Reflexiones, Textos para orar

Servir

SERVIR… Con esa palabra me quedo, pues: «El primero entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23, 11).

Pero no servir de cualquier manera, desde cualquier motivación, pues puedo caer como los «escribas», los «fariseos» y como otras tantas personas que no viven ese servicio con verdadera sinceridad, queriendo ayudar, dignificar a la persona. Esa entrega -aunque aquí no la debería llamar así- la puedo hacer por orgullo propio, por querer ser la primera; la puedo hacer sin tener una verdadera motivación de servicio desde la humildad, desde el amor.

Además creo que siempre tenemos momentos para servir y de modos bien diferentes: a veces, puntuales y otras, habituales (semanales, mensuales…); atendiendo directamente a la persona o por medio de Cáritas, de Manos Unidas, de CEBs (Comunidades Eclesiales de Base)… o de otro grupo u organización que vive para servicio de gente desfavorecida.

Hay necesidades bien diferentes que precisan de un esfuerzo físico, de escucha, psicológico… o de todo.

Esta es la clave para seguir a Jesús, para hacer viva su Palabra: servir desde el amor, para ser verdadero servidor o servidora.

Gracias, Señor, por enseñarnos cuál es tu verdadera enseñanza, tu verdadero servicio. Gracias por enseñárnoslo con palabras y hechos.

Textos para orar

Dejarlo y seguirte

(Mc 10, 28)

Señor,
lo he dejado todo y te he seguido.
He dejado mi familia
y he conseguido otra más grande,
más universal,
más diversa pero unida ante una misma llamada.
Ahora tengo una familia
en la que estamos reunidas y reunidos en tu nombre,
y en medio nuestro estás Tú.

Lo he dejado todo y te he seguido,
porque a pesar de las dificultades,
de los momentos «bajos»,
del miedo por diferentes motivos…
a pesar de todo, hay algo que me tira,
me impulsa, me lleva a seguirte.
Esas preguntas que me llaman,
esa Palabra que me empuja,
esa certeza de que Tú me acompañas
y nos acompañas a toda esta gran familia en el camino.

Lo he dejado todo, Señor, y te he seguido,
porque tu amor es mi aliento,
porque Tú eres mi sentido.
Gracias por llamarme a ir contigo.

Textos para orar

El Espíritu del Señor está en mí

(Lc 4, 18-19)

El Espíritu del Señor está sobre mí
-o mejor dicho está en mí-.
Me ha enviado a compartir la Buena Noticia
allá donde esté y, de modo especial,
a los «pequeños y los pobres» de hoy,
a la gente enferma,
la necesitada no sólo materialmente,
sino también de escucha, de cariño… de amor,
a la gente que vive la soledad, el abandono,
la humillación por diferentes causas.

El Espíritu no está sólo en mí,
sino en todo ser humano.
Por ese motivo, me dejo evangelizar
por la gente a la que soy enviada.
Me evangelizan con su confianza,
con las preguntas que me hacen directa o indirectamente
al conocer su realidad,
con sus conversaciones y reflexiones…
Esa relación me hace vivir desde la profundidad
-que es lo contrario que la superficialidad-
y me cuestiona cuando me desvío de este camino.

Textos para orar

Me levanto

«Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.» (Mc 2, 11)

Me dices que me levante…
cada vez que me dejo llevar por el miedo, la pereza, el cansancio…
aveces hasta llegando a justificarme para seguir tumbada,
para no superar esos momentos que me paralizan.
Pero al final, tu Palabra me cuestiona, me inquieta,
me mueve por dentro
y me impulsa a levantarme cogiendo la camilla.

Mi camilla que,
siendo el lugar donde me he «paralizado»,
puede ser también mi lugar de descanso que,
estando el tiempo necesario – ni más ni menos –
es saludable.
Mi camilla donde he vivido pesadillas y sueños,
tensión y descanso sano.
Mi camilla donde sé que voy a volver a estar de modos diferentes
pero, sin olvidar que me voy a seguir levantando,
-a veces con la necesidad de Tu ayuda-
y voy a seguir cogiéndola para ir a mi casa.

¿Y cuál es mi casa?
Mi casa es donde estás Tú,
donde los pequeños y los pobres:
donde hay gente enferma, deficiente,
marginada, humillada;
que sufre soledad;
que necesita ser escuchada, acogida, amada.

