Textos para orar

LA CONSTANCIA

Gracias a la constancia de mi fe,
me agarro a la esperanza de un mundo mejor,
más humano,
en medio de la violencia que se vive,
no sólo en los países que sufren la calamidad de la guerra.

Gracias a la constancia de la fe,
saco coraje para levantarme y dar un sentido a cada día,
también en los momentos de tristeza,
de incertidumbre, de angustia…

Gracias a la constancia de la fe,
sigo queriendo vivir el amor,
especialmente con gente que tiene diferentes necesidades,
a pesar de la mentira de algunas personas.

Gracias a la constancia de la fe,
sigo creyendo en Ti,
a pesar de tantas críticas en algunos ambientes.

Gracias a Ti, mi vida tiene sentido,
Tú eres mi sentido y hace que sea constante pues,
sé que en cada momento de la vida,
fuerte o frágil,
Tú estás conmigo.
Eso me salva;
eso me libera.

Reflexiones

Motivo de mi acción

El evangelio de Mateo, nos habla de una mujer cananea que rompe las fronteras físicas del país y hasta de la propia fe, por sanar a su hija. ¡Eso es una verdadera madre!

Pero más que detenerme en eso, y en el cambio que hizo Jesús abriéndose a gente extranjera, centro mi punto de atención en los discípulos y qué les motiva para insistir a Jesús que atienda a esa persona: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos» (Mt 15, 23).

Sin quitar valor a las demás partes del texto, me centro en esta porque: ¿es una verdadera motivación para ayudar a la mujer?

Y llevándolo a mi vida personal: ¿estoy comprometida en algún compromiso a favor de personas con alguna carencia? ¿Ayudo alguna vez, puntualmente? ¿Cuál es el verdadero motivo? ¿Quiero ayudar a esa persona o, «me la quiero quitar de encima» como parece que les pasa a los discípulos? ¿Por lo general ayudo «de corazón» pero, hay momentos o personas concretas que lo hago para que me se vayan cuanto antes?

Señor, que con tu gracia ayude de corazón, con afecto y respeto a quien tiene alguna necesidad y pueda ayudarle de algún modo; ayúdame a crecer en el amor.

Textos para orar

¡Hombres de poca fe!

Jesús, nos dices: «¡Hombres de poca fe!»
Y es cierto.
Somos hombres y mujeres de poca fe.

Pero tenemos la suficiente
para ser conscientes de tu presencia en nuestra vida,
a pesar de sentir a veces
la sensación de que estás dormido…
¡Pero estás!

Sentimos tu presencia, tu compañía,
aunque en algunos momentos
no oigamos ninguna de tus palabras…
¡Pero estás!

Y sabemos que en nuestros momentos
de dudas, de dificultades,
de problemas fuertes en la comunidad,
en la parroquia, en la Iglesia,
en la barca de la que formamos parte…
Tú también estás, para serenar el mar
y poder llegar al final, con calma, a nuestro destino.

Reflexiones, Textos para orar

La gracia de la fe

Ante la petición de los apóstoles – dicha en imperativo – «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5), me llama la atención la respuesta de Jesús.

Él va de la «obediencia del milagro», de algo extraordinario que afecta a algo externo y ocurre por la fe, a la actitud de cómo vivir la vida gracias a la fe. Ayuda a ver «pequeños milagros», donde para otras personas sólo son casualidades. Da momentos de paz en medio del dolor; esperanza, en el sufrimiento; la gracia de hacer de lo cotidiano algo extraordinario; aliento y sentido a la vida.

La verdadera fe lleva al servicio desde el verdadero amor, el de darnos sin esperar nada a cambio. Que hace vivir como «siervos inútiles», como siervos que hacemos lo que sentimos que debemos hacer, pero un deber que nos sale desde dentro, desde nuestra fe, desde nuestra llamada como gente cristiana, de orar con la Palabra y de ver la realidad por la cual Dios también habla y compromete.

No es algo que se impone ni se compra, sino que es una gracia, que no sé si somos del todo conscientes de eso.

Gracias Señor, por la fe que das, la fe que orienta y da sentido a cada día. A veces te pediría como los apóstoles, que me aumentases la fe, pero sé que en los peores momentos de mi vida has estado tú presente de diferentes maneras. ¡Lo reconozco! Entonces, ¿qué más pedirte? Que me ayudes a alimentar y mantener la fe.

Reflexiones, Textos para orar

Creo en Ti

Reconozco que en momentos es difícil hablar de la fe, especialmente cuando estás con gente que no cree y te pide que les demuestres lo indemostrable. Para los creyentes en momentos vemos la presencia de Jesús en nuestra vida pero, no lo vemos físicamente, no le podemos tocar ni hablar con Él cara a cara -desde el punto de vista literal, no metafórico- que es lo que piden otras personas.

Algo así le pedían los judíos a Jesús: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»(Jn 8, 57).

En situaciones similares, personalmente no discuto. Simplemente digo que creo y que me da sentido a mi vida, aunque eso, en muchos casos no lo tengo ni que decir, por lo menos, con gente que me conoce y sabe que soy Hermana y -de un modo más concreto- formo parte de la Familia Hijas de la Cruz.

Me viene a la mente una canción de Salomé Arricibita que, simplemente, comparte que cree.

Reflexiones, Textos para orar

¿Quién eres tú?

«¿Quién eres tú?» (Jn 8, 25).

Lo cierto es que, muchas veces ante esta pregunta respondemos con nuestra profesión, con nuestro trabajo, con lo que hacemos y, posiblemente, añadimos nuestras cualidades, gustos, etc.

La otra opción es decir el nombre o/y hija o hijo de… y ¿cómo explicar que es -soy si responde el mismo Jesús- Hijo del Padre o sea de Dios, en un ambiente en el que esto es nuevo? Y trayéndolo a la actualidad: ¿cómo explicas o explico a gente adulta que nunca a escuchado hablar de Jesús, que Él es Hijo de Dios?

Yo ni sé cómo decirlo ante gente adulta que ya ha escuchado hablar de Él, pero que no llega a creerlo y es que, la fe en momentos siento que no es explicable -por lo menos, no todo-. Hay ciertas cosas que para mí son inexplicables; hay que vivirlas. ¿Cómo expresar lo que se siente cuando una persona está enamorada, cuando se siente atraída por algo o alguien, cuando ama a alguien? ¿No se tiene en momentos la sensación de no poderlo expresar, de quedarse muy limitada a la hora de poner palabras a los sentimientos, a las sensaciones, a la experiencia? Por lo menos a mí me ocurre eso.

De todos modos, en medio de esas limitaciones, algunos se animan a participar, la Palabra va penetrando y el encuentro personal con Él hace que la fe crezca, hace que terminen creyendo. Como el mismo Evangelio dice: muchos creyeron en él (Jn 20, 30).

Gracias, Señor, por tus Palabras, por los encuentros contigo y por haberme dado el don de la fe -a pesar de lo difícil que es expresarlo- pues gracias a ella, mi vida tiene sentido.