Hoy es dĆa en el que litĆŗrgicamente recordamos a nuestros familiares y amigos fallecidos, aunque en lugares vamos a los cementerios el dĆa de Todos los Santos.
Los discĆpulos tuvieron que vivir su duelo, como nosotros lo vivimos cuando fallece algĆŗn ser querido y en este caso, encima crucificado, con una muerte violenta.
En medio de esta situación JesĆŗs dice: Ā«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed tambiĆ©n en mĆĀ» (Jn 14, 1).
Nuestra fe en Ćl nos da esa esperanza en medio del dolor por la separación Ā«fĆsicaĀ» con esa persona que ha sido tan importante en nuestra vida y con la que ya no podremos vernos cara a cara. JesĆŗs nos anima a seguir creyendo; a vivir con la esperanza de ese reencuentro en el lugar que nos estĆ” preparando, para que donde Ćl estĆ”, tambiĆ©n estemos nosotros.
Nos recuerda que ya sabemos su camino, el camino de un amor sin lĆmites, vivido con nuestros pasos dados y caĆdas, con nuestras capacidades y fallos… sintiendo la bondad y misericordia de Dios.
Hoy quiero agradecer el amor recibido por aquellas personas que han fallecido y han formado parte de nuestra historia; nos han enseƱado lo que es sentirse amada y amar; han hecho visible y palpable el Evangelio del Amor consciente o/y inconscientemente.
TambiƩn, SeƱor, te doy gracias por tu bondad, porque no se acaba tu misericordia, sino que se renueva cada maƱana y nos preparas, poco a poco, para el encuentro definitivo contigo.