Testimonios, Textos para orar

Ā”HEME AQUƍ!

Un dĆ­a la Beata MarĆ­a Laura Mainetti escribe:
«Servir a Cristo es reinar. ”Heme aquí! Yo Teresina Mainetti llamada Sor Maria Laura. Amén. Aleluya.
Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y voluntad…
La alegría de mi servicio a cada instante conforme a tu Divina Voluntad.
Dame tu amor y tu gracia y eso me basta (Ignacio de Loyola)Ā».

Lugar donde fue martirizada
Reflexiones

TU MENSAJE DE PAZ

«”Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!» (Lc 19, 42)

Ante la falta de comprensión o/y aceptación del mensaje de paz, JesĆŗs llora. Sabe las consecuencias de esos ambientes donde no se viven las responsabilidades como servicio, sino como poder; donde la humillación y marginación de ciertas personas puede estar hasta justificado…

Esos días desastrosos que dijo que vendrían son consecuencia de la ausencia del amor que él predicaba. El amor lleva a la compasión, a la paz, y su ausencia, a todo lo contrario.

A pesar de saber las consecuencias violentas y desastrosas como consecuencia de la política que se vivía, y de sentir tristeza por esa realidad, él no «tiró la toalla» y siguió compartiendo su mensaje. Muchas otras personas, tanto en momentos tranquilos como violentos, siguieron transmitiéndolo.

Ahora, que parece que estamos retrocediendo humanamente hablando, a pesar de nuestras lĆ”grimas ante la impotencia de no poder parar la violencia, las guerras que parece que nunca terminan, la trata de personas… podemos seguir compartiendo su mensaje. Y, a la vez, recordar en esos momentos que estamos invadidos por la desesperación ante la realidad, que JesĆŗs nos comprende.

SeƱor, danos la gracia necesaria para seguir compartiendo tu mensaje de paz.

Textos para orar

LA CONSTANCIA

Gracias a la constancia de mi fe,
me agarro a la esperanza de un mundo mejor,
mƔs humano,
en medio de la violencia que se vive,
no sólo en los países que sufren la calamidad de la guerra.

Gracias a la constancia de la fe,
saco coraje para levantarme y dar un sentido a cada dĆ­a,
tambiƩn en los momentos de tristeza,
de incertidumbre, de angustia…

Gracias a la constancia de la fe,
sigo queriendo vivir el amor,
especialmente con gente que tiene diferentes necesidades,
a pesar de la mentira de algunas personas.

Gracias a la constancia de la fe,
sigo creyendo en Ti,
a pesar de tantas crĆ­ticas en algunos ambientes.

Gracias a Ti, mi vida tiene sentido,
TĆŗ eres mi sentido y hace que sea constante pues,
sƩ que en cada momento de la vida,
fuerte o frƔgil,
Tú estÔs conmigo.
Eso me salva;
eso me libera.

Reflexiones

LA VERDADERA FIDELIDADĀ 

Muchas veces, cuando el evangelio de la liturgia del dƭa tiene -o me parece- mucho contenido y siento que me dispersa, me centro en la frase que mƔs me toca, a la que casi automƔticamente voy para volverla a leer.

En el caso de hoy ha sido: Ā«El que es fiel en lo poco, tambiĆ©n es fiel en lo mucho; y el que es injusto en lo poco, tambiĆ©n es injusto en lo mucho.Ā»  (Lc 16, 10)

”Y qué razón tiene! Mi vida cotidiana es el reflejo de lo que vivo interiormente. Si vivo el evangelio, el amor De Dios me lleva al amor al prójimo, a la compasión, que me impulsa a vivirlo con la gente que me rodea, sin esperar a participar sólo en Campañas extraordinarias, como pueden ser las de CÔritas o las que se hacen ante una ayuda urgente por alguna catÔstrofe. AdemÔs, normalmente esos gestos pasan desapercibidos ante los demÔs, no se exhiben, son sinceros. ”Esa es la verdadera fidelidad!

Señor, ayúdame a seguir creciendo en serte fiel cada día, en la vida cotidiana y desapercibida que intenta reflejar tu Evangelio.