Así que, tras tus palabra ¿qué hacer?
Sólo me viene una respuesta:
levantarme,
coger bien la camilla -aunque no sé si inmediatamente-
y salir para ir a mi casa, a vista de todos.

Textos para orar

Quieres y puedes… quiero y puedo

Jesús,
sé que quieres y puedes limpiarme…
de mis momentos vencidos por la pereza,
de egoísmo, de desazón…
De los días pesimistas
en los que me pesa la tristeza;
De los días de angustia,
de miedo, de soledad…

Sé que quieres y puedes limpiarme.
Sólo me tengo que acercar a Ti
y sin decirte yo nada,
me extiendes tu mano, me tocas
y me dices: «Quiero, quedas limpia».

Tu compasión recibida me impulsa a moverme,
a caminar de nuevo
pregonando tu Palabra como quiero y puedo:
«contagiando» tu amor a los demás.

Textos para orar

Te busco y Te veo

(Jn 1, 35-42)

Todos los días inconscientemente busco algo,
y cuando estoy atenta,
reconozco que te buscó a Ti.

Sé que vives en toda la creación,
en todos los lugares, en toda la gente…
Otra cosa es que te sepa reconocer.

Ayúdame a verte con más claridad,
a ser más consciente de los encuentros,
-por sencillos que sean-
para contagiar con espontaneidad,
la experiencia del diálogo
-que puede ser en silencio-
vivido contigo.

Reflexiones

¿Dónde nacería Jesús este año?

Estos últimos días del año, los he tenido con la agenda más ocupada. También ha ocurrido que una visita que quería hacer, se me fue desplazando la fecha, por diferentes compromisos que le venían a la persona que iba a visitar, teniendo en cuenta el momento que tenían libre las que me iban a llevar a ese lugar.

Al final, esa visita deseada la pude realizar el 24 de diciembre por la tarde, justo cuando Jesús va a nacer en un pesebre.

Me vino a la mente un texto del Papa Francisco de 2019: «Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado». ¡Compartió tanto a los últimos, que fue recostado en el recipiente donde come el ganado!

Lo cierto es que ese día tan señalado, fui a conocer el lugar y hablar con un Hermano que acoge a los últimos. Acoge a personas pobres sin hogar, sin familia, sin amistad; a personas con dependencia química, con enfermedades, con historias que sólo ellos conocerán en su totalidad. En su hogar, dependiendo y confiando de la gente caritativa, les acoge, les alimenta, les cuida… les da dignidad… les comparte el amor de Dios.

Esta tarde de Noche Buena, sentí que Jesús nacería en medio de esa gente rechazada y pobre, pero acogida y cuidada por este Hermano, que prepara y dignifica el pesebre, para que Jesús nazca ahí, en medio de las diferentes situaciones e historias vividas por esos hombres, y les alegre con su sonrisa contagiosa, como consiguen todos los niños a pesar de no conocerles.

Gracias, Jesús, por darme la oportunidad de verte nacer en un pesebre en «Belén», en una pobreza próxima- no distante – donde puedo seguir viéndote crecer y reconociéndote los demás días del año.

Reflexiones, Textos para orar

El Señor nos quiere

Aunque los montes cambiasen
y vacilaran las colinas,
no cambiaría mi amor,
ni vacilaría mi alianza de paz
—dice el Señor que te quiere—.(Is 54, 10)

El Señor me quiere, -nos quiere-, tal y como soy, -tal y como somos-.

Me va y nos va a seguir queriendo, a pesar de los cambios personales que vamos haciendo en la vida, unos a mejor y otros a peor.

No pone condiciones para ser amadas y amados por Él. No cambia su amor, ni a corto ni a largo plazo. Siempre es igual, siempre es incondicional, siempre es un amor sin límites, un amor hasta dar la vida.

Él nos enseña lo que es un verdadero amor. Otra cosa es que seamos conscientes de eso, que estemos atentos para verlo, para sentirlo.

¿Qué más queremos?…

Gracias, Señor, por no cambiar tu amor, por decir de diferentes modos que nos quieres y hacerlo cada día, aunque no siempre seamos conscientes de eso.

Señor… yo también te quiero.

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