemas.

El ser parte de la Iglesia, de la parroquia, de la congregación -como también es mi caso-, no quiere decir que no me vaya a descarriar en algún momento. Reconozco que en algunos momentos de mi historia he sido la oveja descarriada, pero me cargó con cariño haciendo todo lo posible para volver donde estaban las demás, para formar ese rebaño, escucharle y seguirle. Y tengo la seguridad que Él lo seguirá haciendo cada vez que fuese necesario.

Gracias, Señor, por ser un Pastor que nos llamas a cada persona por nuestro nombre, que no somos un número para ti y te preocupas sin excluir a nadie. Gracias por el corazón tan grande que tienes.

Reflexiones, Textos para orar

La Eucaristía dentro y fuera

El Evangelio, a pesar de celebrar el día del Corpus Christi, no habla del rito de la Eucaristía, no es la Última Cena, sino que es una multiplicación de panes (Lc 9,11b-17). ¡El día del Cuerpo de Cristo sin el texto evangélico de la Institución de la Eucaristía! Y hasta rompe un poco ese «esquema» de que la primera lectura y el evangelio tienen una relación, un tema en común y la segunda lectura puede ser totalmente diferente. Hoy las dos lecturas tienen una cierta relación pero ¿el Evangelio?

Si nos centramos en este Evangelio, comienza diciendo que se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban… y yo añado o modifico diciendo que a los que sentían que lo necesitaban y por ese motivo se desplazaron, fueron a donde estaba Jesús.

Después los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente»… Ellos veían a tanta gente, con poca comida, sin lugar donde alojarles… Y me meto en «ese pellejo» y creo que reaccionaría igual. Con lo poco que tenían ¿cómo iban a alimentar a tanta gente?

Lo peor viene cuando Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Me parece que yo ni hubiera tenido agallas de decir que «No tenemos más que cinco panes y dos peces», sino que me hubiese quedado callada, bloqueada, en blanco, sin saber cómo reaccionar. ¡No había ni comida ni tiempo para conseguirla!

De todos modos Jesús nos da la solución: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»... Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.

Primero se hicieron grupos de unos cincuenta, o sea, grupos más pequeños, más familiares. Y después de la bendición, se partió y se compartió.

Es como por ejemplo, cuando nos vamos a la Basílica de Luján de modo improvisado y nos encontramos con otras personas con esa misma actitud de oración, de peregrinación. Ves que una persona que se ha quedado sin agua por el camino y se la compartes. Y ella te comparte una empanada. Y hay encuentro, hay diálogo, y algo que os ha unido que es la fe y os ha motivado a ir hasta allí.

En este caso, Jesús les unió y les motivó a compartir lo poco que tenían, pero que al final se saciaron y hasta les pudo seguir sobrando algo.

Pero volviendo a la Eucaristía, volviendo a lo que celebramos hoy con más fuerza que otros días. ¿Qué tiene que ver esta lectura con la de la institución de la Eucaristía? ¿Qué conclusión puedo sacar?

Personalmente siento que vivir la Eucaristía, comulgar el Cuerpo de Cristo, me tiene que llevar a responder esa frase corta pero comprometida de Jesús: «Dadles vosotros de comer.» La verdadera Eucaristía no sólo se vive cuando la celebramos en la capilla o parroquia, sino también cuando salimos y vivimos a lo que nos compromete comulgar; cuando partimos y compartimos lo que tenemos -aunque sea poco- y lo que somos.

Nos compromete a compartir -y así a multiplicar- nuestros panes y peces, nuestra comida y nuestra escucha, nuestra ropa y nuestro afecto… y así hacer viva la Eucaristía fuera de las cuatro paredes. Cada persona sabremos cómo.

Que el Señor nos ayude a vivirla conscientemente y a hacerla vida, allá donde estemos.

Reflexiones

Donde el “Te necesito” no avergüenza…

Me gusta la música en general, y unos estilos de música. Crecí en medio de la música clásica, música popular y la que me tocó en mi época: pop, rock-and-roll, rumba… Y antes de saber la frase de «el que canta ora dos veces», ya la vivía.

Teniendo en cuenta la música en la oración o en la misma vida cotidiana vivida -en mi caso y en el de tantas otras personas, vivida desde la fe- en ciertos momentos, especialmente en los que por diferentes motivos me cuesta poner palabras a lo que siento, a lo que vivo, recurro a canciones. Otras veces me identifico con algunas que escucho por casualidad, sin haberlo previsto, pero que justo la necesitaba.

Estos días me da vueltas -conscientemente- la canción «Declaración de domicilio», compuesta por Eduardo Meana, pero cantada por Cristobal Fones.

La verdad que la letra tiene diferentes experiencias de la vida y la estrofa que deambula por mi cabeza es:

Vivo en el lado pobre de la vida
donde la sencillez airea tu casa,
donde el “Te necesito” no avergüenza,
donde nace del alma el “Muchas gracias”…

En medio de mi sencillez, de que querer ser sincera conmigo misma y con los demás, hay momentos que necesito abrirme, sacar lo que tengo dentro de mí sin vergüenza… sacar sentimientos e intimidades especialmente cuando duelen por diferentes motivos. También necesito alguien que me escuche y sea mi espejo. La verdad que le «muchas gracias» queda corto para expresar el agradecimiento por la gran ayuda que hace.