Reflexiones

ENCUENTRO DEFINITIVO

Hoy es dĆ­a en el que litĆŗrgicamente recordamos a nuestros familiares y amigos fallecidos, aunque en lugares vamos a los cementerios el dĆ­a de Todos los Santos.

Los discĆ­pulos tuvieron que vivir su duelo, como nosotros lo vivimos cuando fallece algĆŗn ser querido y en este caso, encima crucificado, con una muerte violenta.

En medio de esta situación Jesús dice: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí» (Jn 14, 1).

Nuestra fe en Ɖl nos da esa esperanza en medio del dolor por la separación Ā«fĆ­sicaĀ» con esa persona que ha sido tan importante en nuestra vida y con la que ya no podremos vernos cara a cara. JesĆŗs nos anima a seguir creyendo; a vivir con la esperanza de ese reencuentro en el lugar que nos estĆ” preparando, para que donde Ɖl estĆ”, tambiĆ©n estemos nosotros.

Nos recuerda que ya sabemos su camino, el camino de un amor sin lĆ­mites, vivido con nuestros pasos dados y caĆ­das, con nuestras capacidades y fallos… sintiendo la bondad y misericordia de Dios.

Hoy quiero agradecer el amor recibido por aquellas personas que han fallecido y han formado parte de nuestra historia; nos han enseƱado lo que es sentirse amada y amar; han hecho visible y palpable el Evangelio del Amor consciente o/y inconscientemente.

TambiƩn, SeƱor, te doy gracias por tu bondad, porque no se acaba tu misericordia, sino que se renueva cada maƱana y nos preparas, poco a poco, para el encuentro definitivo contigo.

Reflexiones, Textos para orar

GARANTƍA O AMOR

Puedo caer en la tentación de que, la gente que hemos nacido en una familia cristiana o se ha bautizado, tenemos ya todo hecho, tenemos «el cielo ganado». Y encima pensando solo en el momento después del paso de la muerte.

No quiero meterme en la «garantía» de ese futuro, sino en cómo vivo el presente. La motivación de la liturgia y los compromisos, ¿es sólo pensando en esa parte después de la muerte? ¿O es que quiero vivir la fe en Dios Amor que me alimenta cada día y me invita a diferentes compromisos para contagiar ese amor recibido?

Si la motivación es esa «garantía», mi fe no sería verdadera y estaría alimentada del miedo y de la incertidumbre. En cambio, si es ese Amor de Dios recibido, que le comparto, no sentiría esa preocupación por si me voy a salvar, ademÔs de reconocer que al banquete de su Reino iremos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, porque su amor no tiene fronteras.

Gracias, Señor, por enseñarme a entrar por la puerta estrecha viviendo desde dentro la fe que tú me has dado, sin miedo, con amor.

Reflexiones

ORACIƓN SINCERA

Te doy gracias, SeƱor, porque no soy como los demĆ”s… y quĆ© bien no querer serlo, ya que cada persona tenemos nuestra particularidad. En lo demĆ”s no coincido con el fariseo. Ni mis oraciones a Dios son comparativas, y mucho menos siendo – o creyĆ©ndome – la perfecta.

Por esa misma razón, casi automĆ”ticamente, me identifico con el publicano. Pero… Āæde verdad soy tan humilde para expresar ese reconocimiento de mi pecado con sus palabras y sus golpes en el pecho sin atreverse a mirar al cielo, o sea, con todo mi ser?

Saber que como persona tengo tendencias no correctas, a veces me puede llevar a vivirlo con una naturalidad que me olvide a reconocerlas de verdad. No digo que tenga que vivirlo con un dolor continuo, con un peso. JesĆŗs nos quiere enseƱar la misericordia de Dios. Pero puedo caer en sólo saberlo de cabeza, como pura teorĆ­a y llegar al extremo de no reconocerlo despuĆ©s al revisar el dĆ­a: quĆ© he hecho, con quĆ© actitud, con quĆ© intención…

Dependiendo de la situación, tengo que ser consciente de si lo vivido ha sido aproximÔndome al publicano o al fariseo.

Señor, ayúdame a orar y vivir con sinceridad.