Sí. En este momento reconozco y me identifico en esta necesidad y agradecimiento inseparables, en este lado pobre, que también forma parte de la vida.

Y tú, ¿en qué estrofa te ves más reflejada?

Reflexiones, Textos para orar

Miedo y envío

Miedo y envío. Esas son las dos palabras -casi contradictorias- que me han venido al leer el Evangelio en este día de Pentecostés (Jn 20, 19-23).

«Estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos». El miedo que muchas veces paraliza, como les ocurrió a ellos, y les hizo encerrarse, no salir. No me puedo imaginar todos los pensamientos que tendrían pero, lo que sí creo es que por lo menos la mayoría no serían nada agradables. Y a veces, ese miedo llega a encerrar de tal manera, de no querer ver ni escuchar, para intentar evadirse de esa situación que cuesta afrontar.

En este momento nada agradable Jesús, se puso en medio de ellos y, sin tener tiempo para reaccionar les dijo: «Paz a vosotros». Esa paz que da aliento, esperanza, alegría. Esa paz que en situaciones duras da coraje. Esa paz que nos recuerda que no estamos solos, que Él está presente en nosotros, en nuestro día a día con el Espíritu.

Y el Espíritu nos mueve, nos empuja, nos impulsa a responder ese envío allá dónde estemos o seamos llamados a estar, a amar, a compartir la vida, a ser nosotros mismos con su fuerza.

Esto no quiere decir que no tengamos miedo, sino que el Espíritu nos mueve -si nosotros nos dejamos- a pesar del miedo, nos ayuda a afrontarlo.

Gracias, Señor, por confiar en nosotros, y enviarnos a contagiar tu amor -a pesar de nuestra fragilidad- estando siempre con la compañía y ayuda de tu Espíritu.

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Jesuitas Acústico… en ruta

Por si alguien tiene una oportunidad, comparto las fechas y lugares donde habrá conciertos de los <a href="http://<iframe src="https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fjesuitasacustico%2Fposts%2F1302445846951572&show_text=true&width=500&quot; width="500" height="618" style="border:none;overflow:hidden" scrolling="no" frameborder="0" allowfullscreen="true" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; picture-in-picture; web-share">Jesuitas Acústico en España.

La música también es un medio y modo de orar y evangelizar.

Textos para orar

Guárdanos en tu nombre

Padre, guárdanos en tu nombre
a todos los que queremos ser fieles a tu Palabra.

Guárdanos en esta sociedad de la que formamos parte pero,
que en momentos se respira más la desconfianza, la violencia, el odio, el rencor…

Danos aliento, «sóplanos»,
especialmente cuando nos encontramos cansados, desalentados,
sin fuerzas para seguir tu llamada.

Que tu Palabra nos aliente y se haga vida en nosotros,
aunque sea una parte muy pequeña pues,
a poco que aportamos todos los que la seguimos,
esa parte crece y se hace mayor.

Padre, gracias por confiar en cada persona;
por enviarnos a compartir y hacer vida tu Palabra.

Reflexiones, Textos para orar

Amando hasta el extremo

Al leer la frase de: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn 13, 34) me han venido a la mente otros textos del Evangelio que reflejan su amor sin límite, reflejan lo que es el verdadero amor.

Después he recordado el título de una canción: Amando hasta el extremo de Maite López.

Me vienen personas que dieron ese amor hasta el extremo ayudando y defendiendo a la gente, arriesgando su propia vida: unas más conocidas como San Oscar Romero, otras menos como Beata María Laura Mainetti.

No siempre ese amor tiene que terminar con una muerte violenta. ¡Cuántas anónimas hay que dedican su vida a la gente carente de comida, de ropa, de escucha, de cariño… de amor reflejado en gestos concretos!

Contemplo este mandamiento que se ha hecho vida en gente concreta que conozco -aunque eso no suele ser noticia en los telediarios ni noticieros- y se seguirá haciendo en otras personas desconocidas para mí.

También me pregunto si ese amor le vivo desde dentro, desde la espontaneidad, desde mis entrañas.

Señor, deseo que tu Palabra se haga vida en mí cada día, que tu amor le refleje en mi jornada cotidiana. Que con tu gracia ame como dice Maite en su canción: «entregando mis entrañas, mis entrañas de mujer».

Textos para orar

Tú sabes que te quiero

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me amas como soy.
El amor que recibí y sigo recibiendo de Ti,
penetró y sigue penetrando en mi vida.
¡No lo puedo -ni lo quiero- evitar!
Y así… ¿cómo no quererte?
¡En este amor recíproco
que no tiene ni explicaciones!
¡En ese amor recíproco que me ganas!

Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Me conoces por fuera y por dentro
más que yo misma…
Me transmites confianza.
Tengo un impulso que me mueve…
me acerca hacia Ti…
Me guías, me orientas dándome libertad
si seguir o no tu enseñanza.

Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero.
Eres quien da sentido a mi vida.
El encuentro contigo es el comienzo del día.
Mi compromiso en cada jornada es hacer viva tu Palabra.
Y por la noche te doy las gracias porque, sin Ti no soy nada,
pues Tú eres mi aliento, mi fuerza, mi esperanza.

Te sigo, Señor,
quiero responder a tu llamada,
con tropezones y caídas,
pero siempre con tu presencia
que me ayuda a retomar tu camino.